Sin duda alguna. Qué bien se han portado los Reyes Magos con nosotros. Una noticia barbuda. Alegre. Desbocada. Con mirada de niño travieso. Un notición. Que Sergio Rodríguez renueve por el Madrid hasta el 2018 nos garantiza la explosión del jugador más creativo del básquet español hasta su declive.
Y es que todo en Sergio es producto de un talento incalculable. Jugador de diseño. Técnica depurada. Dominio sideral del balón. Intuitivo en 1x1. Cuchillo hacia el aro en los mortales 2x2. Visión periférica de dimensiones animadas. Es un adolescente en pleno play ground que juega a un deporte de señores y se puso una barba para parecerse a ellos. Era barbilampiño cuando cruzó el charco y probar la catadura americana. Allí conoció el rol del papel secundario. Un vaivén de sensaciones. Días buenos con muchos grises. Era un «blanco blandito». Su mente le jugó una mala pasada. Puso en duda su enorme clase. Y regresó. Pero no sin antes pasar por un pequeño calvario. Las defensas lo arrinconaban. Ayer fue renovado hasta el 2018 pero tras el primer año en el Madrid, antes de ese final de play off impresionante, tuvo la maleta a las puertas del vestuario. Y ahí se transformó. En eso que ahora conocemos como «El Chacho». Es nuestro Magic Jonhson. Los pases mirando al tendido. Sus alleyhoops con los morenitos del Madrid, son una semana sí y otra también, top 5 de nuestra liga y la Euroliga.
Vive en un estado de gracia suprema. De largo el jugador más generador de juego español. Incluso por encima de Ricky Rubio. El Madrid señala cual es el camino a seguir en los próximos años del básquet nacional. Pone en aprietos a su eterno rival. Un estilo de juego. Este movimiento abre la veda del futuro. Sergio le dice un adiós definitivo a la NBA. Europa vuelve a ganar. Vaya alegría para nuestro baloncesto.