Juan Francisco Fuentes: «La tesis golpista de que el rey fue cómplice del 23F ha migrado a la extrema izquierda»

El historiador afirma que la versión oficial sobre la asonada de 1981 es más realista que las interpretaciones «creativas»

El historiador Juan Francisco Fuentes
El historiador Juan Francisco Fuentes

Redacción / La Voz

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, Juan Francisco Fuentes (Barcelona, 1955) ha sido profesor visitante en las universidades de Harvard, La Sorbonne Nouvelle y Sciences Po (París) y en la London School of Economics. Es autor de obras como Largo Caballero: el Lenin español; El fin del Antiguo Régimen (1808-1868). Política y sociedad; Adolfo Suárez: biografía política; o Con el rey y contra el rey. Los socialistas y la Monarquía. Ahora, cuando se cumplen cuarenta años del golpe del 23F, publica 23 de febrero de 1981. El golpe que acabó con todos los golpes (Taurus).

—¿Cuál es la principal tesis de su libro?

—Que la historia nunca puede generar un relato perfecto, sin cabos sueltos. Eso solo está al alcance de las teorías conspirativas, de las novelas policíacas y de las mentiras.

—¿Significó el 23F el fin definitivo del golpismo en España?

—Sí, porque los flecos de golpismo que quedaron sueltos tras el 23F no dieron lugar a ningún nuevo golpe de Estado, aunque alguno pudo estar cerca. Lo más parecido que hemos vivido desde entonces a un golpe de Estado fue la declaración unilateral de independencia en Cataluña en el 2017. Aquello fue un «golpe posmoderno», como lo llamó, me parece, Daniel Gascón.

—¿Queda algo por saber del 23F y sus antecedentes? ¿Qué quedaría por saber?

—La pregunta parte de un supuesto equivocado: que se puede saber todo de un acontecimiento histórico, lo cual es radicalmente falso. Sí, claro que quedan cosas por saber y que probablemente no lleguemos a saber nunca. Pero la historia oficial del 23F, siendo imperfecta, se acerca mucho más a la verdad que las interpretaciones «creativas» de lo que pasó, por ejemplo, en relación con el papel del rey. Lo raro no es que queden cosas por saber sobre el 23F. Lo raro sería que lo supiéramos todo, porque eso no ocurre con ningún acontecimiento histórico.

—¿Qué papel jugó Juan Carlos I los meses anteriores y durante el 23F?

—En los meses anteriores, su relación con Adolfo Suárez se deterioró gravemente, aunque yo creo que el principal motivo de su dimisión no fue la pérdida de confianza del rey, sino la situación de UCD. Sobre todo del grupo parlamentario de UCD, que había elegido como portavoz a un dirigente, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, enfrentado con Suárez. Durante el 23F, el rey consiguió evitar nuevas incorporaciones de mandos militares al golpe, cosa que indudablemente habría ocurrido solo con que el rey hubiera permanecido al margen a la espera de acontecimientos. En los últimos años, la teoría de que el rey fue cómplice del golpe, que fue la tesis golpista desde el día siguiente al 23F, ha migrado de la extrema derecha a la extrema izquierda y al independentismo. La adopción por estos sectores de la tesis golpista sobre el 23F es un fenómeno digno de estudio.

—¿Pudo triunfar el golpe? ¿Por qué fracasó?

—Sí, pudo triunfar. Fracasó por la actitud del rey, que desautorizó a los golpistas y ordenó a los militares mantenerse dentro de la legalidad. Y fracasó también por la dificultad de aunar dos golpes muy distintos, probablemente incompatibles: el «duro» de Tejero y el «blando» de Armada. El papel de engarce de Milans del Bosch no bastó para ponerlos de acuerdo a los dos.

—¿Qué papel jugaron los servicios secretos en el golpe del 23 de febrero?

—El que suelen jugar en estos casos: una parte estuvo dentro del golpe y otra parte en contra. Algunos de sus miembros actuaron como agentes dobles. Una historia mil veces repetida.

Los historiadores consideran que España está «vacunada» contra golpes de Estado

¿Está vacunada España contra golpes de Estado u operaciones Armada? Esta pregunta se ha suscitado tras las cartas que militares retirados dirigieron a Felipe VI, en las que señalaban que el Gobierno, apoyado por «filoetarras e independentistas, amenazan con la descomposición de la Unidad Nacional»; y el chat en el que se vertían frases como «no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta». Al igual que Fuentes, otros historiadores expertos en la materia creen que no es posible ni un nuevo 23F ni otra operación Armada. «España está vacunada porque el Ejército es democrático, perfectamente homologable con los de Europa occidental», asegura Ramón Muñoz Bolaños. «No puede haberlo porque significaría un desprestigio enorme, duraría muy poco y podría tener consecuencias gravísimas», añade. «Otra cosa es que, en una situación de crisis, un militar aspire a la jefatura del poder ejecutivo por medios legales, pero dudo que en España pueda ocurrir». «Me parece tan improbable que casi lo considero imposible», afirma Alfonso Pinilla. «La situación es complicada por la pandemia, hay inestabilidad y crispación considerables, pero el Ejército no tiene nada que ver con el de 1980, que era el de la dictadura; el actual está comprometido con la Constitución y la democracia». Y añade que episodios como los de las cartas o el chat son «muy marginales».

De la operación Armada al 23F

ENRIQUE CLEMENTE
Antonio Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso de los Diputados
Antonio Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso de los Diputados

Historiadores consideran que tenemos una visión global de lo que pasó ese día, pero subsisten incógnitas sobre lo sucedido los meses y días anteriores

Cuarenta años después del golpe que puso en peligro la democracia, aún subsisten incógnitas sobre lo que sucedió aquella noche, pero sobre todo acerca de los movimientos que se produjeron meses e incluso años antes. Dos libros, El 23-F y otros golpes de Estado de la Transición (Espasa), de Roberto Muñoz Bolaños; y Golpe de timón. España: desde la dimisión de Suárez al 23-F (Comares), de Alfonso Pinilla, proporcionan nuevos datos e interpretaciones.

Crisis gravísima

La «tormenta perfecta». En los 80 España sufre una situación gravísima, una crisis económica galopante como consecuencia de la subida de los precios del petróleo de 1979, que produce altas tasas de paro e inflación; un desencanto social creciente porque la democracia ha traído las libertades, pero no la prosperidad; y una crisis terrorista, los atentados de ETA crecen exponencialmente (92 asesinados en 1980), lo que genera «ruido de sables». Como dice Pinilla, «es una tormenta perfecta».

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