Los caprichos dulces de KeriCO, ahora también en la plaza de Amboage: «El que viene, repite»
FERROL CIUDAD
Tras emprender con una pastelería en Esteiro, Santiago Yáñez amplía el negocio con otro despacho en el 209 de la calle Real, donde antaño abría la peletería Boo
10 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Santiago Yáñez (Ferrol, 1994) iba para abogado, pero en el último curso de la carrera se dio cuenta de que lo suyo no era la toga, sino la chaquetilla de chef pastelero. «Nunca me había planteado dedicarme a esto, pero durante la pandemia del covid me metí como mucha gente en la cocina a hacer pasteles y ahí descubrí mi vocación», rememora. Cinco años después —y tras pasar por la prestigiosa escuela Le Cordon Bleu de Madrid y templos del buen yantar como Diverxo de Dabiz Muñoz en Madrid o el restaurante Disfrutar en Barcelona—, aquel aficionado al dulce del confinamiento se ha convertido en todo un maestro de la alta pastelería.
En Semana Santa se convirtió en emprender con la apertura de KeriCO en la calle Carlos III de Esteiro, donde cuenta con obrador y un despacho de venta al público. Y tan bien le han ido las cosas en este tiempo que hace apenas una semana amplió el negocio con la apertura de un segundo espacio en la plaza de Amboage, en pleno corazón del barrio de A Magdalena. «Estamos muy contentos porque en estos primeros días estamos vendiendo el doble o incluso el triple que en Esteiro y eso que allí la acogida también fue muy buena», comenta satisfecho Santiago, que ha abierto este segundo despacho en el mismo bajo en el que antaño abría la emblemática peletería Boo.
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El local transmite el sabor de otra época gracias a muchos elementos valiosos que se han conservado, como la espectacular puerta de madera labrada que da la bienvenida al visitante, los techos con molduras o un precioso suelo hidráulico. Y ese toque de elegancia y buen gusto se transmite también desde el expositor de la pastelería, donde tras el cristal se exhiben algunos de los caprichos dulces que prepara Santiago cada día con mimo junto a Joan Ollé, su mano derecha en el obrador de Esteiro: cruasanes, rolls de canela, tartas de tiramisú, queso o caramelo salado y café, pequeños pasteles «financieros», bollitos de salchicha con quejo y jalapeños... O unos flanes parisinos que hacen la boca agua. «Son la versión francesa de los pasteis de nata portuguesa», aclara Santiago.
Al preguntarle por los «best sellers» de sus dos pastelerías, no lo duda. «A los ferrolanos de toda la vida les gusta mucho el dulce y lo que más nos piden son los cruasanes y las palmeras», comenta el maestro pastelero. «El secreto del éxito —desvela a continuación— está en utilizar ingredientes de primera calidad y trabajarlos con mimo. El cruasán tiene que estar bien hojaldrado y elaborado con mantequilla de verdad y una buena harina».
Las dos pastelería de KeriCO cuentan con una carta fija de productos, pero cada semana van incorporando novedades, en función de lo que demanda la clientela. «A él le encanta innovar y sorprender, es muy creativo», comenta en un inciso Han, la novia de Santiago, que forma parte también del equipo de KeriCO y es a quien se debe el nombre del negocio. Y es que Han es china y pronuncia «¡qué rico!» con una «r» suave. A Santiago le hizo gracia cómo sonaba esa expresión en boca de su pareja y decidió bautizar así un negocio que en apenas tres meses ya va viento en popa.
«El que viene, repite», asegura. Y explica que, además de atender al público en los despachos de Esteiro y Amboage, KeriCO también sirve sus delicias a establecimientos hosteleros como la cafetería Platea de Ferrol o el club La Penela de Cabanas.
Mirando al futuro, Santiago se muestra optimista. Cuenta que le gustaría llevar la marca KeriCO también a A Coruña, con la apertura de una cafetería-pastelería en el Orzán, «aunque es un proyecto a largo plazo». Y al preguntarle si le hubiera gustado hacer carrera en Madrid, donde se formó y trabajó durante algún tiempo, responde veloz. «¡Ni hablar! En Ferrol se vive muy bien, tengo todo a mano y además estamos al lado del mar, que para mí es muy importante».