«Tenemos que aprender a valorar lo nuestro»

Era un día más de los que Fernando de Santiago dedicaba a hacer trial con su moto. Pero en esa fecha, hace 20 años, se perdió en los montes de Pantón y se encontró «con el paraíso». Había llegado a Míllara, «una aldea abandonada pero situada en un lugar excepcional, con viñas, olivos, alcornoques y muchos cerezos», recuerda.

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Aquel descubrimiento iba a cambiar muchas cosas en Fernando y en las tierras de la ribera del Miño, porque el empresario preguntó a un labrador sobre la propiedad de las casas.

«Me dijo que no vivía nadie en el lugar -explica de Santiago- y que sus dueños estaban repartidos por muchas partes del mundo como emigrantes. Así empezó una odisea que requirió diez años de trabajo y constancia para contactar y negociar más de 2.000 pequeñas propiedades con unos 500 emigrantes, la gran mayoría en Suiza, Buenos Aires y Barcelona. Parecía no acabar nunca, porque siempre faltaba algún pequeño heredero, o no se ponían de acuerdo entre ellos», asegura. «Pero al final lo conseguí y hoy mi proyecto es una realidad. Doce casas están rehabilitadas con respeto absoluto a la arquitectura popular de la zona. Es decir, con piedra, madera o pizarra, porque no están permitidos materiales más modernos como aluminio, revestimientos o incluso las antenas de televisión exteriores», afirma Fernando. «Y así alcanzamos la nominación en el premio Juana de Vega de rehabilitación. Con estas premisas y dado que fue siempre zona de vinos, nos decidimos a hacer una bodega que continuase con la tradición vitivinícola. Ahora elaboramos cerca de 100.000 botellas de las marcas Finca Míllara, Beterna, El Nido del Cuco, Bancales de los Alcornoques, Ribera de los Naranjos, El Prohibido, Cuesta de los Olivos y Jvlivs, además del Lagariza, un vino joven, elaborado con mencía, que fue galardonado con el Acio de Aro de la Xunta de Galicia, como el mejor tinto del año. Por cierto, en esa selección, con el Nido del Cuco, conseguimos el Acio de Bronce, en el apartado de tintos con barrica».

 Extensión de la viña

Los propietarios de Finca Míllara cuentan con 20 hectáreas de viñedo, con cepas de 20 años de edad media «y permanentemente cuidadas por seis agricultores, porque nuestra teoría es que el buen vino se hace en la viña».

Y tanto es así, que a cada cepa le sacan solamente kilo y medio de uvas, cuando generalmente se retira el doble. «Los viñedos están en bancales en los cañones del río Miño y las condiciones climáticas son excepcionales -añade de Santiago- y la mejor prueba es que a nosotros no nos afectaron las heladas que azotaron la zona en primavera. El terreno es de piedra pizarra oxidada blanda con pendiente del 50% y con poca pluviometría, lo que obliga a las raíces de las cepas a profundizar y así extraer todo el potencial del suelo».

 Retomando la bodega medieval

El origen de la bodega es medieval, y fue escrupulosamente rehabilitada con piedra de la zona y madera de roble, para integrarla en el conjunto. Tiene 700 metros cuadrados y está semienterrada a modo de continuación de la pendiente natural del terreno donde está enclavada. Esto garantiza una temperatura constante de manera natural durante todo el año. «En Finca Míllara -asegura Fernando- elaboramos nuestras propias uvas y trabajamos las tierras como lo hacían nuestros ancestros, de manera artesanal, con arado y sin herbicidas, para obtener una excelente calidad, que es, en realidad, lo que valoramos y valoran nuestros clientes. Si tenemos un gran mercado en los Estados Unidos es precisamente por eso, porque allí no se dejan llevar por las marcas de toda la vida, sino por la calidad de los vinos. Los gallegos tenemos que aprender a valorar lo nuestro y esta es aún una asignatura pendiente. Si no lo hacemos vendrán a colonizarnos y a llevarnos la riqueza natural que poseemos».

Los vinos con crianza

Finca Míllara, no cabe duda, es el buque insignia de la bodega. Comenzó su producción el año 2007 y llega al mercado con 12 meses de barrica de roble francés: «nuestro mencía -nos dice el bodeguero- aguanta perfectamente largas crianzas y así lo demuestra el vino que tenemos desde hace 10 años y que está calificado como excelente. De hecho Parker le dio 91 puntos y nos dijo que podría aguantar perfectamente hasta el 2019».

De vinos con crianza, esta bodega comercializa 45.000 botellas y cuenta con dos prestigiosos enólogos como son Cuco Luna, que es el que está permanentemente en la bodega, y Raúl Pérez, considerado el mejor enólogo del mundo hace 2 años y creador de los vinos más mediáticos de España. Una característica, que sí es común a todas las marcas, es que estos vinos se reconocen fácilmente, porque todos ellos, expresan perfectamente el terruño.

 En su cata anual de los vinos gallegos, la Xunta premió en esta ocasión al Lagariza -el vino más joven de esta bodega- como el mejor tinto gallego 2017, «un galardón muy importante que ya está influyendo en las ventas. Las 20.000 botellas que nos quedaban no nos van a llegar y no vamos a poder enlazar esta cosecha con la siguiente. Nos quedamos sin vino»

En su cata anual de los vinos gallegos, la Xunta premió en esta ocasión al Lagariza -el vino más joven de esta bodega- como el mejor tinto gallego 2017, «un galardón muy importante que ya está influyendo en las ventas. Las 20.000 botellas que nos quedaban no nos van a llegar y no vamos a poder enlazar esta cosecha con la siguiente. Nos quedamos sin vino»

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