El placer de ir más allá de Murakami

Íntimas canciones de amor son interpretadas por solistas con un amor en común

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Hiromi Kawakami. Si el nombre no les dice nada, deberían hacer algo. Leer, por ejemplo, El cielo es azul, la tierra blanca, haiku-novela de un amor sin edad ni tics de serie. Leer y extrañarse al volar con los pies en la tierra. Este es el mérito de su autora, darnos la experiencia del vuelo sin despegue, bien plantados sobre el asfalto de la realidad cotidiana, aparentemente anodina e insignificante.

Hiromi Kawakami. Puede parecer que las letras de Haruki Murakami se han revuelto como fichas de Scrabble. Pero no. Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) tiene un nombre propio, muy suyo. Es una de las autoras más populares en Japón, y su estilo, singular, por más que la comparación con el clásico candidato al Nobel florezca en el campo de la crítica.

No es novedad que hay vida, buena vida literaria más allá del Tokio de Murakami. Banana Yoshimoto (con su mágica Kitchen), Yoko Ogawa (tremendo perderse en La residencia de estudiantes, las matemáticas como vía de escape vital en La fórmula preferida del profesor) o la surcoreana Han Kang (premio Man Booker con La vegetariana, novela de terror insólita que devora certezas) son una muestra.

En Los amores de Nishino, Kawakami nos da, de nuevo, una sorpresa. Delicadeza de acero. Origami, lluvia fina, parfait de chocolate, calabazas dulces, viento en la hierba, un beso a destiempo, un plantón, tensión, música. La novela es una historia de pequeñas canciones interpretadas por solistas con un amor en común. Nos violentan por su intimidad, crudas y refinadas, con un erotismo de alto riesgo que no busca el impacto primario de la pornografía, sino el golpe emocional en pleno centro, la desazón existencial. Estos Amores de Kawakami tienen la melodía entre extraña y familiar de las baladas que oíamos silbar a los vecinos.

La novela supone el regreso al escaparate de novedades de Hiromi Kawakami tras ilustrarnos sobre la sustancia común, y evanescente, de los Amores imperfectos y conmovernos con El cielo es azul, la tierra blanca. Los amores de Nishino no es tan buena como esta, pero también brilla, tampoco se pliega a lo social y políticamente correcto, evita la condescendencia, victimizar o ensalzar a la mujer para ofrecer verdad, literatura.

La autora suma miles de lectores y premios como el Pascal, el Akutagawa, el Woman Writer’s o el Tanizaki y vuelve con una pregunta fiel a su estilo: «¿Qué demonios será el amor?». Explícita ya en la primera página de Los amores de Nishino y que está de fondo en cada una de las historias que despliega este abanico de voces de amantes de Nishino, el protagonista, el centro de la sutil, sugerente, silenciosa y seductora trama de Kawakami, de una sensualidad fatal, sin lacitos. ¿Existe Nishino, es el seductor de carne y hueso marcado por una tragedia familiar que va triste de ti entre mujeres que lo aman... o es más el fantasma de un deseo irrealizable?

Es tremendo el potencial de la parsimonia. Y un placer sentarse, ver más allá de Murakami, perderse en las preguntas, dudas y recuerdos de las mujeres que hablan sobre Nishino. Ser un funambulista en el hilo narrativo de Kawakami. Oirán el ritmo secreto de las cosas, su oscuridad, sus pormenores, el interior de las sensaciones que a menudo no rebasan la barrera del silencio.

«Siempre hago el amor por una cuestión de pura curiosidad», dice una de las amantes de Nishino. Y él: «Los culos femeninos están frescos. Es un placer tocarlos, me encantan». El mujeriego, una madre adúltera, una ejecutiva autómata o una lesbiana infiel se confiesan en este libro que no es para todos los públicos. Sí para quienes están con el poeta en eso de que la belleza no proporciona dulces sueños, sino insomnio.

«LOS AMORES DE NISHINO»

HIROMI KAWAKAMI

EDITORIAL

ALFAGUARA

202 páginas,

18,90 euros

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El placer de ir más allá de Murakami