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Los colegiados suspendieron por protocolo solo cuatro partidos, dos de ellos con menores, de los más de 36.000 jugados esta temporada
23 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Cada fin de semana, en el fútbol gallego se disputan unos 2.000 partidos. Los incidentes como los que registró en el acta una árbitra de 13 años el pasado fin de semana en el campo coruñés de A Torre, tras un partido de prebenjamines, han sido excepcionales. «Aún hay gente que busca justificaciones. Aunque se equivocara en todo, es injustificable que se le someta a esa situación en un partido de niños pequeños. Ella se bloqueó, sintió miedo y eso es indiscutible. Lo que tienen que hacer los entrenadores y delegados en ese caso es ayudarla. Ni expulsó, ni activó el protocolo. Ese es el problema que tenemos que atajar. Por desgracia, no tenemos una infraestructura para acompañar a 1.700 árbitros cada fin de semana», reflexiona Roberto Vázquez, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros en Galicia. De ellos, 435 son menores (365 chicos y 70 chicas), la cifra más alta de la historia. Van identificados con un brazalete.
«No podemos decir que sea algo residual, pero la violencia verbal ha disminuido mucho. El protocolo está siendo un éxito», revela Roberto. Consta de tres fases. En una primera, el árbitro detiene el partido y lo comunica al delegado de campo, que debe advertir a los autores para que depongan su actitud. «En la inmensa mayoría de los casos, cuando se activa la primera fase, el problema desaparece. Está comprobado que con esa primera parte, ya es difícil que se llegue a la siguiente. Casi siempre es suficiente», confirma Francisco Soto, el presidente de la delegación de árbitros de Vigo. Eso sucede, de media, unas dos o tres veces cada fin de semana.
Cuatro en la segunda fase
«Si persiste la violencia verbal, habiendo sido advertido el público con anterioridad, el árbitro suspenderá temporalmente el partido e invitará a los equipos a retirarse a los vestuarios». Así se explica la segunda fase, la intermedia, que se ha aplicado hasta la fecha en cuatro partidos. Dos de ellos, en el fútbol base. El Oroso-O Pino, de la tercera cadete masculina, y el Arzúa-Antas, en cadete femenino de liga gallega. En este último, la árbitra era menor. También alcanzaron esa fase del protocolo el Soneira-A Baña, de liga gallega femenina y el Goián-Arbo de la Tercera Futgal.
«En uno de los casos en los que se activó el segundo paso, había unas 80 personas en la grada. Dos aficionados estaban insultando al árbitro y a los jugadores rivales. Cuando el delegado los expulsó del recinto, el resto del público se puso a aplaudir. Es significativo. A la gente le da reparo enfrentarse, pero ya no acepta la violencia en un campo», revela Roberto.
«El incidente más grave que tuvimos esta temporada en nuestra delegación fue en un Nieto-Coya de infantiles, con un árbitro que cumplió la mayoría de edad», repasa Soto. No llegó a aplicarse el protocolo, pero el partido se suspendió tras retirarse el equipo visitante una vez expulsado su delegado por insultar al colegiado.
La influencia de la élite
Mediante la aplicación del protocolo, se han cancelado hasta la fecha cuatro encuentros. En uno de ellos, el Noia-Carreira, de prebenjamines (niños de entre 7 y 8 años), la árbitra era menor. Tampoco se pudo completar en el fútbol base, por el mismo motivo, el Sin Querer-Sporting Coruñés B, de juveniles. Los otros dos encuentros que no concluyeron tras la aplicación del protocolo contra la violencia verbal fueron el Sporting Santiago-Santa Cruz de Montaos, de Tercera Futgal, y el A Gracia-Santiago Latino de veteranos.
«El cuestionamiento al que se está sometiendo a los árbitros en el fútbol profesional, aunque parezca mentira, influye en la base», sostiene Vázquez. Soto asiente. «Va en cascada y las últimas semanas está la gente más alterada. No aumentaron los casos graves, pero sí se aplica más la primera parte del protocolo», dice. «Ahora estamos activando los protocolos mucho antes. Son las instrucciones que les estamos dando. Que, cuando empiecen los insultos, lo paren. Aunque sean pocos, que activen el protocolo».