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No era el chico perfecto. El batacazo llegó esta semana en Cannes con su debut como director al frente de «Lost River», uno de los grandes pinchazos de esta edición del festival
22 may 2014 . Actualizado a las 19:32 h.Ryan Gosling irrumpió en las pantallas del Festival de Cannes con su debut como director, Lost River, una cinta que incluye suficientes imágenes de edificios en llamas como para satisfacer a los más ardientes pirómanos. Puede que esto explique la encendida reacción de algunos críticos.
El galán de Hollywood, que empezó a romper corazones hace diez años tras el estreno de El diario de Noa, ha sido un visitante habitual de Cannes como actor, la última vez presentando las dos películas de Nicolas Winding Refn Solo Dios perdona y la aclamada Drive.
La influencia de Winding Refn -que este año es miembro del jurado en la competición principal del festival- en el debut de Gosling es palpable, dicen los críticos. La película cuenta la historia de un joven llamado Bones (Iain De Caestecker), que junto con su madre (Christina Hendricks) y su hermano pequeño, son prácticamente la única familia que aún no ha sido expulsada de su comunidad, visiblemente afectada por los duros tiempos que viven. Mientras está programado que derriben su casa debido a una deuda hipotecaria, Bones extrae cobre de casas abandonadas para venderlo y su madre empieza a trabajar en un club clandestino donde un espectáculo de cabaret muestra a mujeres siendo cortadas y apuñaladas.
Aunque a primera vista Gosling parece interesado en temas como el apego al hogar o la avaricia de los que conceden hipotecas, la película se desvía por un camino surrealista con elementos siniestros que evocan a David Lynch, pero sin la parte psicológica. Ni la misteriosa abuela muda que se sienta a ver películas caseras antiguas en la oscuridad cubierta de maquillaje y un velo negro, ni el descubrimiento de una ciudad sumergida bajo el agua, tienen mucho sentido. Un violento encuentro sexual entre la madre y su nuevo jefe parece puramente gratuito. Como si la comunidad no tuviese suficientes problemas ya, un malhablado personaje con mucha calle llamado Bully (Matt Smith) conduce por la ciudad en su descapotable blanco, presumiendo a través de su megáfono al grito de «yo poseo esta ciudad». A aquellos que no obedecen, se les cortan los labios con unas tijeras.
La oscura y sangrienta película, presentada en la selección oficial Una Cierta Mirada, era una de las más anticipadas de esta 67º Festival. Hubo para ella abucheos y aplausos en la sala tras la proyección de esta especie de metáfora rodada cerca de un pueblo sumergido en un río y en casas dilapidadas en las afueras de Detroit, que evocan el colapso de los bancos y el fin de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Muchos críticos se lanzaron a las redes sociales para expresar su aprobación o rechazo y algunos se interrogaban si el filme - que cuenta también en su elenco con la seductora Christina Hendricks (Mad Men) y Eva Mendes, novia de Gosling, que ejecuta danzas sangrientas en un sórdido club - figuraría en la sección oficial del festival más prestigioso del mundo si su director no fuera uno de los más cotizados actores de Hollywood.
Esta fue la opinión de Peter Bradshaw, del diario británico The Guardian. «Si Ryan Gosling no fuera una estrella, nunca lo habrían dejado dirigir», escribió el crítico de cine. Casi todos coinciden en señalar que la ópera prima del actor canadiense de 34 años tiene ecos del cineasta danés Nicolas Winding Refn, que dirigió a Gosling en Drive -con la que el realizador ganó el premio a mejor director de Cannes, en el 2011-. El año pasado, Refn trajo a Cannes la violenta Only God Forgives (Solo Dios perdona), con Gosling una vez más encabezando el reparto, que concursó en certamen por la Palma de oro y se fue con las manos vacías.