Luz Casal estrena canción y marquesado: «Cuando tienes suerte en la vida, la tienes que compartir»

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Luz Casal estrena marquesado y canción.
Luz Casal estrena marquesado y canción. CEDIDA

Marquesa de Luz y Paz, la artista de Boimorto se enfoca ya en el disco que publicará el próximo octubre. «El marquesado no me ha cambiado nada la vida. Ni tiene remuneracion económica ni sirve para evitarte la cola en el aeropuerto», asegura

25 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

De condición humilde, mil veces demostrada, asume Luz Casal con una dosis pareja de orgullo y de normalidad y, por momentos, incluso con humor su condición de marquesa de Luz y Paz. «No me ha cambiado nada la vida. Ni tiene remuneracion económica ni sirve para evitarte la cola en el aeropuerto», comenta entre sonrisas. Su lista de prioridades se focaliza ahora mismo en el disco que publicará el próximo octubre, del que hace unas semanas publicó un primer adelanto.

—¿Cómo tenemos que tratarte ahora?

—Pues como siempre. No varía nada. No deja de ser un premio y yo los premios, desde el más modesto al más inesperado como este, los recibo con el mismo respeto y con la misma gratitud. En este caso, el título, además de a esa especie de excelencia musical, obedece a otras razones. Sé que tiene también algo que ver el Festival de la Luz y mi manera de involucrarme en la fragilidad y la debilidad de los demás. Eso fue algo que aprendí con el ejemplo de mi madre. Cuando tienes suerte en la vida, la tienes que compartir.

—Cuando se anunció lo del marquesado, confesaste en un post que eras una mezcla de perplejidad, alegría, pudor y agradecimiento. ¿Cómo van los porcentajes de esos sentimientos?

—Siguen igual porque, como estoy muy atareada con el álbum, no me da tiempo a pensar en otras cosas. Aunque sí que a veces me pasan cosas que me hacen gracia. El otro día en Alicante se me acercó un señor mientras estaba almorzando y me dijo: «Solo la quiero felicitar, señora marquesa». Vaya, pues vale.

—¿Por qué elegiste marquesa de Luz y Paz?

—Luz no solo es mi nombre de pila, tiene un significado muy amplio. Y Paz, en homenaje a mi madre y porque es algo muy necesario. Tener la luz y la paz en el mismo título me parece que le da plus. Podía haberme puesto marquesa de Boimorto, pero igual algún vecino se ofendía o le parecía mal. Así que hui de los lugares y de nombres que pudieran afectar a otras personas que podían estar de acuerdo o no.

—Vamos allá con la actualidad musical. Acabas de publicar «Todo cambia». ¿Por qué escogiste esa canción como adelanto de tu nuevo disco?

—Mi primer propósito era hacer un disco de versiones para darle importancia a mi faceta de intérprete, de cantante pura y dura. Pero después fui transformándolo. En cualquier caso, Todo cambia es una canción que a mí siempre me llamó la atención. Me parece muy actual. Que es lo que tienen las grandes canciones, que da igual su género o el año en el que se hayan compuesto.

—La frase central de esa canción es: «Que yo cambie no es extraño».

—Si eres una persona inquieta, en el sentido de querer vivir la vida, tienes que dejarte llevar. Hay que darle oportunidad a la vida para poder descubrirla y que eso te pueda provocar una cierta felicidad. O si no felicidad, que es una palabra muy grande como para agarrarla así como así, pues que tengas un cierto disfrute.

—Cuando hablamos de evolucionar siempre pensamos en añadir algo, pero cambiar, muchas veces, supone desprenderse. ¿Qué has dejado tú atrás voluntariamente?

—Yo cada vez simplifico más mi vida. Siempre recuerdo una frase que me dijo el doctor la primera vez que me vio cuando tuve el cáncer. «El tiempo es finito», me dijo. Y a partir de ahí he sido muy consciente de que efectivamente lo es y que hay ciertas cosas que vas añadiendo por nihilismo o por apatía, que no forman parte ni de tu gusto ni de tu carácter. Yo creo que lo mejor de la experiencia vital es que vas quitando cosas que te disgustan y potenciando las que sí te gustan. De ahí viene, por ejemplo, darle importancia a algo tan esencial para mí como es la amistad y no perder el tiempo con gente con la que no tienes sintonía, por lo que sea.

—A lo largo de tu carrera también has ido evolucionando mucho lo musical. ¿Qué has ido cambiando en tus gustos?

—Yo no diría que he ido cambiando, he ido ampliando. A mí lo que me estimula es tener, si no la certeza, sí una cierta garantía de que no estoy repitiéndome. Para mí es esencial sorprenderme y eso pasa por meterte en berenjenales inauditos. Cuando acepté hacer las dos canciones para la película de Almodóvar, yo era la rockera nacional y no me despeiné en aceptar cantar una canción como Un año de amor o Piensa en mí. Para mí eso era un riesgo, una aventura, y quería meterme en ella. Y así hasta el día de hoy. No tengo por qué tener una imagen fija. ¿Por qué voy a vestirme todo el rato de cuero si me apetece ponerme una faldita de algodón? Y eso, si lo traslado a lo musical es exactamente lo mismo.

