Prepárate, porque hoy hablaremos de física, de química y de los secretos que esconde tu calefacción
20 nov 2025 . Actualizado a las 12:02 h.Seguro que en vuestras casas ya estáis empezando a pensar en poner la calefacción. Y seguro también que muchos de vosotros encenderéis los radiadores con una caldera de gas. Pero ¿os habéis preguntado alguna vez cómo llega ese gas natural hasta vuestros hogares? ¡Hagamos ese viaje!
Tenemos que empezar por saber que no hay gas natural en todos los rincones del mundo. Es un recurso que se encuentra bajo tierra o bajo el fondo marino en algunos lugares. Así que los países, como España, que no tienen reservas suficientes en su propio territorio, lo tienen que comprar.
Nos cuenta Ignacio Cabané, responsable de la actividad de conexiones para inyectar gases renovables de Nedgia (la distribuidora de gas natural de Naturgy), que nosotros se lo compramos a catorce países distintos, algunos cercanos (como Marruecos o Argelia, que están en el norte de África) y otros más lejanos (como Estados Unidos o Perú).
«Cuando traemos el gas de cerca, es más eficiente hacerlo a través de gasoductos, es decir, de tubos que van por debajo de la tierra o del mar. Pero cuando el gas viene de lejos, la cosa se complica», explica el experto. Lo que se hace en esos casos es licuar el gas natural.
Igual este verbo te suena de las clases de Física e Química, porque es el proceso que se usa para hacer líquida una sustancia gaseosa. Solemos aprenderlo con el agua, pero la lógica es la misma con otras sustancias.
«Lo que hacemos es enfriar el gas a -160 grados centígrados y de esta forma pasa a estado líquido. ¿La ventaja? Que cuando está licuado el gas ocupa 600 veces menos que en estado gaseoso», aclara Cabané. De esta forma, somos capaces de transportar mucho más gas en un único viaje.
Se usan barcos gaseros para eso, y cuando llegan a nuestros puertos debemos hacer el procedimiento contrario: regasificar el líquido. En España tenemos siete plantas que se encargan de este proceso.
En el siguiente mapa puedes encontrar esas plantas de regasificación y también la red de gasoductos que tenemos en nuestro país y que ayudan a transportar ese gas natural que llegó desde Norteamérica, África y otros lugares del mundo hasta tu casa.

«Estas serían las arterias principales —nos cuenta Ignacio Cabané—, pero luego tenemos lo que serían las venas y los capilares más pequeños, que distribuyen gas por las calles y que llegan hasta nuestros edificios e industrias». Si colocásemos todas esas tuberías en línea recta, sumarían 90.000 kilómetros de longitud, suficiente para dar dos veces la vuelta a la Tierra.
Información elaborada con la colaboración de Naturgy.