Navegantes varados en Sada defienden a las orcas pese a sufrir daños de 9.000 euros

D. Vázquez SADA / LA VOZ

SADA

De izquierda a derecha, Rosa Rulquin, Agathe Payre, en el barco, y  Jacques Hessenauer y Julien Paget, en tierra.
De izquierda a derecha, Rosa Rulquin, Agathe Payre, en el barco, y Jacques Hessenauer y Julien Paget, en tierra. Dolores Vázquez

Cuatro tripulantes galos fueron perseguidos una hora frente a cabo Prior

05 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo que prometía ser una travesía sin incidentes entre A Coruña y la Bretaña francesa a través del golfo de Vizcaya terminó truncándose a apenas cinco horas de A Coruña. Una cuadrilla de amigos franceses —apasionados de la montaña y el mar— se encuentra actualmente varada en el puerto de Sada, a la espera de que reparen el timón de su velero tras sufrir una prolongada interacción con orcas frente a cabo Prior.

El grupo, a bordo del Abalakov —un sólido velero de aluminio de 11,5 metros cuyo nombre rinde homenaje al soviético Vitaly Abalakov, inventor de un anclaje de hielo para alpinistas—, partió el 1 de junio desde Marsella. Tras completar la vuelta a la Península, su plan era alcanzar Bretaña para dejar allí el barco para ir al norte la próxima temporada. La tripulación, compuesta por siete amigos que compraron el barco el año pasado, navega por turnos, según su disponibilidad. En esta etapa el grupo estaba formado por Jacques Hessenauer y Julien Paget, acompañados por Agathe Payre y Christophe Amblard, que regresó tras el incidente y fue relevado en la espera por Rosa Rulquin.

A 50 centímetros del barco

Las orcas se situaron a pocos centímetros de los costados del velero.
Las orcas se situaron a pocos centímetros de los costados del velero.

Los tripulantes eran conscientes de la presencia de orcas en la cornisa atlántica. «Veíamos en internet dónde y qué es lo que hay que hacer si las encontrábamos», explica Jacques. Con la intención de minimizar riesgos, planificaron la travesía de día en la zona con más riesgo. El encuentro se produjo un viernes 24 a las cuatro de la tarde. «Casi se podía tocar, su aleta pasaba como a 50 centímetros del barco», recuerda Julien. Aunque inicialmente avistaron tres ejemplares —con una hembra de unos 7 metros a la cabeza—, estiman que en el área había entre cuatro y cinco orcas.

«Casi se podía tocar, su aleta pasaba como a 50 centímetros del barco»

Su fascinación por la naturaleza se impuso al miedo. «Al principio estábamos felices, porque es como una leyenda, y nuestro velero es sólido, es de aluminio y aunque rompiese el timón no entra agua. Al principio era increíble, estábamos felices de verlas», relata Jacques. Sin embargo, la situación cambió cuando los cetáceos centraron su atención en la pala del timón. «Pasamos una hora entre el estrés y la estupefacción», reconoce.

La experiencia dentro de la nave fue tensa. Agathe sintetiza la impotencia del momento: «Fue muy largo, una hora es mucho tiempo y no sabes qué hacer». Según describe Jacques, «una juega con el timón y las otras vienen al lado del velero como si quisieran ver si hay alguien dentro». Ante esto, optaron por refugiarse en el interior: «Nos metimos dentro del velero. Hay quien dice que si hay mucho aspaviento interactúan más», explica Julien.

Aunque optaron por intentar huir, el impacto de la orca hizo que girase el barco y no lograron zafarse. Pese a los severos daños en la dirección, tras dar la alerta lograron regresar por sus propios medios y amarraron en Sada. La factura de la reparación del timón y de la sonda de velocidad asciende a unos 9.000 euros, coste que asume casi íntegramente el seguro tras haber contratado la cobertura específica de interacción con orcas antes de partir. No obstante, los plazos de taller se están alargando más de lo previsto. «Al principio nos dijeron que era una semana», señala Julien, pero este martes les indicaron que necesitan 10 días más. Lejos de desanimarse, este grupo de alpinistas optó por alquilar un vehículo y explorar los Picos de Europa esta semana. Si los trabajos de reparación sufren nuevos retrasos, no descartan dar por concluida la temporada y dejar el Abalakov invernando en Sada.

Una de las orcas, en la popa del barco.
Una de las orcas, en la popa del barco. Jaques Hessenauer

Pese al contratiempo, descartan cualquier resentimiento hacia los animales y abogan por la investigación científica para encontrar soluciones de coexistencia. «Solo hay 35 orcas ibéricas, en tres grupos. Están muy protegidas y es muy importante para el ecosistema», explican Julien. Fotografías de las aletas permitieron identificar a algunos de los ejemplares a través del responsable de Orcas.pt. «Nos dijo que era Toni y en nuestro grupo puede que también estuviera Wild Gladis o Pingu. Yo creo que para ellas no es un ataque, es un juego», comenta Jacques, recordando entre risas el papel del conocido ejemplar: «Al principio había un grupo, pero la Gladys enseñó a los otros. ¡Muy graciosa, la Gladys!».

Como señala Julien tras conversar con representantes del Club Náutico de Sada, el impacto psicológico y económico se deja notar en las marinas locales: «Esto es un problema para los navegantes. Nos dijeron que navegan un 40 % menos de veleros y encontramos personas que traen en camión el barco para no encontrárselas».