Los hogares que llegan holgados a fin de mes vuelven a ser mayoría en la zona

Los vecinos de la comarca ingresan unos 99 euros más mensualmente que antes


Ferrol

Llegar a fin de mes holgadamente y con la cuenta de los ahorros en aumento es el sueño de todas las familias. Durante los años más duros de la crisis económica, solo en Ferrol más de 18.000 familias declaraban que tenían problemas para estirar sus recursos económicos y atender todas sus necesidades básicas. El panorama dibujado en la última Enquisa estrutural a fogares, publicada por el Instituto Galego de Estatística (IGE) -con datos al cierre del 2017- empieza a despejar las sombras y a mostrar cada vez más luces. Así, en las comarcas de Ferrolterra, Eume y Ortegal hay 40.138 familias que declararon no tener problemas económicos en su día a día, 4.666 más que en solo un año antes. La buena noticia es que constituyen el grupo más numeroso del total de hogares de los 20 municipios que conforman las tres comarcas. En concreto, suponen el 51 %.

Paralelamente a esta mejoría desciende el número de viviendas cuyos moradores tienen que hacer malabarismos con sus ingresos. No obstante, aún hay 38.523 hogares en los que los recursos no son suficientes. En 32.058 se declara que llegar a finales de mes implica dificultades, el 40,75 % del total, mientras que otros 6.465 (el 8,22 %) encuentran muchas trabas.

La mejoría económica de los vecinos de la zona va ligada mayoritariamente a la recuperación del empleo, después de haber pasado una década -y principalmente el lustro entre el 2012 y el 2016- en la que el cierre de empresas y los despidos colectivos habían estado a la orden del día. No obstante, los interlocutores sindicales no han dejado de insistir en los últimos tiempos en la precarización del mercado de trabajo. Muchos de los que tuvieron que enfrentarse al paro cuando la situación económica era más dramática, regresaron posteriormente al ámbito laboral con condiciones mucho más devaluadas. Los contratos de media jornada y los recortes en los sueldos fueron algunas de las consecuencias que dejó la crisis, por lo que los ingresos que se percibían en algunos hogares continuaban siendo bajos.

La encuesta publicada por el IGE manifiesta también que esta tendencia está empezando a cambiar. Así, si en el 2016 los ingresos medios por hogar se situaban en 1.965 euros, un ejercicio después se habían incrementado en un 5 %, llegando a los 2.064 euros. Después de muchos años de reivindicaciones en las que los sindicatos insistieron en la necesidad de que volvieran a crecer los salarios para reactivar el consumo, esas subidas están materializándose en algunos de los últimos convenios pactados. Es el caso de las firmas metalúrgicas y también de las compañías auxiliares del sector naval público, que han logrado actualizar los últimos acuerdos, que databan del año 2006.

La mejoría de las condiciones económicas también ha tenido una connotación clara en la reducción de la tasa de riesgo de pobreza y de exclusión social. En concreto, ha pasado del 24,03 % al 18,97 %. Se encuentran en esa situación las personas que presentan una carencia material severa y aquellas de entre 0 y 59 años que viven en hogares sin ingresos del trabajo o cuyas percepciones por sus tareas laborales son muy bajas.

Desaceleración económica

Habrá que esperar, no obstante, a conocer el balance del ejercicio que acaba de finalizar para evaluar si esta situación fue coyuntural, ya que los signos de desaceleración de la economía ya se han presentado, o se han sentado las bases para que continúe mejorando.

Ana y José Antonio viven con sus tres hijas en Mandiá
Ana y José Antonio viven con sus tres hijas en Mandiá

«No me arrepiento de vivir aquí»

Un leve repunte de mejoría en las familias

Á. Á

Después de irse a estudiar a Santiago, Ana Amado (41 años) y su marido, José Antonio (42 años), decidieron quedarse a vivir allí. Sin embargo, poco después, se decantaron por volver a su tierra, Ferrol. «Volvimos a Ferrol y, la verdad, no nos arrepentimos de vivir aquí. Claro que pensamos qué nos habría pasado si nos hubiésemos quedado allí, pero la familia y las raíces siempre tiran. Y a mí, por ejemplo, me anima ver el mar todos los días», expresa Ana. Tienen tres hijas: Sofía (13 años), Celia (11 años) e Inés (6 años), que van al Cristo Rey.

