Es el momento ideal para reflexionar sobre cómo superar los obstáculos o afrontar los problemas que nos impiden crecer por dentro
17 jun 2026 . Actualizado a las 16:08 h.En medio de tantas pantallas, planes y distracciones, reflexionar sobre cómo estamos y preguntarnos qué queremos mejorar puede ayudarnos a conocernos mejor y a afrontar el próximo curso con fuerza
De la pereza a la acción. Salir de este bucle engañando al cerebro
Por fin han llegado las vacaciones. Se acabaron los exámenes, las tardes de estudio y los madrugones. Llevas meses soñando con este momento: tirarte en el sofá, ver series, perderte por las redes sociales y revivir cuando se pone el sol.
Al principio te parece el paraíso, pero pasadas un par de semanas empieza a ocurrir algo extraño: cuantas menos cosas haces, más cansado te encuentras. Te levantas tarde, quieres hacer planes, pero pensar en salir de casa te da una pereza tremenda. ¿Qué está pasando?
Nuestro cuerpo funciona con inercia: si estamos en movimiento es fácil seguir moviéndose; si nos quedamos quietos, a nuestro cerebro le cuesta arrancar. Además, las pantallas lo ponen tan fácil que, cuando surge una actividad que requiere cierto esfuerzo, tu cerebro elige lo cómodo y placentero. Para salir de ese bucle, necesitas algunos trucos que engañen a tu cerebro antes de que él te engañe a ti.
- Aplica la regla de los cinco minutos. Lo más difícil siempre es empezar. Ponte las zapatillas y sal a caminar, o abre ese libro que quieres leer. Si después de cinco minutos sigues queriendo dejarlo, abandona. Te darás cuenta de que lo normal es que quieras continuar.
- Salva las mañanas. Si te levantas todos los días a la hora de comer, el día se te escapa de las manos. No hace falta madrugar muchísimo, pero ponerte un límite razonable cambia el ritmo del día. Ordenar tu habitación, hacer un recado o sacar al perro antes de comer te ayudará a mantenerte activo el resto de la jornada.
- Busca algo que te motive. La pereza aparece cuando no tenemos objetivos marcados en el horizonte. Aprender a tocar la guitarra, cocinar, retomar un idioma o empezar un deporte. Busca algo que sea tuyo y que realmente te apetezca hacer.
Y no olvides que el verano también está para desconectar. Pasar una tarde jugando a la consola o viendo una serie es un planazo y te lo has ganado. La clave está en encontrar el equilibrio entre hacer cosas que te aporten y disfrutar del descanso.
De la envidia a la admiración. Ver en los demás lo que nos falta a nosotros
Parece que todo el mundo está viviendo el mejor verano de su vida. Abres Instagram y ves a una compañera en una playa paradisíaca. Aparece un amigo en un festival. Más tarde alguien sube fotos desde un barco, otro desde una piscina enorme y otro celebrando una fiesta increíble. Mientras tanto, tú estás en casa una tarde cualquiera viendo las historias de los demás. Y entonces aparece esa sensación incómoda: ¿por qué ellos sí y yo no? La envidia es una emoción que nos golpea cuando vemos en los demás algo que nos falta. Puede generar malestar, frustración e incluso hacernos pensar que nuestra vida es peor de lo que realmente es. Si aparece con frecuencia, afecta a nuestra autoestima y a la forma de relacionarnos.
Suele aparecer cuando ponemos demasiado el foco en lo que tienen otros y poco en nuestra propia vida. Vemos las fotos, los éxitos y los momentos felices de otras personas, pero no conocemos sus preocupaciones, sus problemas o el esfuerzo que han tenido que hacer para llegar hasta donde están. No estamos comparando dos realidades completas, sino una pequeña selección de los mejores momentos de los demás. Y esa comparación nunca es justa.
Pero la envidia puede convertirse en algo útil si aprendemos a transformarla en admiración. Cuando envidiamos, nos centramos en lo que nos falta. Cuando admiramos, nos fijamos en aquello que podemos aprender. ¿Cómo podemos dar ese paso?
- Identifica qué es lo que te genera envidia. Te dará pistas sobre las cosas que valoras y te gustaría desarrollar en tu propia vida.
- Cambia la comparación por el aprendizaje. En lugar de preguntarte por qué otra persona tiene algo que tú no tienes, pregúntate qué puedes hacer para acercarte a ese objetivo.
- Reconoce tus fortalezas. Todos tenemos cualidades y capacidades que a menudo pasan inadvertidas porque estamos demasiado pendientes de los demás.
La próxima vez que sientas envidia, intenta verla como una señal. Quizá te está mostrando algo importante para ti. Si aprendes a escucharla, la envidia puede convertirse en admiración, motivación y crecimiento.
De la inseguridad a la autenticidad. Sentir que nos juzgan constantemente
Hay situaciones en las que casi todos nos sentimos inseguros. Llegar a un sitio donde no conoces a nadie. Acudir a una fiesta donde parece que todo el mundo tiene ya su grupo formado. Tener que iniciar una conversación con personas nuevas o incluso en otro idioma. Ponerte el bañador cuando no te sientes cómodo con tu cuerpo. Levantarte de la toalla para ir al agua pensando que todos te están mirando. El verano está lleno de momentos como estos.
La inseguridad aparece cuando dudamos de nosotros mismos. Cuando pensamos que no somos suficientemente interesantes, divertidos o capaces. Cuando sentimos que los demás nos observan y juzgan constantemente. Y aunque es algo muy común en la adolescencia, no siempre resulta fácil convivir con ello.
