Samuel Paz: «El atletismo me amuebló la cabeza para vivir y emprender»

Campeón de España en 400 metros vallas en el 2012, estudió Humanidades y Antropología y ahora gestiona un coworking en Narón


Ferrol

Este joven de 29 años que me recibe sonriente en el café Beirut del Cantón no hace tanto tiempo que se colgaba medallas en las pistas de atletismo. En el año 2012 fue campeón de España de los 400 metros vallas, y a día de hoy todavía ostenta el récord gallego sub 23 en esa misma prueba, con una marca digna de Speedy Gonzales. «50 segundos, 9 décimas y 2 centésimas», puntualiza Samuel Paz Cidoncha, una de las estrellas de la reciente historia del Club Atletismo Narón. Seguramente muchos lo recordarán por aquellas gestas deportivas, pero Samuel es una auténtica caja de sorpresas y en sus ya casi 30 primaveras de vida ha tenido tiempo de hacer muchas más cosas que saltar obstáculos. Mientras todavía competía, estudió el grado de Humanidades en Ferrol y un máster de Antropología en Barcelona, y tras dejar aparcada su carrera deportiva, trabajó en lo que pudo aquí y allá -sobre todo como reponedor en grandes superficies comerciales- hasta que, hace ya casi dos años, cansado de empleos precarios y poco gratificantes, se lanzó a la aventura de emprender. Junto a su novia, Viviana Rodríguez, diseñadora industrial, en el 2018 abrió las puertas de 156 Coworking en Narón, un espacio donde casi veinte profesionales de 15 negocios han encontrado el lugar perfecto no solo para trabajar en lo suyo, sino también para colaborar, crear nuevas «sinergias» y poner en marcha nuevos proyectos de manera conjunta.

«Estamos muy contentos porque en el coworking se ha creado un ambiente de colaboración muy bueno y la gente que está allí hace lo que realmente quiere y le gusta», comenta satisfecho.

Pero esto que ahora suena tan idílico no fue nada sencillo al principio. «El proceso de reformar la nave en la que montamos el coworking fue muy bonito, porque queríamos crear un espacio agradable y muy cool, así que lo hicimos todo a nuestro gusto. Pedimos un crédito y los padres de mi novia también aportaron dinero y se sumaron al proyecto como socios. Pero tras, tras el subidón de la inauguración, nos vino el bajón de golpe, porque durante los cinco primeros meses solo tuvimos una clienta», rememora Samuel.

Aunque ya no compite, Samuel Paz sigue corriendo dos veces por semana y colaborando con su equipo cuando se lo piden. «Soy un soldado del club» , dice con cariño hacia sus compañeros
Aunque ya no compite, Samuel Paz sigue corriendo dos veces por semana y colaborando con su equipo cuando se lo piden. «Soy un soldado del club» , dice con cariño hacia sus compañeros

Por suerte, esos duros comienzos no le hicieron desfallecer. Y en eso tuvo mucho que ver su experiencia como deportista. «El atletismo me amuebló bien la cabeza para vivir... Y también para emprender. Me enseñó a tener constancia, a ser perseverante y a saber que, si te caes, tienes que levantarte y volver a intentarlo. También me enseñó que los objetivos no se consiguen en dos días. Yo empecé en atletismo a los 14 y me costó ocho años llegar a ser campeón de España», reflexiona Samuel. 

«Vicio» por los tatuajes

Mientras hablamos, se remanga el jersey y en su bíceps asoma entonces un llamativo tatuaje. «Tengo algunos más por los brazos y por el torso. El primero me lo hice en Turquía, cuando estaba de Erasmus, y ya no pude parar. ¡Es mi único vicio!», comenta mientras me muestra, en su costado derecho, aquel dibujo con el que se hizo adicto. Nada más y nada menos que una calavera con fez, el típico tocado turco. «Cada uno tiene un significado o me recuerda algún momento de mi vida», confiesa.

¿No tendrá este chico tan deportista algún «vicio» más? «Pues la verdad es que no. Hubo una época en que fui fumador social, pero ya no. Y tampoco salgo mucho. Antes no podía porque tenía que competir, y salir de marcha siempre le pasa factura al cuerpo. Y ahora que podría, tampoco lo hago... ¡Es que tengo mucho trabajo!», comenta entre risas.

Y es que eso es lo que tiene ser autónomo. La nómina no está asegurada y hay que trabajar mucho para pagar todas las facturas, además del IVA trimestral, el IRPF, la cuota de autónomo.... «En otros países apoyan más a las personas que quieren emprender. Cuando era atleta saltaba vallas, pero es que lo de ser autónomo también es una carrera de obstáculos», comenta con sorna echando mano de símil deportivo. Él ha conseguido emprender con éxito y mira al futuro con optimismo, aunque confiesa que es un «culo inquieto» y no puede asegurar si seguirá haciendo lo mismo en el futuro. «¿Que cómo me veo dentro de diez años? Me veo como padre, eso sí me gustaría, pero no sé si mi sitio estará aquí o en otro lugar», apunta Samuel, que se reconoce como un hombre «muy familiar» y al que le encanta compartir el tiempo con sus padres y su hermana.

Antes de la despedida, me cuenta que le apasiona leer, el cine clásico, y los videojuegos. Y para poner la guinda, suelta un alegato a favor de las Humanidades, la carrera que estudió. «La tecnología nos dice cómo construir las cosas, pero no para qué ni por qué. Por eso necesitamos las humanidades».

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