Aquí comía Don Juan cuando venía a su isla de Cortegada

Hace algo más de 82 años que los padres de Dolores Bóveda abrieron en Carril (Pontevedra) el primer restaurante. «Desde el principio apostaron por la calidad -explica Loliña- y por las recetas tradicionales de la costa». Nada de esto ha cambiado.

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Y si entonces fue todo un éxito, hoy Loliña sigue siendo ese restaurante al que los amantes del buen comer no quieren faltar. La actual casa, que tiene más de doscientos años (ellos nos hablan del siglo XIX), fue en su día el edificio de aduanas del puerto y sigue conservando ese sabor de las construcciones marineras gallegas, con piedra, madera y una pequeña entrada que está algo más baja que la calle.

Y, como tanto Loliña, como su hermano Agustín, tienen buen gusto para la cocina, eso se nota también en la decoración, que lo hace realmente acogedor. «Muchos fueron los personajes que pasaron por nuestro comedor -dice Loliña- pero tengo un especial recuerdo de Don Juan de Borbón, padre del rey Juan Carlos, que venía con su esposa y siempre nos felicitaban por la comida. Eran muy amables y cariñosos».

 Cocina marinera

«Mi abuela -continúa la propietaria- cocinaba para los señores de la aduana y de ella aprendió mi madre y después yo. Los recuerdo como unos grandes amantes de la buena cocina y les gustaba especialmente la cocina que se hacía en los pueblos marineros de Galicia, como es Carril. Así que querían siempre los mejores productos y los más frescos y cocinados con la misma sencillez con la que los elaboramos ahora.

Rape, rodaballo, lenguado y marisco, especialmente almejas y ostras, además de chuletones de la mejor carne gallega. Todo sigue igual y creo que ahí radica nuestro prolongado éxito, lo que hace que aquí vengan a comer personas de todas las partes del mundo».

Un ambiente familiar

Al entrar en el restaurante lo primero que nos vamos a encontrar es cordialidad, hospitalidad y amabilidad, porque nos reciben siempre Loliña y su hermano Agustín «él lo es todo. Es mi vida», añade Dolores emocionada.

Y después tenemos que clavar la mirada en la exposición de mariscos gallegos, al principio de la barra y bandejas de dulces tradicionales, al final. Porque si nos acercamos a Loliña no nos podemos olvidar de los postres, especialmente las filloas y las natillas, todos hechos en casa.

La bodega es muy amplia y en ella podemos elegir, desde los mejores vinos, con marcas que non son fáciles de encontrar, por su elevado precio, hasta los más asequibles, especialmente blancos de As Rías Baixas.

Por otro lado el local está bien comunicado por carretera y es muy fácil aparcar el automóvil en la plaza o en el puerto.

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Aquí comía Don Juan cuando venía a su isla de Cortegada