Un mito que crece y crece


Artistas nacionales que llenen un recinto como el Coliseo coruñés hay pocos. Que agoten los tiques en seis horas y media, solo uno. Se llama Joaquín Sabina y a sus 68 años vive una época de esplendor tan inusitada como inesperada. Normalmente, los grandes surgen, brillan, deslumbran y luego mantienen de manera intermitente una luz moderada. Pero él ha rebasado la edad en la que la mayoría de los españoles se jubilan convertido en una estrella que ciega. Su cénit artístico se alcanzó con el mayúsculo 19 días y 500 noches (1999). Pero semeja que tras aquel ataque de pánico sufrido en el escenario en el 2014 se haya creado una suerte de ansia colectiva por verlo. Flota la idea de que puede ser la última vez. Y se genera una bola de nieve en la que entran fans, morbosos, adictos al «ahí estuve yo» y curiosos musicales de todo tipo. Vuelan las entradas. Aumenta la leyenda. El mito crece como si no tuviera tope.

Votación
3 votos
Comentarios

Un mito que crece y crece