«Mejor bodeguero que abogado»

En el año 1968 Javier Alén, abogado de profesión, decidió comprar la finca Mein y una casa en ruinas en Leiro, muy cerca del monasterio de San Clodio, con la idea de, en un plazo razonable de tiempo, poder dejar la toga y dedicarse al mundo del vino. Hoy Viña Mein es una de las grandes bodegas de O Ribeiro y su vinos están prestigiados en todo el mundo.

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En la compra de esta finca incidieron mucho sus lazos familiares: «Esta es la tierra de origen de mis padres -explica el bodeguero- y los mejores años de mi niñez los pasé aquí. Esto me marcó y, como también me atraía ya este apasionante mundo del vino, la decisión fue rápida y fácil. Después de 15 años de abogado me pasé definitivamente a la bodega, porque este oficio es más divertido, aunque también, más caro, porque las inversiones son necesarias y también continuas si queremos mejorar».

La vieja casa en ruinas se rehabilitó y se convirtió en un alojamiento de turismo rural. Respetando la arquitectura de la casa y del entorno, y al amparo de una enorme piedra, construyó la bodega en la que elabora uno de los más prestigiosos vinos de O Ribeiro. Tanto la casa como la bodega están rodeadas de viñas «y con el monte al fondo, como tiene que ser».

La tradición y las nuevas ideas

Javier Alén es una persona que siempre está abierta a nuevas ideas y más en este complejo mundo del vino. «Mi trabajo fue siempre la abogacía, lo que me obliga a rodearme de los que realmente saben de esto, de enólogos y viticultores que valoren y sepan tratar lo que pongo en sus manos».

Y así llegó a Viña Mein el comando G, dos jóvenes, Dani Landi y Fernando García, que abren nuevas perspectivas para esta bodega «y que tienen la autonomía suficiente -añade Javier- para elaborar cualquier tipo de vino, siempre que sea de calidad. Ellos son unos amantes de los tintos (de ahí viene lo de G de Garnacha) y por eso ya hemos injertado dos fincas con Brancellao, Caiño Longo y algo de Espadeiro. Con ello queremos aumentar la producción del tinto Atlántico que hemos lanzado en marzo. Son algo menos de las 3.000 botellas y queremos llegar a las 10.000 en un par de años. Intentamos hacer cosas nuevas y exquisitas y ellos están muy ilusionados con este nuevo vino, porque ven que son muchas las posibilidades que nos brindan nuestras parcelas para elaborar vinos de finca».

Prioridad a los blancos

De todas formas, el propietario recalca que la prioridad la siguen teniendo los blancos: «Son el símbolo de la casa y estamos en las mejores tierras para este tipo de vinos. Nuestra producción está entre las 60 y 80.000 botellas, la gran mayoría Viña Meín, aunque también hay que contabilizar algunas partidas de Eiras Altas y Tega do Sal, que son vinos de paraje, tanto de las viñas que tenemos rodeando la casa y la bodega, como de las de la zona de Vilerma baja, en Gomariz». Y para conseguir los mejores caldos, Javier Alén no repara en gastos y así compró fudres de 1.500 litros, barricas de 500 litros y dos depósitos ovoides de hormigón «porque se está volviendo a lo que ya hacían nuestros antepasados, que eran muy sabios y elaboraban grandes vinos en estos recipientes».

El Viña Mein lleva un 70 % de Treixadura y el resto pequeñas cantidades de Godello, Albariño, Loureira, Torrontés y Lado.

La producción de este año va a estar mermada por las heladas que destrozaron la mitad de la producción. «Va por los 20 años que llevamos sin este problema», se resigna el bodeguero.

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