Don Patricio: «Visto así y no tengo tatuajes porque no me gusta lo típico»

El autor de la canción española más escuchada en Spotify en el 2019 actúa el domingo en el ciclo Terraceo de Vigo, con todo ya vendido


Para nada responde Patricio Martín Díaz (El Hierro, 1993) al arquetipo ni del rapero que fue, ni del reguetonero que aspira a ser. Con sus gafitas redondas, su raya al medio y su pinta de modoso, cualquiera podría pensar al cruzarse con él que es un chaval de lo más corriente. Y quizá lo sería. Si no fuese porque sus canciones acumulan más de 130 millones de visualizaciones en YouTube o porque su Contando lunares fue el tema más escuchado en Spotify en España durante el 2019.

—Lo de no responder al canon estético, ¿fue algo natural o premeditado?

—Ahora empieza a ser premeditado pero al principio fue natural. Los estereotipos no me gustan. Ni en lo musical ni en lo estético. No me gusta sonar típico ni hablar de lo típico. Por eso yo ni tengo tatuajes ni piercings, ni visto como los raperos.

—Primero fuiste rapero y ahora reguetonero. De hecho has dicho en alguna ocasión que el reguetón necesitaba un rapero. ¿Cómo entiendes esa fusión?

—Las letras del reguetón parece que siempre van de lo mismo. Todas las canciones son de ponerte a bailar y pasarlo bien con una chica. Y a mí, pues me gusta hablar de otros temas. Y pensé que por qué no meterlos también en el reguetón, que es una música que entra más fácil que el rap. A eso me refería, a que el reguetón necesitaba otro flow. Todos los artistas latinos se parecen mucho entre ellos mientras los raperos cada uno es de su padre y de su madre. Y creo que llevar esa variedad al reguetón lo puede hacer más rico.

—No tienes pudor en mostrar en tus letras sentimientos como la tristeza o la melancolía. Eso tampoco es muy común en esos géneros. ¿De dónde nace?

—De la soledad. De estar tú solo en tu casa. En la vida también hay momentos en los que te surgen problemas y hablar de ellos en las canciones no lo veo mal.

—¿Manifestar esos sentimientos en una canción tiene algo de terapéutico?

—Sí, total. Sobre todo componerlas. Ahí es cuando tú te estás dejando la piel como artista. Cuando esa canción está grabada y con su videoclip, ya es otra cosa, ya es un producto. El verdadero sentimiento surgió al componerla.

—Parafraseando el título de tu disco, ¿qué es lo más duro «en la vida de un joven rapero»?

—Estar sin tus amigos y sin tu familia. Yo el año pasado vi a mis padres siete días. Es lo poco que puedo decir que no me gusta de esta vida. Aunque la fama tampoco es algo que me agrade, es llevadera. Yo no estaba preparado para sobrellevarla pero poco a poco voy descubriendo que también tiene cosas buenas

—Por ejemplo, ahora te tientan las discográficas pero tú sigues renegando de ellas. ¿Por qué?

—Yo he conseguido las cosas por mi cuenta, gracias a Internet y a los medios que tenemos hoy en día. No he necesitado una gran discográfica que apostase por mí y metiese dinero en mi proyecto. La canción más escuchada en España el año pasado no tuvo promo ni tuvo nada. Fue una canción grabada por unos amigos en su casa, que la subieron a YouTube y ya está.

—A ver si al final va a resultar que eres un indie.

—No, yo no soy un indie porque yo hago música comercial y así lo admito. Pero mi pensamiento sí que es indie. Yo no necesito gastarme 50.000 euros en una canción para que funcione. No se trata de dinero.

—En enero, tras una polémica por unas declaraciones tuyas en una entrevista, te fuiste de Twitter, ¿has vuelto?

—No, tío. Lo cerré y hasta ahí. En Twitter la gente no habla más que gilipolleces.

—¿Te cortas en lo que dices desde entonces?

—Sí, en las entrevistas ahora me tengo que cortar. Hay algunos periodistas que intentan llevarte a su terreno y politizarte. Y yo nada más que hago música.

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