Gorka Urbizu (Berri Txarrak): «Me esperan días complicaditos»

El grupo vasco ofrece mañana su último concierto en Galicia antes de su anunciada disolución, con todas las entradas vendidas desde hace meses


Las malas noticias (berri txarrak en euskera) llegaron el pasado 12 de diciembre. El trío de Lekumberri anunciaba en un comunicado que había decidido poner final a su trayectoria en el 2019. «Necesito parar y tomar distancia: así de simple y complicado», explicaba Gorka Urbizu, voz, guitarra y alma de Berri Txarrak. Han sido 25 años de carrera siempre ascendente en los que han marcado hitos que se presumían absolutamente inalcanzables para una banda de rock que se expresa en euskera.

-¿De qué es de lo que más orgullosos os sentís de estos 25 años?

-Es una pregunta complicada. Al final nosotros nos hacemos a un lado pero las canciones quedarán ahí, vivas cada vez que alguien las escuche. Son más de 100 y solo espero que al menos algunas aguanten bien el paso del tiempo. Creo que hemos hecho las cosas a nuestra manera, que no siempre fue la más sencilla. Con eso me quedo.

-¿Y alguna espinita clavada?

-La verdad es que no. Si de algo estamos orgullosos es de haberlo intentado todo. Lo decimos en una canción: tenemos la determinación del más valiente de los cobardes.

-También ha habido momentos duros: censura, boicots, suspensión de conciertos… ¿Queda ahora rencor de algo de aquello?

-Rencor no. Si acaso la rabia de ver que, por desgracia, hay cosas que no cambian y que queda mucho por hacer. Los músicos trabajamos con material delicado, material que tiene poder transformador y que hay que mimar en estos tiempos de involución.

-Son muchos los grupos que renuncian a cantar en un idioma minoritario porque consideran que les cierra puertas. ¿Qué le diríais desde vuestra experiencia?

-No entro en razones comerciales. Me parecen tan lícitas como cualquier otras. Para mí la clave a la hora de cantar y escribir es la naturalidad. Nada te garantiza el éxito, y menos cantar en una lengua u otra. Es un error en el que caen muchas bandas. Hay muchos factores, pero esto va de canciones, trabajo y actitud. Y sobre todo de disfrutar del camino más que obsesionarse con que llegue la gloria.

-En el comunicado de despedida hablabas de «desgaste emocional y físico». ¿Qué ha sido lo que más te ha desgastado?

-Lo que me lleva a pulsar el pause es saber que con Berri Txarrak cada vez me cuesta más enfrentarme al folio en blanco: dar con un concepto, llevarlo a cabo, no repetirme, componer, grabar, girar... Y hacerlo a medias sería engañar al público. Las despedidas siempre son jodidas, pero es un lujo aparcar este proyecto por voluntad propia y no porque a nadie le interesa lo que haces o no te hablas con el resto del grupo. Ahora mismo, mi instinto me pone ante la paradoja de que para crecer como músico tengo que aparcar el que ha sido el eje de mi vida. Necesito seguir creando y haciendo cosas de otra manera. Seguir con esa búsqueda constante, que es lo que mueve y conmueve al artista. Al fin y al cabo todo final es el comienzo de algo nuevo y yo, al menos, pienso seguir haciendo canciones.

-También decías que tratarías de evitar la nostalgia. ¿Es una peligrosa compañía?

-La nostalgia es inherente al ser humano y por lo tanto algo muy lícito. El problema es cuando uno se estanca. Hay que hacerle frente a esa inercia.

-¿Qué echarás de menos tras el último concierto?

-Uff, me esperan días complicaditos. Berri Txarrak me aporta muchísimo y ese vacío, por muy voluntario que sea, será complicado de llenar.

-«Jaio. Musika. Hil» (Nacer. Música. Morir), el título del quinto disco. ¿Eso es todo?

-No es mal lema, pero probablemente debe de haber algo más.

??? SANTIAGO CAPITOLSÁBADO, 20.30ENTRADAS AGOTADAS

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