Sonsoles Ónega: «Me gustan las mujeres que lo arriesgan todo»

Su rostro es familiar gracias a su trabajo en televisión. Pero su nombre también se asocia desde hace tiempo a la buena lectura. Ahora acaba de recibir el premio Fernando de Lara por «Después del amor», un retrato de la psicología femenina.

.

Unida a Lugo desde niña, ya que de allí es su padre, el periodista Fernando Ónega, Sonsoles está espiritualmente ligada a Santiago «ciudad mágica», que eligió para casarse y a la cual dedicó su libro Encuentros en Bonaval. Pero en Después del amor (Premio Fernando de Lara 2017) la periodista y escritora se traslada a Barcelona para reconstruir el romance real de Carmen Trillo con Federico Escofet, jefe de los Mossos d´Esquadra, un amor leal y lleno de obstáculos que en medio de la Segunda República esta mujer adelantada y valiente llevó a las últimas consecuencias con el escarnio de esa época.

-¿Qué llevó a las hijas de Carmen a pedirte contar su historia después de tantos años?

-Sus hijas, Tomía y Cuyaya, y también una nieta, se pusieron en contacto conmigo porque creo que ellas siempre pensaron que su madre tenía una bonita historia de amor. No sé si querían tener su propio relato, si buscaban algunas piezas que le faltaban o si solo necesitaban desahogarse y contar todo lo que ellas habían sufrido. Pero me encantó cómo lo contaban y el amor que había hacia su madre.

-¿Crees que las movía algo más?

-Tenían necesidad de contar su historia pero durante todo el proceso de documentación de la novela se han ido enterando de cosas que no sabían. Una fue nada más y nada menos que las circunstancias exactas de la muerte de su madre y otras hazañas. Así que el libro ha tenido un fin terapéutico y les ha permitido cerrar el relato de su vida.

-¿Le habría gustado a Carmen leer su historia, ella que siempre intentó pasar desapercibida?

-Creo que sí, igual que les ha gustado a su hijas. Lo que yo he intentado es entender los motivos de una mujer para arriesgar y perder todo por amor. Un narrador no tiene por qué justificar a un personaje pero sí entenderlo al máximo y eso es lo que yo he hecho.

-¿Has completado con otros personajes femeninos su personalidad literaria?

-Siempre me han gustado ese tipo de mujeres que en un momento dado rompen con todo o arriesgan todo. La profundidad psicológica del personaje ha surgido del trabajo de construirlo y no de inspirarme en otro o repetir modelos sobre los que ya se han escrito. Isabel Archer en Retrato de una dama, de Henry James, también es una mujer que constantemente trata de ir contra lo establecido, es un espíritu libre; es uno de mis ideales literarios de mujer y de carne y hueso.

-Tú pudiste leer los cuatro folios escritos por Escofet donde confirmaba su amor por Carmen. ¿Qué se deja adivinar en sus palabras?

-Esos folios dan toda la veracidad a la historia. Aunque no se haya publicado en su biografía oficial, él quiso reconocer la importancia que tuvo Carmen en los episodios más dramáticos de su vida, como el viaje a Santa Catalina, y eso es lo que a mí me permitió reconstruir todo y decir que la novela está basada en hechos reales. Además son el único ejercicio de justicia que Federico Escofet hizo con ella al narrárselo a su biógrafo. Así colocó todas las piezas del puzle de su vida. Federico siempre dijo que lo primero que haría cuando llegara a Barcelona sería arrodillarse ante la tumba de Carmen porque Federico muere 47 años después.

-¿Ha cambiado la forma de amar de una época a otra?

-El amor es el amor con independencia de la época. Pero la liberación de la mujer nos ha hecho más libres y menos dependientes de un hombre. Hoy también hay historias poderosísimas de amor y por amor seguimos haciendo locuras, cometiendo errores y también muchos aciertos. Ahora solo es más fácil desamar o romper matrimonios pero es igual de fácil amar. Antiguamente, aunque estuviera legalizado el divorcio, como en la época de Carmen, el juicio de la calle era más estricto que la propia legislación.

-En esa época ¿bastaba solo alegar falta de amor para divorciarse?

-A Carmen, el marido la amenazaba con alegar adulterio y eso a ella le parecía terrorífico. Yo tengo la sentencia de divorcio en la que Carmen quedaba desposeída de todo derecho para pedir una pensión compensatoria y sobrevivir económicamente. Y también recoge cómo renunciaba a sus hijos, y pasaban la guardia y custodia al padre, aunque ella podía verlos. Por eso esta sentencia en el año 37 es bárbara. No sé si todos los casos serán iguales.

-La independencia catalana aparece ya en la Segunda República. ¿Qué paralelismos fuiste encontrando con las reivindicaciones actuales?

