a coruña/ la voz

«Hoy son ellos, pero mañana podemos ser nosotros», comenta un grupo en la plaza de la Palloza, en A Coruña, minutos antes de las 11.00 horas, momento en el que arrancó la marcha contra del cierre de Alcoa. La protesta reunió a 4.350 personas, según la Policía Local, que unieron sus voces para corear consignas como «A Coruña e Avilés a mesma empresa é» o «Alcoa non se pecha». La concentración, con representantes del comité de empresa de la planta coruñesa a la cabeza, reunió a familiares y amigos de los empleados, pero también a numerosos ciudadanos que acudieron «por solidaridad». Así lo afirma Juan José Lojo Fandiño, que trabajó durante 44 años en la fábrica de Tabacos. «Cada vez que veo cosas como esta me sangra el corazón. Hay que hacer fuerza entre todos y luchar», dice. De forma similar se expresa Marisa Romero, trabajadora sanitaria que dice: «Non podemos permitir que se perdan estes postos de traballo nin a pouca industria que nos queda. Haille que esixir responsabilidades ao Goberno».

A medida que la marcha avanzaba hasta la sede de la Delegación del Gobierno, punto final de la protesta, los ánimos se caldeaban. Las bengalas de colores azul y amarillo abrían camino a los 120 trabajadores de la fábrica de Alcoa en Avilés que este sábado se trasladaron hasta A Coruña para unir fuerzas con sus compañeros. «Estamos aquí todos unidos. En Asturias nos manifestaremos el día 8. El objetivo es común, y es conservar todos los empleos. La pelota está en el tejado de los políticos que regalaron subvenciones a cambio de nada. Ahora tienen que actuar», explica Jorge García. A su lado, Félix Fernández, añade: «Fueron poniendo parches desde hace años y ahora estalló todo. Lucharemos para conservar nuestros trabajos».  

Más acciones de protesta

Los empleados se aferran a aquello de que la esperanza es lo último que se pierde. Así lo confirma Mercedes Villares, de la plantilla coruñesa, que comenta que tienen que «mantener la confianza». «Seguiremos luchando y organizando actos toda la semana», dice. Su compañero, Ángel Vicente, coincide con ella, pero no oculta su angustia: «Esperamos remontar y obtener una solución, pero lo veo todo muy mal. Ahora mismo estamos cerrados, esa es la realidad. No es un tema energético, es político. Desde el anterior Gobierno nunca tuvimos apoyo y ahora el nuevo sigue sin hacer nada. Nos ponen la mano en la espalda para decirnos que todo irá bien, pero luego no actúan. Hay más industrias y, si no se para esto, más adelante irán todas al tacho», dice. El trabajador destaca que el cierre «no daña solo a los casi 400» que hay en A Coruña y a los 317 de Avilés, sino que «tiene muchos daños colaterales. Afecta a unas 2.000 familias».

Juan Carlos López Corbacho, presidente del comité de empresa y encargado de cerrar la manifestación, se mostró confiado: «Isto é unha guerra e imos gañar», dijo entre aplausos, incluidos los de los diferentes políticos que secundaron la concentración. Entre ellos, el alcalde coruñés, Xulio Ferreiro; la presidenta del PP local, Beatriz Mato; el portavoz municipal del PSOE, José Manuel García; la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón; el secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero; el líder de En Marea, Luís Villares; el delegado de la Xunta en A Coruña, Ovidio Rodeiro, el secretario de Ciudadanos en Galicia, Laureano Bermejo; o la candidata a la secretaría general de Podemos en Galicia Carolina Bescansa.

Los políticos ausentes también metieron baza. Mientras Feijoo pedía en Oviedo la «complicidad» del Gobierno, el vicepresidente de la Xunta, Rueda, incidía en Lalín en la necesidad de una planificación eléctrica. Y la diputada asturiana de Podemos Tania González sugirió al Gobierno que estudie comprar las plantas de Alcoa.

Y todo en el tercer paraíso de las eléctricas

f. fernández

Galicia vende el 24 % de la energía que produce, pero la factura cuesta igual que en Madrid, que es un erial

Galicia le está viendo las orejas al lobo. Una industria de la talla de Alcoa amenaza con cerrar la histórica fábrica de aluminio primario de A Coruña porque, entre otros factores, no puede soportar un precio de la electricidad más elevado que en otros países europeos y, por tanto, le resulta complicado competir con ellos. Y eso que desde que la multinacional estadounidense llegó a España, hace veinte años, recibe incentivos públicos para abaratar su factura. Solo entre el 2015 y el 2018 se embolsó 500 millones de euros. Pero, dice, ya no son suficientes. En parte porque los fondos para ello han menguado este año (redondeando, han pasado de 500 millones a 300); y en parte porque el precio de mercado de la electricidad anda por las nubes.

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Trabajadores de Alcoa: «Isto é unha guerra e imos gañar»