Crisis, formación e implantación


Bendito sea el Dios que trae trabajo a los astilleros. Así me dijo una señora que envió a dos hijos al extranjero ante el riesgo de su exclusión social. Y añadió, ahora espero que vuelvan, aunque sea para desmantelar contenedores. Así están muchas familias ferrolanas desde que se abandonó el trabajo en los astilleros. Desde entonces vienen participando en todas las revoluciones que comienzan por las mañanas al poner un pie en la calle, esperando que las rebeldías de hoy puedan ser la normalidad de mañana. Pero hasta ahora no se transmutó la realidad, aunque la esperanza llegó el día de Santa Lucía, un rayo de luz iluminó el Consejo de Ministros de este Gobierno y dieron una expresa respuesta para acabar con esta ofuscación que llevaba camino de la mendicidad a gente de los mejores astilleros del mundo. Se construirán cinco barcos para el servicio de España, quedando atrás la apoteosis de la mentira que nos venían ofreciendo los inefables ministros de Defensa Morenés y Cospedal con sus dobleces a intereses particulares y manipulaciones, importándoles un bledo lo que pasaba en los astilleros.

Yendo al grano, Navantia desde tiempos de Bazán viene preparándose para grandes proyectos industriales, estando sometida a importantes transformaciones con el desarrollo de las nuevas tecnologías de fabricación e informática, y en la técnica de la robótica, que permite trabajar juntos a robots y operarios con la madurez necesaria para enfrentarse a los nuevos elementos que ahora incurren en la construcción naval. Y en todo ello incorporando a nuevos especialistas, e informando a empresas auxiliares de las nuevas teorías de producción. Así pues se abre en Navantia un nuevo y amplio abanico de posibilidades para crear empleo. Será un salto cualitativo y cuantitativo en el futuro de esta ciudad. Y a ver si nunca más Ferrol atraviesa un ajuste de cuentas tan largo en su tradicional construcción de barcos. Desde aquella frustrante reconversión parece que un afán de venganza terminó sin dejar asomar la cabeza a nuestra industria, mientras la demanda por la construcción de buques en el mundo en estos momentos es fortísima. Y como dice el presidente del sindicato mayoritario del astillero: durante este tiempo negro hemos ido escalando pequeñas cuotas de igualdad sin que se pueda decir que llegamos a la meta. Deseamos que la normalidad llegue cuanto antes.

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