La familia Moure ofrece a Concello de Lalín adquirir la Casa de Álvaro

Plantea la posibilidad de compra con un pago aplazado hasta 30 años o una cesión


Lalín / la voz

Ubicada a pocos pasos del Kilómetro Cero, la denominada Casa de Álvaro, que durante medio siglo albergó en su bajo las oficinas del Banco Pastor, es una de las escasas joyas arquitectónicas ubicadas en el corazón de Lalín. La familia Moure, propietaria del inmueble, brinda al Concello la posibilidad de adquirirla para uso municipal.

El deseo de la familia es que este edificio singular pase a manos del pueblo de Lalín. De ahí este ofrecimiento en condiciones especiales, que no tendrían nada que ver, asegura Álvaro Moure, con las de una venta a otros. Ofrecen el posible aplazamiento del pago de la casa, a valorar por los técnicos municipales, hasta un máximo de 25 o 30 años, abonando los plazos anualmente y con intereses mínimos o revisiones a pactar entre las partes.

En cuanto al local que en su día ocupó el Banco Pastor, apuntan la reserva del usufructo del mismo a favor del actual heredero de la propiedad, Ramón Somoza Moure, aunque una opción abierta a negociaciones o a la posibilidad del cobro de una renta por parte del propietario.

En el caso de que al Concello de Lalín no le interesase adquirir el edificio, la familia está dispuesta a pactar la concesión al Concello de una opción de compra por un plazo y precio a determinar, «descontándose el precio fijado y abonado por la opción del precio de venta caso de ejercitarse ese derecho».

Durante el plazo de la opción, apuntan, podrían conceder al Concello el uso del edificio. El gobierno local, en este caso, se encargaría de afrontar a cambio del uso los gastos ordinarios de conservación «y pactando el pago de los que excedan esa finalidad y pudieran considerarse rehabilitantes».

Unas opciones planteadas por la familia que están abiertas a otras Estos términos de la oferta fueron ya trasladados al Concello de Lalín en el mes de febrero del pasado año a través de una carta enviada por Álvaro Moure en representación de su hermana, María Natalia Moure Goyanes, fallecida hace unos meses.La misiva fue enviada al regidor, Rafael Cuíña; al teniente alcalde, Nicolás González Casares y al arquitecto municipal, tras las conversaciones mantenidas por la familia con los dos políticos locales.

Álvaro Moure reitera la posibilidad que apuntaba ya en ese escrito significando que la oferta «no excluye cualquier otra propuesta imaginativa que pueda hacer el Concello para compatibilizar sus intereses con los de la propiedad que desea que la casa pase a ser propiedad municipal».

A la familia le gustaría que el edificio pasase a manos municipales y que acabase siendo del pueblo de Lalín. Subrayan el cariño a una casa en la que nacieron y en la que vivieron muchos años. Un cariño que creen es compartido por el pueblo de Lalín, que la considera como algo suyo. Creen que sería el mejor destino para preservar este singular y bello edificio entendiendo que los fines a los que se destinaría serían en beneficio de la comunidad y del pueblo de Lalín, que también es el suyo.

De ahí esa negociación abierta a cualquier propuesta imaginativa en aras de la casa pase a ser patrimonio municipal y, de esa forma, permanezca en el tiempo. Entienden que el Concello no agotaría las posibilidades constructivas de la finca sino que primaría otros intereses y creen que con ello «nunca se mermaría la belleza del edificio e incluso podría incrementarse».

Una elegante joya modernista protegida y construida en 1913 por Álvaro Goyanes

La denominada Casa de Álvaro fue construida en 1913 por Álvaro Goyanes Crespo, abuelo materno de Álvaro Moure y María Natalia Moure Goyanes. El edificio es una joya modernista, de gran belleza y singularidad. En el Plan Xeral de Ordenación Municipal realizado en 1999, el Concello otorgó al inmueble una especial protección. La casa cuenta con planta baja, primer piso y bajo cubierta, ocupando una superficie de 220 metros cuadrados. La finca posee un jardín anexo de alrededor de 200 metros cuadrados donde se ubica un cubierto de planta baja que en su día llegó a contar con una superficie de unos 75 metros cuadrados y que posteriormente fue reducida. En el convenio suscrito con el Concello en 1999, explica Álvaro Moure, se permite construir, respetando la fachada, un edificio de planta baja, entreplanta, planta alta y bajo cubierta sin ático y la misma edificabilidad en unos 75 metros cuadrados sobre el cubierto. En el convenio, apuntan, se señalaba como superficie total de la finca unos 420 metros cuadrados, la edificabilidad sobre un suelo de unos 300 metros cuadrados, con los que quedarían los 120 metros cuadrados restantes como espacio libre.

La familia Moure sigue esperando una respuesta de los responsables municipales y que expliquen si les interesa la casa y están abiertos a una negociación o si por el contrario no se plantean ni una posible compra o una posible cesión. Con la oferta pretenden brindar al Concello la oportunidad de que este edificio singular pase a ser de todos los lalinenses.

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