Pablo Iglesias genera más desconcierto que ilusión

El líder de Podemos retoma el discurso más antisistema, pero a la vez pide un puesto en el Consejo de Ministros de Sánchez


Todo había sido presentado como la reaparición de un mesías que iba a liberar al partido de todos los pecados y torpezas cometidas hasta ahora. Como el regreso del líder que sería capaz de devolver la autoestima, la unidad y el optimismo a una fuerza política que en los últimos meses parecía ahogarse en sus propias contradicciones y cruentas batallas intestinas. Pero lo cierto es que el esperado regreso de Pablo Iglesias, «Él», según la desafortunada cartelería que tuvo que ser retirada a pocos días de que se celebrara el día de la mujer, dejó más desconcierto que ilusión entre las propias bases del partido morado. Cuando todos esperaban que Iglesias retornara tras su permiso de paternidad -convertido de manera incoherente por los suyos en un acto casi heroico-, con un discurso vibrante y lleno de entusiasmo que enardeciera a los suyos y sembrara el optimismo en una militancia alicaída, resulta que el querido líder regresaba para echarle la bronca a su grey por haber hecho el ridículo con sus líos internos y sus peleas de patio de colegio aprovechando la forzada ausencia del profesor.

Fuera ese o no el objetivo de su mitin, decir que el partido ha hecho el ridículo y ha dado «vergüenza ajena» por sus peleas para repartirse los sillones sonó no solo a una crítica a los que Iglesias considera unos traidores, empezando por su principal socio en la fundación de Podemos, Íñigo Errejón, sino más bien a una regañina que pretende dejar claro que el partido no es nadie sin él. Un argumento al que, visto lo visto, no le falta razón.

Pero si el tono de la reaparición decepcionó a muchos de los que esperaban un sermón con efectos balsámicos y casi milagrosos, el fondo de su mensaje resultó también confuso para unas bases que no acabaron de entender qué les estaba diciendo un líder que asegura que después de pasarse tres meses limpiando culos está más preparado que nunca para gobernar España. Y ese desconcierto se debe a que, por una parte, Iglesias volvió de la guardería retomando el discurso más radical y antisistema, hasta el punto de cuestionar al Parlamento como la sede de la soberanía popular y asegurar, como hacía Podemos en los albores de su nacimiento, que en España no hay una verdadera democracia y que la tarea de Podemos está más en la calle que en las instituciones. Pero, por otra, ese retorno al discurso antisistema dio paso en apenas unos minutos de una intervención que se pretendía histórica y quedó en un mitin algo deslavazado, a una reclamación sin disimulo por parte del propio Iglesias de una silla en el próximo Consejo de Ministros de un hipotético Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Se trata entonces de volver a las trincheras y romper con el establishment o de integrarse definitivamente en él? Eso es lo que se preguntaban, una vez superado el subidón de adrenalina de contemplar a su líder en carne y hueso después de sus meses de larga ausencia, muchos de los que asistieron a lo que creían que iba a ser casi una refundación del partido. Las expectativas fueron tan altas que, después de un acto que no pasó de mitin de precampaña, la sensación era más de desconcierto y confusión que de ilusión.

Galicia resiste la limpia casi total del nuevo líder popular

Basta ver la elaboración de las listas electorales para las elecciones generales en Galicia para comprobar que Feijoo es prácticamente el único líder autonómico del PP que mantiene el control de su territorio sin que Casado se atreva a aplicar la tijera a su antojo, como ha hecho en otros lugares. Allí, en las listas del PPdeG, siguen destacados albertistas y marianistas. Entre estos figura el ex portavoz en el Senado José Manuel Barreiro, al que algunos daban por amortizado. Allí están igualmente Ana Pastor, Miguel Fidalgo Iglesias, o Pilar Rojo, una de las personas más próximas a Rajoy, y también Diego Gago, que presidía las nuevas generaciones del PP antes de que llegara el huracán Casado. 

Los líos siguen en el PSdeG pese a la llegada de Caballero  

Gonzalo Caballero no es desde luego un líder con la levedad política, inconsistencia y futilidad de Pachi Vázquez. Y tampoco arrastra los graves problemas personales con la Justicia que llevaba como mochila José Ramón Gómez Besteiro, que disponía de un bagaje intelectual bastante superior al de Vázquez. Caballero es otra cosa, más consistente y con menos lastres en el PSdeG. Pero eso no significa que los atávicos problemas de los socialistas gallegos se hayan solucionado, tal y como ha demostrado la elaboración de las listas, en las que se han reproducido las batallitas internas con las que cada uno hace la guerra por su cuenta y que llevan mucho tiempo dificultando el despegue del partido. 

Ciudadanos tiene dificultades para mantener la coherencia

Difieren las encuestas sobre la evolución electoral de Ciudadanos. Hay algunas que dicen que empieza a recuperarse del parón en su evolución que se detectaba en los últimos sondeos, y otras que indican que después de una etapa algo confusa en sus postulados y de su pacto en Andalucía con el PP y con la ultraderecha de Vox, los de Albert Rivera siguen cotizando a la baja. Lo cierto es que, como ya se dijo aquí hace tiempo, las campañas electorales no le sientan bien a un partido más acostumbrado a moverse en terrenos templados que no le obliguen a fijar una clara posición ideológica que a tener que tomar partido. Ciudadanos sigue dando bandazos y el resultado de ese vaivén está por ver el 28A.

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