Emmanuel Carrère: «Soy un mero retratista»

Miguel lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

El escritor galo Emmanuel Carrère (París, 1957), retratado en Barcelona en noviembre del 2017.
El escritor galo Emmanuel Carrère (París, 1957), retratado en Barcelona en noviembre del 2017. Marta Pérez | EFE

El narrador francés, premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, advierte de que el término «autoficción» no define su obra, aunque «Yoga», su última novela, sí responda a ese carácter

10 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«No me gusta nada la palabra autoficción, y no es la que mejor define mi obra». Emmanuel Carrère (63 años), el gran maestro de la autoficción, lo dijo este miércoles tras ganar el premio Princesa de Asturias de las Letras 2021 por su singular talento para generar nuevos espacios expresivos y dinamitar las fronteras entre géneros. En un encuentro telemático con periodistas, agradeció un reconocimiento que le «compensa» por no tener el Goncourt, el gran galardón de las letras francesas que, de momento, se le ha negado.

El jurado español destacó cómo el influyente maestro de la no ficción ha creado una obra «que borra las fronteras entre la realidad y la ficción», que «desenmascara la condición humana» y «disecciona la realidad de manera implacable».

«Esa es mi aspiración», reconocía el ganador. «Escribo para ver qué hay tras las apariencias, para pensar fuera del patrón», explicó. Cree que «todos estamos dentro de una caja» y que el reto «es abandonarla».

«Pensar desde fuera de la caja, ver las cosas desde más arriba» es el motor de su literatura. «No sé si lo consigo, pero ese es el objetivo de mi trabajo: ser un poco más libre, más inteligente, y comprender mejor lo que me rodea», insiste.

En obras como El adversario, Limónov o Yoga, el poliédrico e innovador narrador funde realidad y ficción para trazar «un retrato incisivo de la sociedad», según argumenta el jurado, y ejerce «una notable influencia en la literatura de nuestro tiempo» con unas ficciones muy verdaderas.

«Muestra un fuerte compromiso con la escritura como vocación inseparable de la propia vida», añade el fallo sobre este Montaigne actual que, como hizo el padre de los ensayos, se ha convertido en el objeto de sus reportajes novelados.

Escritor, guionista y realizador, nacido en París el 9 de diciembre de 1957 en una familia de larga raigambre intelectual, Carrère se diplomó en el Instituto de Estudios Políticos. Trabajó dos años en Indonesia como profesor de francés y debutó como crítico de cine en las revistas Positif y Télérama. En 1982 publicó, Werner Herzog, una monografía sobre el cineasta alemán. Un año después aparecía L’amie du jaguar, primera novela a la que siguieron ficciones convencionales como Bravura o El bigote, que en el 2005 adaptó al cine.

A partir de El adversario (2000), novela-reportaje de enorme éxito sobre Jean-Claude Romand, el falso médico que durante dos décadas llevó una doble vida y asesinó a su familia, Carrère abandonó la ficción en favor de textos híbridos sobre su experiencia o las vidas reales de otros.

Fue pionero, faro y pronto maestro de lo que hoy llamamos novela no ficción, género confesional determinante en las dos primeras décadas del siglo XXI y en el que avanzó con Una novela rusa (2007) o De vidas ajenas (2011).

Insistía en esa fusión que ahora se premia en Limónov (2012), sobre la azarosa vida del escritor, disidente y mercenario ruso; en El Reino (2015), narración autobiográfica que mezcla su relación con el catolicismo con un relato sobre el nacimiento del cristianismo; en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Un viaje en la mente de Philip K. Dick (2007), biografía novelada del escritor de ciencia, y en Yoga (2020), en la que dio cuenta de su divorcio y de su batalla contra los demonios de la depresión.

«Mis escritos son autobiográficos, algo que existe desde hace muchísimo tiempo», reiteró para matizar: «Yoga sí es autoficción, pero los anteriores, como Limónov y El Reino no. Soy un simple narrador», se justificó.

Personajes, rostros humanos

«Si tienes cosas que contar sobre ti mismo, está bien, pero ahora me gusta dedicarme a cosas que están más lejos de mí. No creo que el próximo libro sea de autoficción», decía insistiendo en el hartazgo que le ocasiona esta etiqueta. Para Carrère los personajes son la clave de su trabajo. «Son más grandes que la vida. Lo que más me atrae de los museos, por encima de los paisajes, es la representación del rostro humano, y como escritor soy un mero retratista», subrayó.

A pesar de explorar el mal en muchos de sus personajes, cree que «el bien es más misterioso que el mal» y asegura que sus libros «exploran la capacidad del ser humano para hacer el bien».