Zahara: «Estaba hasta el moño de la chica dulce»

No era una desconocida, pero «Astronauta» la ha puesto en órbita. Con 20 festivales por delante, entre ellos el Portamérica, llega a Galicia de la mano del ciclo Escenarios Vibra Mahou


Lo de Zahara era la crónica de un éxito anunciado. Me lo avisó un acreditado visionario, Kin Martínez, cuando la trajo en el 2009 al Cultura Quente. Ha habido que esperar diez años para que el augurio se cumpliese en plenitud. Pero vaya si se ha cumplido. Astronauta ha situado a Zahara en la órbita de las más grandes compositoras y cantantes de pop independiente de este país. Con una propuesta que trasciende lo musical y lo estético para hurgar en los instintos más primitivos y en las emociones más complejas. Y es que de eso está hecha ella, de algún equívoco y de mil y un contrastes.

­-Por cierto, este verano, diez años después regresas al festival de Caldas.

-Tengo un increíble recuerdo de ese festival. No solo porque fue mi primer festi. Actuar en aquel bosque era algo mágico.

­-¿Contigo se ha puesto fin a la era de las cantautoras lánguidas?

-Aquello tuvo su parte positiva, pero fue un lastre. Los periodistas fuisteis muy vagos. Somos mujeres y tocamos la guitarra pero también había grandes diferencias entre nosotras. Yo estaba de aquello de la «chica dulce» hasta el moño. Por fortuna hoy ya me llaman no para cantar Con las ganas sino La bestia cena en casa.

­-¿Cuántas veces has saltado a ese vacío del que hablas en «El diluvio universal»?

-Si me preguntas en frío cómo soy te diría que muy pragmática, muy ordenada, que busco siempre la estabilidad... Pero a la par tengo una parte kamikaze y no paro de lanzarme a la nada. No es fácil pero ambas tienen que convivir en mi cabeza.

­-Esa dualidad también está presente en tus letras. Hay mucho reconocimiento de desamor, pero al final acabas con un «muy bien, pero ahora que te jodan».

-[Se ríe] Ese desamor que te mata lo vives con tus primeras pasiones. Pero aunque duela y te bloquee, se supera. Aceptas la derrota y con el tiempo te das cuenta de que el que se acabase fue lo mejor.

­-Dices que con el tiempo se reirán de nuestra generación. ¿Por qué?

-Porque somos una generación de transición a muchos niveles: profesionales, emocionales, tecnológicos... Somos la generación bisagra, que empezó rebobinando las cintas de casete con un boli y ha acabado no teniendo que memorizar ningún número de teléfono porque los llevamos todos en la agenda del móvil. Cuando las nuevas generaciones echen la vista atrás creo que de nosotros dirán: «Joder, estos pobres estaban perdidísimos».

­-De tu hijo de 2 años, en «El astronauta», dices: «Solo quiero ayudarle a ser un buen hombre». ¿Qué entiendes por ser un buen hombre?

-Ahora mismo es tan buen hombre que lo que pienso es ¿cómo puedo hacer para conservar esto, para no ensuciar esta pureza? Es honesto, expresa lo que quiere, es empático con todo el mundo... Su felicidad es como muy sencilla. Y me gustaría que fuera así siempre. Pero la generación de mi hijo va a ser complicada para los hombres. Que está bien, ¡eh! Que ya os toca. Sé que un día mi hijo me preguntará qué tiene de malo ser niño. Y ¡uf! cómo explicarle sin contaminar su cabecita que es porque muchos hombres antes que él fueron malos. ¡Qué difícil! Es mi gran reto como madre. Lo pienso mucho.

­-Dices que verte «disfrazada» de astronauta en el escenario te hace empoderarte. ¿Es necesario el disfraz?

-Lo que quiero decir es que en mi casa yo no soy estrella de nada. Soy María Zahara Gordillo Campos. Pero cuando me subo al escenario soy una puñetera diosa. Y tengo que serlo durante dos horas. Ni un minuto antes ni un minuto después. Y para eso sí que necesito ayuda. Podría ser una diosa en chándal. Pero si me pongo un mono brillante, me maquillo, me pongo ondas en el pelo y unos increíbles botines rojos a los que llamo los botines que follan solos, pues me va a ayudar. Me refería a eso, no al hecho de un disfraz como escondite.

SANTIAGO MALATESTA JUEVES 7, 21.30 ENTRADAS AGOTADAS

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