­Huella dactilar ¿Te da confianza?

Existen estudios que han demostrado que las huellas dactilares ofrecen dificultad al agarrar objetos de superficie lisa. ¿Para qué sirven entonces las huellas? Al tocar la superficie de un objeto percibimos pequeñas vibraciones y sabemos así de qué se trata. Pero cuidado, el objeto también puede saber quiénes somos nosotros y captar todo tipo de información relevante. Los sensores acechan.

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Las personas somos muy diferentes unas de otras. De hecho, somos tan diferentes que tenemos rasgos que nos hacen únicos. Cuando estamos bien cómodos en el vientre de nuestras madres, allá por el tercer mes de embarazo, se empiezan a generar plegamientos en la piel de nuestros dedos. Con el crecimiento celular rápido se generan tensiones en la piel y esta se contrae como una goma elástica generando la huella. Y desde este momento nadie más tendrá una como la nuestra. Mira cualquiera de tus huellas, no verás otra como esa.

Es la biometría, que proviene del griego bios (vida) y metron (medida), la que se ha encargado desde el siglo XIX en las culturas occidentales y al menos desde el siglo XIV en China de estudiar el reconocimiento único de seres humanos basándose en uno o más rasgos físicos o de conducta. Se trabaja con la voz, la retina, el iris y algunos patrones faciales además de la huella dactilar para tratar de verificar que nosotros somos nosotros y que nadie más nos pueda suplantar. Además de los rasgos físicos también se nos identifica por nuestros comportamientos cuando damos un paso, hacemos nuestra firma o incluso cuando tecleamos.

En el ámbito de la tecnología, conociendo que una vez la huella se ha formado ya no cambia para el resto de la vida, se ha optado por incluirla como un elemento de seguridad. Los sensores de huella dactilar se han incorporado a los ordenadores portátiles como medida de seguridad y protección contra el acceso de terceros a la información. Aunque suponen una buena solución y son utilizados por muchas empresas como un método avanzado de seguridad, no han tenido nunca buena acogida por parte de los usuarios y tampoco por parte de los responsables de mantenimiento de los equipos, a los que les han dado más quebraderos de cabeza que cualquier otro sistema de control de acceso.

Algunas personas se han acostumbrado en sus ordenadores portátiles a desbloquear varias veces al día para iniciar sesión con su huella; los más avanzados han configurado su lector para que abra una u otra aplicación en función de con qué dedo realice la identificación, pero en general su uso no se ha extendido entre los usuarios. La revolución de las huellas dactilares ha llegado con los teléfonos inteligentes. Una persona que realice un uso intensivo de su smartphone puede desbloquearlo en más de 100 ocasiones al día. Para ellos cualquier automatización de esta tarea es un gran beneficio. Por esto y por la mejora técnica que los sensores han recibido desde inicios del 2011, cuando Motorola experimentaba en su modelo Atrix con un sensor ubicado en la parte trasera del dispositivo, el desbloqueo con huella ha llegado para quedarse entre los terminales de gamas media y alta.

Las dudas surgen entre los usuarios cuando el sistema operativo de turno solicita que registren una o varias de sus huellas pasando varias veces la yema del dedo sobre el sensor. Aunque los desarrolladores de sistemas operativos móviles juran y perjuran que la información de la huella dactilar no abandona en ningún momento el dispositivo y ellos no lo almacenan de ninguna forma en sus servidores, la duda pesa mucho sobre los más cautos. Cada vez guardamos más información en nuestros móviles y esta es cada vez más sensible. Han mejorado tanto en los últimos años las apps de gestión bancaria, por ejemplo, que muchas personas ya no recuerdan la cara del cajero de su oficina y dominan a la perfección todas las operaciones desde la pequeña pantalla de su teléfono móvil.

La seguridad es importante y algunos experimentos sencillos realizados con un poco de plastilina ya han evidenciado que los sensores tienen mucho margen de mejora. La resolución de imagen que manejan en la actualidad es realmente pobre, tanto que no permite diferenciar al lector entre la imagen de nuestra huella real y la plagiada con un molde hecho a base de este material para niños.

En estos momentos los sensores de huellas digitales ofrecen diferentes posibilidades de ubicación física en los smartphones. Hasta hace poco la solución pasaba por la integración en la parte delantera del terminal, aprovechando el propio botón físico de Inicio. Como alternativa algunos fabricantes, para diferenciarse, han optado por la colocación en la parte trasera del móvil, donde nuestro dedo índice reposa de forma natural cuando sostenemos el dispositivo con una mano. Y por si no llegaban las opciones, todavía Sony se ha atrevido a ubicar su sensor de huella en el lateral de algún terminal, con lo que la variedad está servida. Esta ubicación no es un elemento de decisión para la compra, pero ya empieza a haber defensores de una u otra posición. Si el sensor está en la parte trasera y tu teléfono descansa sobre una superficie lisa, tendrás que levantarlo, es un contratiempo. Sin embargo, si quieres realizar alguna acción con la huella dactilar mientras sostienes el teléfono en tu mano la ubicación trasera es óptima. No es fácil la elección.

Escáner del iris

Algunos fabricantes han empezado a incorporar también en los móviles más avanzados un escáner del iris, tecnología que todavía es más segura que la huella. Era el caso del Samsung Note 7 y, si no hubiese sido por el batterygate, probablemente habría popularizado esta opción.

Muchas personas dudan sobre la fiabilidad de los sistemas de reconocimiento de huella dactilar, pero, a medida que se estandarice y se convierta en hábito su utilización, serán una necesidad. Quizá será la posibilidad de realizar pagos mediante la autorización de los mismos con nuestra huella la que facilite su asimilación por los usuarios. En realidad los que han tenido oportunidad de probar un dispositivo con sensor de huella dactilar no quieren ni oír hablar de otro que no disponga de este mecanismo. Por algo será.

Contraseñas: días contados

La identificación de personas mediante huella dactilar en nuestros «smartphones» irá ligada a la integración total de los sensores en las propias pantallas de los dispositivos. Los botones Inicio o Home tenderán a desaparecer de forma paulatina. Tocando con cualquiera de nuestras yemas la pantalla del dispositivo, este estará desbloqueado y listo para ser utilizado. La rapidez en el reconocimiento y el aumento de la resolución de la imagen capturada son los dos factores sobre los que los fabricantes están trabajando. Las contraseñas de cuatro dígitos o los dibujos de patrones de desbloqueo para acceder a los terminales tienen los días contados.

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