Una cocina que es el espejo del alma

Que la cocina es un espejo de la personalidad de su creador es una certeza que uno se lleva para siempre tras disfrutar de una visita a Casa Castor.

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El creador es Arturo Fontán, un tipo de vetusta elegancia, que ahora ejerce de inconmensurable anfitrión en lo que él llama con cariño, su «retiro dorado». Y sí, su cocina es como él. Generosa, honesta, agradecida, apegada a su tierra y por momentos chispeante. Como ese brillo que aflora en sus ojos cuando te recibe. En pleno corazón de la ruta de los furanchos Casa Castor es un homenaje a la cocina tradicional gallega desde otra dimensión. «Aquí prima el producto sobre la elaboración. Yo solo le pongo una pequeña dosis de cariño y respeto, nada más», comenta Arturo. Y nada menos, habría que añadir. Un respeto a la temporada, a las vedas y a los productores que se constata en una carta sencilla pero llena que en estos días tiene sus mejores exponentes en los choquitos y en las luriñas de la Ría o en las xoubas del xeito. Arturo Fontán considera que «la mitad del trabajo de cocina se hace cuando se va a comprar». Él acude todos los días, excepto los lunes, a la lonja y al mercado de Cambados. «Y allí pregunto. Pregunto mucho». Con un par de carniceros de confianza y una bodega que le sirve un excepcional albariño de las laderas de A Carabuxeira compone el resto. Más que suficiente para satisfacer con creces su objetivo confeso. «Hacer feliz a los amigos que viene a verme».

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Una cocina que es el espejo del alma