Concierto de felicidad en A Estrada


El pasado sábado, 17 de diciembre, con motivo de las fiestas navideñas, en una noche con esas temperaturas que acarician, la Coral Polifónica Estradense junto con la de Soutomaior, como viene siendo habitual en estas fechas, acompañadas por la Banda de Música Municipal, nos han sorprendido con un extraordinario concierto, en un Teatro Principal abarrotado de gente. Diríase que han depositado en cada uno de los presentes un beso y una flor. Fue una actuación singular, memorable, de las mejores que se le han visto a este conjunto, sin que por ello desmerezcan otras anteriores. Nada más deseable que la hora de contenido frenesí, de dicha traída por los dioses, con la que nos han obsequiado las 80 personas actuantes, completamente entregadas a la tarea de concitar emociones múltiples, modulando la belleza. Con un poder de seducción incomparable, fue como si el tiempo se hubiese suspendido en un instante de felicidad.

En un orden armónico y equilibrado, como el mismo repertorio escogido, cuatro hileras de coro estaban precedidas por tres arcos delanteros de músicos sentados ante sus instrumentos. En la parte posterior del escenario, a la izquierda de un público que los contemplaba y escuchaba con entusiasmo, las cuerdas de tenores y sopranos, y, a la derecha, las de contraltos y bajos. En la parte anterior, también a la izquierda, tres semiarcos concéntricos compuestos de atrás hacia adelante por trombones de vara, el primero, trompas y trompetas el segundo, y clarinetistas el tercero. Por el otro lado, otros tres de oboes y flautistas, saxos y bajos, y los percusionistas. Frente a ellos, de espaldas a los asistentes, un director con manos que hablaban, sugerían, incitaban, matizaban, seducían y ordenaban con vigor y firmeza expresiva. Toda la fuerza de las emociones concentrada en unos gestos que llamaban al arte. Lo invocaban, acompasando sonidos y silencios que acariciaban, haciendo que nos sintiéramos hijos de la luna.

Con el soporte de color de unos instrumentos tocados con pericia, bellas como muñecas de Famosa, con sus trajes de gala, sopranos y contraltos elevaban sus voces limpias, brillantes, bien empastadas junto con las de unos tenores y bajos que les daban cuerpo, anticipándonos ya el Lobo, que gran turrón, para esta Navidad. Con un funiculí que nos arrastraba, un sóngoro cosongo sugerente, de veladas intenciones, y un Abba que renacía desde los años sesenta fuimos transportados al recuerdo de unos tiempos donde aún palpitan emociones.

Los editores gallegos hablaban estos días, en Compostela, de leer para comprender el mundo. En A Estrada, después de este concierto, podemos hablar de escuchar, cantar y tocar para sentir la vida. Dice Plinio en su Historia Natural: ‘Mortalium nemo est felix’ ?ningún mortal es feliz?; pero la felicidad estuvo presente en el Principal de A Estrada. La hemos visto. Una felicidad contenida en la belleza que surge de la armonía concentrada en un tiempo fugaz, breve, pero que parece no consumirse, que no huye, como si se volviese eterno. Todo lo contrario que decir: estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando … Quizás, quizás, quizás.

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