-Las sociedades no son las mismas. Cataluña en el año 30 venía de la dictadura de Primo de Rivera, que había hecho una política de aplastamiento de los nacionalismos. Ahora no. El preámbulo de la Cataluña de 2017 son 40 años de democracia. Ahora bien, lo que me gustó descubrir es que en 1931 cuando Cataluña lanza su primer pulso territorial a la República hubo diálogo político y un empeño en no dilatar las cosas. Tres ministros de la República se plantaron en Barcelona para encauzar esa situación y lo consiguieron. Pero Cataluña en el 34 se vuelve a divorciar de España. Así que es una historia de idas y venidas pero solo la podrá solucionar el diálogo, no una sentencia.

-Conseguido el Premio Fernando de Lara, ¿te ves obligada a no fallar en la siguiente novela?

-Sí, siento esa responsabilidad pero espero que se vaya diluyendo. Me hace mucha ilusión y es un paso importante en mi carrera literaria después de cuatro novelas en las que también puse lo mejor de mí. Porque en cada libro das lo mejor que tienes en ese momento. Pero esta es probablemente la más dura, compleja y ambiciosa.

-Muchos periodistas de la televisión se quejan de que el medio permite escribir poco. ¿Llenan tus libros tu sed de palabras?

-Sin duda, porque en el informativo apenas llevo tres párrafos: 25 segundos reales. No es nada si además tienes que resumir una investidura o una moción de censura. Entonces sí, tenemos sed de palabras y el folio en blanco te garantiza que te sacies, que bebas hasta hartarte.

-Como reportera parlamentaria, ¿ves entre los políticos posibles novelas?

-Para novelar me tendrían que dejar bucear en la psicología de todos los personajes que habitan el hemiciclo porque el día a día está en los periódicos pero lo que no está es qué siente esta gente, cómo construye sus pensamientos, cómo suben a la Tribuna cuando hay una portada que los acusa de corrupción. Todo eso sí me podría interesar. Yo creo que tenemos un 5% solamente de ellos y de lo que realmente pasa. Vivimos entre la abundancia informativa pero estamos más desinformados que nunca.

-¿Hay una parte oscura en la información parlamentaria?

-Oscura es una palabra peyorativa pero no conocemos el 100% de todo lo que pasa, por mucho que lo creamos y que la transparencia se empeñe en decirnos que lo que vemos es lo que hay. Yo creo que hay parte de negociaciones que no sabemos, intenciones políticas que desconocemos, motivos que de verdad no se nos cuentan.

-En tu blog denuncias muchos temas, como el azúcar en la alimentación.

-Me preocupan las desigualdades silenciosas, las que no se ven: la alimentación y la educación. Todavía los niños no van a escuelas bilingües reales, no están aprendiendo las herramientas que les permitan vivir en un mundo tan tecnificado como lo será en su futuro, y me preocupa que no esté habiendo grandes debates sobre el modelo que necesitamos para ellos.

-Y en tu Twitter dejas constancia de las opiniones de los políticos sobre la gestación subrogada. ¿Cuál es la tuya?

-No la tengo. Pero es una encrucijada importante para la sociedad y hay que reflexionar bien sobre este asunto. Me gustaría esperar a las enmiendas de todos los partidos para ver si entre todos son capaces de hacer una ley que satisfaga a todos porque ambas posturas tienen algo de razón. Pero la mayoría parlamentaria no quiere hacer nada.

-También apoyas apostar por las mujeres, lo que llamas slow chance, un cambio lento.

-Sí, porque todavía somos un mundo emergente. La mujer aún no se ha estrenado en muchos cargos de responsabilidad y facetas de la vida que siguen copadas por hombres, como el puesto de presidenta del gobierno. Cuando veo que el LGTB ha conseguido parar un país o una ciudad, me pregunto: ¿por qué las mujeres, no? A las mujeres nos falta ese punto lobbista con el que siempre han actuado los hombres contratándose unos a otros. Ya controlamos el 80% del consumo y esto nos da un poder inmenso y si un día nos pusiéramos de acuerdo para decidir que tal marca no merece estar en el carrito de la compra, acabaríamos con ella. Pero las industrias saben que nos falta tiempo para acceder todas a la misma formación e información.

-¿Quién es la parlamentaria más sagaz y valiente en este momento?

-Me gusta la vicepresidenta por el poder que tiene, porque no le tose nadie y porque puso de manifiesto eso en lo que yo creo: que los derechos son derechos y no obligaciones cuando tuvo a su hijo y decidió que el tren de la Moncloa pasaba una sola vez en su vida y lo cogió. A veces pienso que lo cogió para todas, no solo para ella, pero esto es muy literario y no lo he hablado con ella. Y también me gusta Irene Montero (Podemos) muy joven, fresca, con ganas y que recientemente se ha ganado el respeto de periodistas y políticos en la Tribuna.

Votación
1 votos
Comentarios

Sonsoles Ónega: «Me gustan las mujeres que lo arriesgan todo»