Jacobo Suárez: «En Barcelona 92 viví muchísimas cosas en muy poco tiempo»

A punto de cumplirse un cuarto de siglo de la cita olímpica, el cedeirés rememora lo que sintió como parte del equipo español con solo 19 años

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Ferrol

La próxima semana se cumple un cuarto de siglo del inicio de la competición de ocho con timonel en los Juegos Olímpicos de Barcelona. En la embarcación iba un aresano, Horacio Allegue, y estuvo a punto de subir un cedeirés de 19 años. Jacobo Suárez Vilela (Cedeira, 1973) se tuvo que conformar con ser reserva por una decisión de última hora. No obstante, él se considera plenamente olímpico. Su carrera en la élite acabó un año después, por una decisión que no tuvo que ver con aquello, y de hecho, sigue ligado al deporte. Es licenciado en INEF y doctor en Educación Física. Además, fue entrenador en Ares, en la federación gallega y del equipo nacional juvenil, técnico de Deporte en la Xunta y ahora, con una excedencia, emprendedor con la consultoría de turismo deportivo GoodLife.

-¿Qué recuerdos se vienen a la cabeza de aquellos Juegos?

-Se vienen mucho recuerdos, porque fue muy intenso y éramos muy jóvenes, pero la mayoría son buenos. Fueron muchísimas cosas que sucedieron en muy poquito tiempo. Lo que más suelo contar es cómo era la vida en la villa y cómo fue el desfile. Es lo que a la gente le llama más la atención.

-Aquello debió de ser impresionante en primera persona...

-Hay que darse cuenta de que estábamos en el año 1992, en el que todavía no había Internet, no había Facebook... Al haber estado en un campeonato del mundo, la parte deportiva ya no nos sorprendió, pero sí todo el despliegue de unos Juegos Olímpicos, con una villa, un montón de gente, unas instalaciones de primerísimo nivel..., todo aquel espectáculo abrumaba un poco. En el desfile me vi en medio de miles de personas y de un espectáculo, un show, que fue realmente lo que más me sorprendió.

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-¿Fue muy especial esa recordada ceremonia en Montjuïc?

-Antes de la ceremonia de inauguración estuvimos encerrados varias horas en el Palau Sant Jordi esperando a salir, entonces las actuaciones casi no las vivimos, pero lo que me más me impactó fue la emoción que desprendían los deportistas y entrenadores del equipo español que eran bastante mayores que nosotros. Con el paso del tiempo te das cuenta del porqué: es gente que ha estado luchando toda una carrera deportiva por ese momento.

-Y pudieron ver a estrellas mundiales...

-Sí, es que de repente te ves justo al lado de Carl Lewis o de la selección española de baloncesto.

-¡Qué pena que no existiesen los selfies en aquel momento!

-Había selfies, pero no se podían poner en la redes sociales [sonríe]. Precisamente, yo tengo una foto con Carl Lewis. Es que la sociedad ha cambiado mucho en 25 años. El 1992 no tiene nada que ver con el 2017. Ahora la información es mucho más abundante. Puedes ver un partido de la NBA como si estuvieras allí dentro. En aquel momento era todo muy lejano y ver de repente por allí a Magic [Johnson] era un choque muy grande.

«En aquel momento era todo muy lejano y ver de repente por allí a Magic Johnson era un choque muy grande»

-En su caso personal, ¿sigue sintiendo rabia de no haber podido remar ninguna regata?

-En ningún momento nos lo tomamos demasiado mal. Es cierto que al haberte clasificado tú, haber clasificado al país, estar dentro de la villa, estar a punto de remar y ver a cuatro días que te vas al banquillo, te fastidia. Pero tampoco fue algo que nos tomásemos con rencor porque al menos pudimos quedarnos. Además, con la ilusión de poder remar si alguien se ponía mal. En ese sentido, nos sentimos partícipes de los Juegos Olímpicos como cualquier otro deportista.

-Y estuvo a punto de sustituir al aresano Horacio Allegue, ¿no?

-De hecho, compartíamos piso en la villa olímpica. Entonces, se puso malo, le dio mucha fiebre en una regata. Y si Horacio fallaba, tenía que remar yo en su sitio, por eso ahora comento en broma que estaba deseando que no se pusiera bien [se ríe]. A Horacio lo quiero mucho, pero como ya había remado la eliminatoria... Al final le bajaron la fiebre y seguimos como estamos.

-¿Da gusto decir «estuve allí»?

-Supongo que sí, pero tampoco soy muy de mitos, relativizo bastante el hecho de haber sido deportista de alto nivel. Fui campeón de España varias veces y tercero del mundo en dos ocasiones, pero no forma parte de mi día a día. De hecho, en mi casa lo único que hay de remo es un skiff pequeño de madera. Lo circunscribo como una experiencia personal más, como alguien que toca la guitarra o le gusta el deporte de otra forma.

-A ver cuándo un cedeirés y un aresano vuelven a coincidir en unos Juegos Olímpicos...

-¡Ojalá pronto! No tanto por la persona, sino por la relevancia que le da al territorio. Es importante que haya buenos profesionales en los sitios. Ahora es increíble que Cedeira tenga a Juan Rodríguez en Primera División y que Ares esté en la Liga ACT.

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