¿Cuánto manda Amancio Ortega?

Si hubiese querido cobrar este año 1.700 millones de euros más de dividendo, la compañía los habría abonado


Amancio Ortega es uno de los hombres más ricos del mundo, aunque bien es cierto que unas veces lo es más y otras menos, lo que depende de los movimientos en subida o en bajada de la Bolsa española. Viendo su manera de actuar a lo largo de los años que lleva siendo empresario (desde 1963, aproximadamente), a él parece no preocuparle eso de liderar el ránking de la lista de Forbes, ni tampoco parece quitarle el sueño si la cotización de las acciones de Inditex sube o baja a un ritmo que le impida hacer algún movimiento especulativo. Nada hace sospechar que tenga previsto vender sus títulos, que representan prácticamente el 60 % del capital, porcentaje que mantiene desde que la compañía comenzó a cotizar en el parqué madrileño el 23 de mayo del 2001. Aquella decisión la pensó, la volvió a pensar y la tomó, y desde entonces no la varió ni un ápice.

En plena crisis de coronavirus, la empresa ha adoptado varias medidas duras -y encadenadas en el tiempo-, que tuvieron que tener el visto bueno de Amancio Ortega: primero se optó por suspender el reparto del dividendo en mayo, después se decidió que solo se abonarían en noviembre 0,35 euros por acción, y dejar para el año 2022 la parte correspondiente de aquel euro extraordinario que se iba a repartir en los años 2019, 2020 y 2021.

Visto lo visto, la pregunta es pertinente: ¿Cuánto manda Amancio Ortega en Inditex? Mucho, y lo acaba de volver a demostrar porque si él no hubiese querido dejar de ingresar este año 1.700 millones de euros, más o menos, en concepto de dividendo, la compañía los habría abonado. Y nadie tenía por qué haber rechistado, al fin y al cabo esos dividendos corresponden al ejercicio 2019 cuando no se conocía el coronavirus y la compañía había alcanzado unos beneficios de 3.639 millones de euros.

Ortega, al que se le ha visto regularmente todo el verano en Galicia -no hubo ninguna noticia de que hubiese salido al extranjero ni a otro lugar de España- impuso la prudencia en una decisión que tuvo que tener el total respaldo de Pablo Isla, su mano derecha en Inditex.

Con un somero repaso de las cuentas se constata que en el 2018 la multinacional tuvo un beneficio de 3.444 millones y repartió entre sus accionistas 2.741 millones (suma del dividendo ordinario y del extraordinario), mientras que en el 2019 ganó 3.639 y distribuirá en noviembre, según lo previsto, 1.090 millones.

Dicho lo anterior, se puede rebobinar en la historia de la empresa y comprobar que Inditex nunca repartió ninguna cantidad hasta que salió a Bolsa, lo que ocurrió 38 años después de haber nacido y por un compromiso con los accionistas.

Sus próximos definen a Amancio Ortega como un hombre reflexivo, que quiere que le expliquen las cosas, que nunca toma decisiones apresuradas, y que una vez adoptadas, no vacila. Su carácter, dicen, no ha cambiado a lo largo del tiempo, como tampoco la importancia que para él Inditex tiene en su vida.

Una silla y una mesa en Zara... y ya está

Sofía Vázquez

Amancio Ortega quiere pasar desapercibido y lo intenta y lo intenta, pero no lo consigue. Construyó Inditex, un empresón que está en el punto de mira los actores mundiales del mundo económico. A sus 81 años sigue haciendo lo mismo que a los 35: preocuparse por Zara y compañía. Por lo demás, vive en una Galicia que protege su intimidad

Ni va a la última moda ni se espera. Azul, gris y blanco, y sin corbata. Amancio Ortega, que es algo más que uno de los hombres más ricos del mundo, no está preocupado por la subida y bajada de la bolsa ni pierde un minuto de su vida en saber quién ocupa el número 1 de la lista Forbes , en la que preferiría no salir pero eso es imposible.

Ortega se ha convertido en el icono de las grandes fortunas. Sin embargo, hay muchas maneras de ser rico. Por ejemplo, él no ha heredado ni fortuna ni ninguna empresa de su abuelo o de su padre. Tampoco ha logrado crecer en torno a la especulación, ni ha multiplicado su fortuna en acciones con límites difíciles de explicar o aprovechándose de concesiones o subvenciones estatales. Lo que sí recibió fue un mensaje claro y transparente como el agua el día que fue a la tienda con su madre, y la dueña le dijo a la mujer: «Señora Josefa, lo siento mucho, pero ya no le puedo fiar más dinero».

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