Las dos Españas, juntas y revueltas

«El verano de nunca acabar»


AUTOR MARGARITA MELGAR

EDITORIAL HARPER COLLINS

288 páginas, 17 euros

Con Sinatra de fondo, el Cheek to cheek invitando a deslizar los pies y un ojo al filón de Ochos apellidos vascos ha urdido Margarita Melgar una sátira fresca de verano. Y al alimón, porque Margarita Melgar son, en realidad, dos, Ana Sanz y Montse Ganges, que reivindican el Nobel de la Paz (qué salás) por haber conciliado las ya históricas dos Españas a golpe de humor de pura cepa. Las intenciones son buenas y esta segunda novela de la Melgar no está mal, es audaz, desaforada y refrescante... como entre vermú y vermú tirarse a la piscina. Tiene gracia que en serio nos cueste Dios y guerra entendernos y que, en cambio, vengan los gags de la risa floja a descompresurizar las presiones de cabina y conciliar polos como la izquierda caviar y la derecha ultramontana. Quizá una broma gamberra pueda arreglar la historia.

Entre Santamarías con ristra de apellidos y Ochoas con rastas se cuece a fuego vivo El verano de nunca acabar, que arranca en la residencia Parquenuevo, «pero por un desafortunado diseño de las letras se leía ‘Pardehuevo’». Con el entierro de una ilustrísima, la condesa viuda de Vega de Patos, y un psiquiatra librepensador, el Caballero de la Legión de Honor Carlos Ochoa, pareja inconcebible que «muere de amor» a sus 80 (¡en la flor de la vida!), se inicia un viaje ruidoso, chusco y despendolado con referencias a Felipe II, E.T., María Dolores Pradera o Tinder. Las dos Españas entierran el rencor en este cómicnovela con un insólito lugar de vacaciones: Alhorín del Cerro. Entren en La Chamusca, y a leer que son dos días.

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