Carlos Alonso: archivero y bibliotecario de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol: «Hoy en día las bibliotecas son auténticos motores culturales»

Ramón Loureiro Calvo
ramón Loureiro FERROL / AGENCIA

FERROL CIUDAD

JOSE PARDO

Subraya la importancia de que los ámbitos en los que se custodian los libros sean auténticos «lugares para compartir»

01 dic 2025 . Actualizado a las 11:35 h.

Carlos Alonso Charlón (Ferrol, 1978), archivero y bibliotecario de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidade da Coruña, experto en Tecnologías Avanzadas para la Gestión y Documentación del Patrimonio Cultural y máster en Profesorado y en Community Management, ha sido directivo de la Asociación de Bibliotecarios de la Iglesia en España y es autor de un sinnúmero de publicaciones. Pero, por encima de cualquier otra cosa, es el custodio —vamos a decirlo así— y el alma viva del inmenso patrimonio documental y bibliográfico diocesano: de un tesoro que brilla con luz propia en la cultura hispana.

—¿De qué manera se puede acercar a la ciudadanía ese inmenso patrimonio?

—Sin duda, abriendo nuestros archivos y bibliotecas a la sociedad y dándonos a conocer a través de canales de difusión como pueden ser las redes sociales. No solo que el usuario venga a la biblioteca o al archivo por una necesidad concreta, como el caso de los investigadores, sino dando a conocer nuestra colección y su utilidad social. También, como el resto de bibliotecas, tenemos que apostar por dar cabida a otras actividades de tipo cultural o editorial, como presentaciones de libros, exposiciones, visitas guiadas, etcétera.

—¿Qué debe ser, y qué no debe ser, una biblioteca?

— El concepto de «biblioteca» ha cambiado mucho hasta llegar a nuestros días. Principalmente es un servicio público esencial, gratuito y reconocido como una infraestructura cultural, educativa y social clave para el desarrollo sostenible y las sociedades del conocimiento. Hoy en día las bibliotecas son los auténticos motores culturales de nuestras ciudades y contribuyen a la reducción de la brecha digital y a la igualdad de oportunidades. Ya no son aquellos centros de estudio o de silencio de antaño, sino lugares para compartir, formarse, disfrutar de un concierto o una conferencia. Ya en muchas bibliotecas, como es el caso de las de Barcelona o A Coruña, por ejemplo, se imparten desde cursos de cocina hasta talleres de robótica.

—¿Nuestra sociedad está dejando de dar a los libros el valor que realmente tienen?

—Los números dicen todo lo contrario: la lectura continúa creciendo como actividad de ocio en España. Así lo confirma el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024. El 70,3 % de la población de nuestro país reconoce haber leído por trabajo o estudios a lo largo del pasado año. En el caso concreto de los jóvenes, continúa siendo el sector de la población que más lee en su tiempo libre (el 75,3 % entre 15 y 24 años). Y si hablamos de bibliotecas, el número de usuarios no deja de incrementarse año tras año.

—¿Cuáles son las mayores joyas del patrimonio bibliográfico diocesano?

— Destacaría la Legenda Maior de san Francisco, un códice datado en el siglo XIII, es uno de los tres ejemplares que se conservan en España y en el que se narra la vida del santo, contada por san Buenaventura. Otra de las joyas de la biblioteca es una biblia políglota (conocida como la «Biblia Walton»), escrita en griego, persa, latín etíope, caldeo, siríaco, árabe, samaritano y hebreo. La edición que se conserva en Mondoñedo, de seis tomos, fue realizada en Londres entre 1653 y 1657 y forma parte de la colección de biblias del Seminario. Y por supuesto los veintidós incunables (libros impresos entre los años 1450 y 1501), que se conservan en perfecto estado y con certificado de autenticidad.