Eso sí, aunque el ánimo «empieza a subir, con cierta dificultad», pasaron por la misma crisis que la ciudad. Ella y su marido perdieron sus trabajos, ambos fijos, ya siendo familia numerosa. Por eso, a José Antonio no le quedó otra que irse a la ruta de camionero, primero a la internacional y, finalmente, por comodidad, a la nacional, en la que está ahora. Está claro que, cuando pueda volver a Ferrol -ahora, solo los fines de semana-, lo hará, pero por ahora la situación es «bastante regular», por el «poco trabajo», a pesar de que las estadísticas empiecen a decir lo contrario.

Lo que sí que están subiendo, añade, son las ayudas a familias numerosas, tanto a nivel municipal como autonómico.

Ambiente en la cafetería Bonilla
Ambiente en la cafetería Bonilla

Ánimo a base de carga de trabajo

Optimismo en cafeterías y restaurantes

ÁLVARO ALONSO

No hay café ni vino sin charla. Y en este momento de lo que más se habla en la hostelería ferrolana es de la carga de trabajo para los astilleros. Un tema recurrente que, parece ser, ha servido, con el encargo de las F-110, de revulsivo. «Inconscientemente, motiva a la gente a ser optimista y a estar más animada. Además, es una conversación que los que vinieron de fuera en Navidad trajeron en la boca», dice Alejandro Rañal, propietario de Bonilla, que tuvo clientela «a todas horas» en las fechas navideñas. El clima también ayudó, pero lo cierto es que a lo largo de todo el 2018 «hubo ambientillo».

Esto también lo notó la caja de A Vaca, en la calle Pardo Bajo, donde las sensaciones son «fantásticas». «Desde que abrimos no 2014, fomos mellorando todos os trimestres. De feito, para o Nadal estabamos máis que preparados e a clientela desbordounos», comenta el responsable, Xaime Sisto, que detalla que un 80 % de sus comensales viven en Ferrol. «A mensaxe actual é optimista, sen dúbida», concluye.

Y en la calle Real, el Lusitânia, otro referente, percibió que «el ferrolano que se queja está más discreto» y el que sobresale ahora es «el que aprecia lo bueno de la ciudad». En los últimos meses el cambio ha sido sustancial. Y lo de Navantia es una añadido a este buen estado de ánimo», dice Antón Salgado, el encargado.

Antonio Tostado, presidente de la Cocina Económica
Antonio Tostado, presidente de la Cocina Económica

Una necesidad que aún no cesa

Cocina Económica y Banco de Alimentos

Á. A

Son los indicadores de la pobreza más extrema en la ciudad, pero, no obstante, son una pieza más de la radiografía económica de la zona. Y en su caso, las cosas no han mejorado demasiado. La Cocina Económica registró en el mes de noviembre un pico histórico, de 125 comensales de media a la comida y 62 a la cena, algo que no había ocurrido ni en la época de crisis. En diciembre bajó un poco, a 118 y 57, respectivamente, pero sigue siendo un numero alto. «La situación es mala, aunque aquí es donde se nota más tarde una recuperación. Somos el último vagón», explica el responsable, Antonio Tostado.

Además, ahora aumentan la media cuatro familias que entre todas suman 16 miembros. «No obstante, es algo grave que aumenten los usuarios cuando la ciudad está perdiendo población», concluye Tostado.

Mientras, en la sede ferrolana del Banco de Alimentos Rías Altas tampoco detectan una bajada del número de personas necesitadas. «Incluso en el 2018 subió un poco, y se mantiene», apunta Manuel González, voluntario coordinador. Aportan víveres a diferentes oenegés que, ahora, tienen bajo su paraguas 4.266 personas de 1.124 familias. Lo que sí, celebran la subida de aportaciones del 17 % en la última Gran Recogida.

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