Los Hendersthot, la pareja que compró en Cerdedo y se encontró armas y exorcismos

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

CERDEDO

Las pistolas halladas por el matrimonio americano en su casa de Cerdedo, en una imagen tomada por el propio Jones, que es fotógrafo.
Las pistolas halladas por el matrimonio americano en su casa de Cerdedo, en una imagen tomada por el propio Jones, que es fotógrafo. Jones Hendershot

Adquirieron un hogar construido por un republicano que quizás escondió las pistolas que toparon. Y también vivió un cura que conjuraba contra el demonio

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sarah y Jones Hendersthot, los Hendershot, están viviendo «la aventura más fascinante» de sus vidas, como ellos mismos cuentan con los ojos muy abiertos y brillantes. Tan peculiar es lo que le pasa a este matrimonio de mediana edad americano que podría formar parte de un guion salido de su cinematográfico Estados Unidos. Sin embargo, ellos lo están viviendo en una diminuta aldea del municipio pontevedrés de Cerdedo-Cotobade. En Fondóns, parroquia de Quireza. Allí compraron una vivienda y se han dado de bruces con una exquisita novela de realismo mágico que coprotagonizan ya que en su hogar han aparecido armas, un auténtico arsenal, historias sobre exorcismos hechos dentro de esas paredes y, sobre todo, un relato: la fascinante historia de Luciano García Ventín, el hombre que levantó el inmueble y que fue republicano destacado.

Sarah, escritora y cantante, y Jones, fotógrafo, vivían en Nueva York; no en bullicio de la ciudad, sino algo más apartados. No quieren hablar mucho del tema, pero reconocen que hace tiempo que intuyeron que América derivaba ideológicamente hacia derroteros que no les gustaban. Así que buscaron en el mapa mundial otra parte a la que irse con su música y sus letras. Y apareció Galicia ante ellos. Sarah se retrotrae al momento en el que vio esta tierra pintada sobre papel, con mucho verde encima: «Me pareció que era un sitio que quería conocer, que había mucha naturaleza». Luego llegó lo demás. Aterrizaron en Oporto hace cinco años y a ella aún se le eriza la piel al recordar lo que sintió cuando cruzó la frontera del Miño: «En Galicia noté una energía especial, algo muy fuerte. Sentí que era un lugar donde el pasado está metido en el presente». Quisieron quedarse desde el minuto cero. Recalaron primero en Arzúa. Tras dos años allí, compraron una casa de Cerdedo-Cotobade. Y comenzó su gran aventura.

Dice Sarah —a Jones le cuesta más hablar español— que desde el principio los vecinos les dijeron que la casa, que llevaba veinte años sin habitar, era muy especial, «que aquí habían pasado muchas cosas». Abrieron las puertas y se toparon lo que para ellos es «una gran obra de arte». Porque Luciano, su primer dueño, era carpintero. E hizo con sus manos todos los muebles de la vivienda, que se conservan intactos y que llevan sus iniciales. El pasamanos de la escalera remata con la cabeza de un caballo de madera, hay armarios o mesas impresionantes y una colmena encastrada en la pared.

Con todo, lo que fascinó al matrimonio no estaba a la vista. Apareció en fondos de armarios y dentro del horno de piedra. Ahí, en una caja de madera, junto a numerosos explosivos y papeles, aparecieron dos pistolas. Toparon también puñales, una espada, escopetas... algunos papeles son de los años cincuenta —hay lotería de 1957—. Pero es probable que esas armas sean más antiguas. Y que entronquen con la vida de Luciano. Él era teniente alcalde de Cerdedo en la Segunda República —regidor en funciones cuando se produjo el Golpe de Estado franquista— y fue encarcelado. Murió años más tarde, en los sesenta, en la finca de la casa comprada por los americanos. Le cayó un árbol encima.

Luego vinieron otros habitantes. Estuvo un cura que Sarah y Jones tienen constatado que practicó en la casa al menos un exorcismo. Y esto es solo el principio. Les quedan por leer cientos de documentos encontrados. Pero Sarah ya lo adelanta: escribirá un libro con esta historia.