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Estamos de enhorabuena. Los ferrolanos, de siempre grandes expertos en matemáticas y amantes de los cálculos, conseguimos dejar el padrón de habitantes en un número redondo: 66.799. ¡Qué maravilla, qué número tan bonito! Es verdad que para conseguirlo hubo que restarle 770 vecinos al censo de 2017, pero eso no tiene ninguna importancia. Es lo de todos los años, más o menos. Ferrol ha perdido ya un tercio de su población, aproximadamente, por lo que continuar en ese declive demográfico se ha convertido en una rutina. Da igual que el gobierno local sea de derechas o izquierdas, conservador o progresista, tenga mayoría absoluta (Rey Varela) o se defienda con una exigua minoría (Jorge Suárez). La ciudad continúa padeciendo los mismos problemas y los gobiernos han presentado, en ambos casos, la misma capacidad para solucionarlos: ninguna. El saldo vegetativo es negativo; nacen menos vecinos que los que mueren. El saldo migratorio también es negativo: se van más que los que llegan. Y los que se van son los mejor preparados, más jóvenes, en edad de procrear, cotizar y consumir. Llegan, de regreso, vecinos que se han ganado su derecho a la jubilación, sin duda de ningún tipo, pero son los que consumen menos, no tendrán más hijos y necesitarán más recursos sanitarios y sociales. Repito, de un modo totalmente merecido, después de una vida de trabajo aportando lo que la sociedad les demandó.

Este año será el del cambio de ciclo, dicen los más optimistas. Los astilleros construirán fragatas y quién sabe si algún buque más para vender a una Marina extranjera. El campus industrial de Esteiro encontró su hueco y las titulaciones nuevas son un éxito. El Puerto está batiendo récords de trasiego de toneladas de mercancías y de pasajeros en los cruceros. Las escuelas de la Armada obtienen los mayores reconocimientos por la capacitación de los marinos profesionales. ¿No es suficiente? Qué importa que la ciudad sea de las más envejecidas de España, que haya más pensionistas que empleados activos y que la dependencia del sector público sea la única alternativa en la que confiar. Menudencias, problemas sin importancia. La crisis demográfica no es algo que preocupe en Ferrol. Todavía hay quien lo fía todo a la carga de trabajo y al corte de chapa en los astilleros, tal vez porque no haya caído en la cuenta de que esos astilleros tendrán cada vez una plantilla menor. El empleo es un factor necesario, imprescindible, pero no suficiente para provocar un vuelco demográfico. Hace falta mucho más. Todo aquello que haga que un joven apueste por Ferrol cuando se le presente la oportunidad de conseguir el mismo empleo que en otra ciudad. ¿Es Ferrol un lugar atractivo para vivir?

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