En esta etapa estamos construyendo nuestra identidad. Queremos sentirnos aceptados, pertenecer a un grupo y encontrar nuestro lugar. Por eso es normal preocuparnos por nuestra imagen o por la opinión de los demás. El problema aparece cuando esas preocupaciones empiezan a limitar la forma que tenemos de actuar.
Lo bueno es que no necesitamos dejar de sentir inseguridad para vivir con más confianza. Lo importante es que esa inseguridad no tome todas las decisiones por nosotros. ¿Cómo podemos conseguirlo?
- Aprende a gustarte tal y como eres. Aceptarte no significa pensar que eres perfecto. Significa entender que no necesitas convertirte en otra persona para ser valioso.
- Asume que no vas a gustar a todo el mundo. Intentar encajar en todas partes es imposible y agotador.
- Atrévete a ser tú mismo. Las amistades más auténticas suelen construirse cuando dejamos de fingir y mostramos quiénes somos de verdad.
La autenticidad consiste en aceptar que tienes cualidades, defectos e inseguridades, igual que los demás. Porque crecer no significa convertirte en alguien diferente, sino aprender a sentirte cómodo siendo tú mismo.
Del desorden al cuidado. ¿Les hago más fácil la vida a los demás?
Cuando convivimos con otros, nuestras acciones siempre tienen consecuencias. La ropa que dejamos tirada, los platos que no recogemos, las cosas que no devolvemos a su sitio o las tareas que siempre retrasamos no desaparecen por arte de magia. Normalmente alguien termina ocupándose de ellas.
Durante el curso vamos tan deprisa que no somos conscientes de todo lo que hacen los demás por nosotros. Pero en verano, al pasar más tiempo en casa, tenemos una buena oportunidad para preguntarnos: ¿les hago la vida más fácil a los demás o se la estoy complicando con mi desorden?
A veces pensamos que el orden consigue únicamente que tengamos nuestras cosas recogidas. Pero es mucho más que eso: nos ayuda a vivir mejor, a aprovechar más el tiempo y a relacionarnos mejor con los que nos rodean. El desorden no solo afecta a los espacios que compartimos, también invade el tiempo y la tranquilidad de los demás. Cuando olvidamos nuestras responsabilidades, dejamos todo para última hora o esperamos que otros resuelvan lo que nos corresponde, terminamos desordenando sus planes, su tiempo o su tranquilidad. ¿Cómo podemos mejorar nuestro orden?
- Hazte responsable de tus cosas y agradece el esfuerzo de los demás. Ocúpate de tus cosas sin esperar a que alguien te lo recuerde. Además, fíjate en todas esas pequeñas tareas que otras personas hacen cada día por ti y que muchas veces pasan completamente inadvertidas.
- Colabora sin que te lo pidan. Adelántate, brinda tu ayuda antes de que te la tengan que pedir. Hay un montón de cosas que puedes hacer solo con mirar lo que hay a tu alrededor.
- Piensa en el impacto de tus acciones. Antes de dejar algo para después, pregúntate si estás facilitando o complicando la vida de los que te rodean.
El orden no consiste solamente en tener una habitación perfecta o en cumplir normas porque sí. Consiste en aprender a responsabilizarnos de nuestras cosas y a cuidar los espacios que compartimos, contribuyendo a mejorar el bienestar de todos.
De la frustración a la adaptación. La realidad no coincide con las expectativas
La frustración hace acto de presencia cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas. Hoy nos cuesta mucho tolerarla porque nos hemos acostumbrado a tener todo de manera inmediata. Estamos a un clic de una canción, una película o una conversación. Sin embargo, las cosas importantes de la vida siguen necesitando paciencia, esfuerzo y muchos intentos.
Las vacaciones suelen estar llenas de expectativas. Nos imaginamos más tiempo libre, más planes, nuevas experiencias y objetivos que por fin vamos a conseguir. Quizá te has propuesto ponerte en forma, aprender algo nuevo, encontrar trabajo o aprobar una asignatura pendiente. Pero no siempre sale todo como habíamos imaginado.
Los amigos se van en fechas distintas, el trabajo no aparece, el examen no sale como esperabas o descubres que aprender una habilidad nueva requiere mucho más tiempo del que pensabas. Y entonces aparece la frustración.
Nos frustramos cuando las cosas tardan más de la cuenta, pero también cuando toman un rumbo diferente al que habíamos planeado. Aprender a convivir con ello forma parte de la madurez, ya que la frustración es una emoción que podemos gestionar.
- Acepta que no todo depende de ti. Puedes controlar tu esfuerzo, tus decisiones y tu actitud, pero no siempre el resultado final.
- Aprende a tolerar los procesos lentos. Las cosas que merecen la pena suelen necesitar tiempo. No confundas tardar más de lo esperado con estar fracasando.
- Sé flexible cuando los planes cambien. Que algo no salga como habías imaginado no significa que todo esté perdido. A veces solo necesitas buscar otro camino para llegar a ese lugar.
- Pregúntate qué puedes aprender. Los errores y los contratiempos suelen enseñarnos más que los éxitos fáciles.
Cuando te sientas frustrado, recuerda que no siempre es una señal para abandonar. Aprender a ser paciente, adaptarte a los cambios y seguir adelante a pesar de los obstáculos es una de las habilidades que más te ayudarán a crecer.