Las vueltas que da la vida. En apenas doce meses, Aday Mara pasó del ostracismo que vivía en los UCLA a ser el primer español en ser campeón de la NCAA. Ese es el camino recorrido por el largo pívot de Zaragoza para ocupar todas las portadas del deporte nacional. Vayamos por partes. Un jugador que para nada es el prototipo español. Un 7 pies que es rara avis entre nosotros. Ha pasado de debutar en la Liga Endesa a una carrera universitaria, gracias a todos los cambios que ha habido en la liga de formación en estos últimos años.
El primero, el señor dinero. La NCAA tiene contratos millonarios para atraer el talento joven a sus universidades, lo que hasta hace nada era ilegal. Hemos pasado del todo por debajo de la mesa a la realidad del dinero a raudales. Y el impacto que viven estos chicos en el March Madness, al ser el foco absoluto del deporte americano (ocupan de lleno todas las portadas, informativos,etc), los hace emerger de forma iluminaria en el estatus de casi estrellas en el deporte de USA.
Mara ha sido determinante para que los Michigan se hayan alzado con el triunfo en Indianapolis. Su superlativo partido de semifinales, con 27 puntos (récord de la temporada), le permite dejar una impronta de por vida para el baloncesto nacional en América. Es el pionero, el que ha abierto el camino. Ha unido su nombre al de Fernando Martín o Pau Gasol, por ejemplo, porque su hazaña quedará eternamente reflejada en los libros.
El jugador maño tiene unas semanas frenéticas, ya que aparecerá su nombre en todos los frentes del próximo draft de la NBA. Tendrá que decidir si da un paso adelante o se queda un año más en Michigan. Vendrán muchas presiones —excesivas— y decisiones de enorme envergadura, casi como su tamaño. Veremos cómo evolucionan sus piernas, porque parece que su cabeza la tiene bien amueblada. Sus padres, exdeportistas de élite, seguro que tienen que ver con todo esto. Genética y talento.