A Coruña, una provincia repleta de enclaves en los que se dan la mano el mito y el milagro
FERROL
El investigador Felipe Senén rinde tributo a los grandes enclaves «do mundo máxico», al viejo reino de lo «mistérico»
16 nov 2025 . Actualizado a las 04:14 h.Felipe Senén, arqueólogo, historiador del arte y memoria viva de este finisterre galaico que en el fondo no es un fin del mundo, sino todo lo contrario —un eterno amanecer y una nueva epifanía, además de una puerta abierta a la eternidad—, es un profundo conocedor del alma del país. Y al mismo tiempo es también uno de los mejores guías de cuantos pudiesen existir para recorrer esos altos lugares —como diría el poeta— que hacen de la provincia coruñesa «unha terra de mitos e de milagres». La relación podría ser inmensa —no quiere uno decir, bien al contrario, que interminable—, pero basta con los que Felipe Senén menciona aquí para tomar conciencia de que el patrimonio no solo está hecho de lo que tenemos ante nuestros ojos, sino también de lo que nos reencuentra con nosotros mismos al invitarnos a seguir soñando.
Cita en primer lugar, el investigador, la Torre de Hércules, uno de los grandes emblemas de un territorio en el que «os mitos da orixe» tienen siempre mucho que ver, como los santuarios, «coa auga, coa terra, co lume ou co aire». Alzado en tiempos del romano, el faro sigue ahí, frente al Atlántico, tras haber cambiado más de una vez de rostro, efectivamente. Pero sobre todo generando leyendas que también con el paso del tiempo se han ido transformando: como «unha literatura que avala todo iso», y que ha acercado a Galicia a Irlanda.
Frente a lo desconocido
Señala también el investigador, ya algo más al norte, la maravillosa Illa de Santa Comba, en la ferrolana parroquia de Covas. Una isla —península durante la bajamar, ínsula con la marea alta, si se nos permite el juego de palabras— que para Felipe Senén es «un barco, un promontorio. Un lugar sacro» muy vinculado a «todo canto ten que ver coas augas», pero también «co oculto» y con las «mitoloxías antigas» que dejaron paso, al llegar el Cristianismo, a la veneración de santas como la que le da nombre a la isla. Y no quiere dejar de mencionar el investigador, tampoco, San Andrés de Teixido, emblema también por excelencia «do mundo máxico e do mistérico», además de «lugar sagrado» para tantas y tantas gentes como las que lo visitaron en momentos muy diferentes de la historia... y hoy lo siguen visitando, quién sabe si en forma de aire, de exvoto o de ánima.
Del Porto de Bares, en Mañón, con su legendario coído, anota Felipe Senén que guarda viva la memoria del fenicio, y con él la memoria de navegaciones que hoy nos parecerían poco menos que imposibles; pero que también es fiel testimonio del tiempo del legendario Mailoc, obispo de aquellos bretones (o britanos, o britones, o como se prefiera, casi, llamarles) que llegaron a la Galicia do Norte, entre los siglos V y VI, huyendo de la persecución de los sajones.
De Chamorro dice el investigador que es «un altar por excelencia», allá, frente a Ferrol, en lo alto; del castillo de San Antón, en A Coruña, recuerda que «foi lazareto, foi prisión e hoxe é un museo cheo de tesouros»; de los dólmenes de Dombate y de Axeitos habla con la veneración de quien no olvida que quienes nos precedieron «están aí sempre». A Fisterra y a su Santo Cristo, Santo da Barba Dourada, los menciona recordando la cristianización de enclaves que antes lo fueron de culto al sol; y de las tierras de Compostela habla como de un «lugar de esperanza», sin olvidarse jamás, Felipe Senén, de la figura de Prisciliano.