—Siempre dices que tu música no entiende de géneros, pero ¿qué nos vamos a encontrar en noviembre en ese disco?

—Habrá dos intenciones o dos actitudes que tienen que ver con las canciones que son versiones y con las que son originales. Eso me permite reflejar dos caras: aquellas canciones que elijo porque a nivel interpretativo me seducen y aquellas que corresponden a mi presente y que tienen mi sentir, mi palpitar, mi yo puesto ahí.

—De tu anterior álbum, «La ventana de mi alma», dijiste que era tu disco más impúdico. ¿Lo será también este?

—Hay una letra demoledora y muy macarra. Y acuérdate de lo que te estoy diciendo. Pero luego también hay un fijarme en aspectos que tienen que ver con los demás..., salir un poco de mí. Es decir, está la macarra, la de me importa todo un carajo, y la que ve lo que hay a su alrededor. Yo considero que una de mis..., podría decir hasta virtud, es que soy una persona observadora. Eso me viene muy bien para mi trabajo, porque puedo no solo imaginar, sino ponerme en la piel del otro. Y en ese sentido, en este disco hay una presencia mayor del mundo y menos del yo.

—Así que macarra... Pues dicen que con los años te vuelves más conservador.

—La experiencia vital te da una cierta seguridad en cosas que sabes que no te gustan, aquellas que te hacen perder el tiempo o que te mosquean. Y vas quitándolas. Llega un momento en el que dices: «Pues no, no me gusta esto». Y antes pensabas: «No voy a decir que no me gusta, porque me acaban de invitar». Se imponía una cierta corrección. Ahora ya no. Cuando es no, es no. Sí, cada vez soy más macarrilla.

—En tus redes te he visto en fotos con Paul McCartney, Elliot Murphy, Francisco Leiro, Luis Gordillo... ¿Eres mitómana?

—Lo que soy es agradecida de poder conocer a la gente a la que admiro. Yo antes de conocer a Leiro, lo admiraba. Antes de que me abrazara Paul McCartney, te puedes imaginar... Más que mitómana, soy una ferviente admiradora de la gente que me gusta.

—¿Y cuando te piden fotos a ti?

—Yo casi nunca me niego. Generalmente, por no decirte siempre, la gente se acerca a mí con muchísimo respeto y me dice cosas preciosas. Así que a mí no me cuesta ponerme a su lado, aunque esté recién salida de la ducha y me haya puesto lo primero que haya cogido. Considero que mucho de mi trabajo tiene que ver con lo que significas para la gente y es una manera de corresponder a su lealtad, a que te escuchen, a que te aprecien. Así que yo no me niego, ni me enfurruño, ni tengo a cuatro rodeándome para que no se acerquen. No, ese tipo de actitud no va conmigo.

—También has colgado recientemente un post en el que, junto a un libro, aparecen dos libretitas rojas con una serie de notas y un boli lila. ¿Qué anotas en esos cuadernitos rojos?

—Pues mira, ahora mismo estoy en mi estudio y te voy a contar el número de libretas que tengo sobre la mesa. Tengo la más actual, una agenda del año pasado porque estoy escribiendo una cosa y necesitaba tener referencias, una de las libretas del disco, la libreta de los conciertos, la libreta de la grabación, la agenda de este año y otra más... Siete en total. Siempre ha sido así desde que me acuerdo. Y aunque, obviamente, también escribo en el teléfono o en el iPad, siempre tengo papelitos. Imagínate, cuando voy a dormir se me ocurre algo, lo apunto en un papel y al día siguiente lo bajo para apuntármelo en la libreta correspondiente. Además tengo la sana costumbre de no tirar el papel así como así. Es una manera de memorizar. Está comprobado que no recuerdas igual lo que tecleas que lo que escribes a mano. ¿Te acuerdas de aquello que nos ponían como castigo en el colegio de escribir 500 veces no sé qué? Pues yo lo hago ya de manera natural.

—No podemos despedirnos sin hablar del Festival de la Luz de este año.

—Creo que tenemos un cartel extraordinario con gente que acude haciendo un esfuerzo en todos los sentidos. Intentamos no ser la réplica de nadie, tener nuestra personalidad. Y esa personalidad consiste en tener una representación lo más amplia posible de todo tipo de expresiones y de géneros, en darles mucho espacio a los músicos gallegos, intentar sorprender con la aparición de alguien y provocar a la gente eso que ha sido, es y será —por lo menos mientras yo esté aquí— el propósito fundamental del festival: que la gente se reúna como en una romería o en una verbena. Que se lo pasen bien, que estén a gusto, confortables, que no haya porquería a su alrededor y, en el caso de los críos, hacer una especie de magisterio de lo que musicalmente hay para que se acostumbren a ver y escuchar música de todo tipo. En el Festival de la Luz nunca hay peleas ni heridos. Y esa armonía es la que queremos mantener. Y luego, por supuesto, que todo eso revierta en la cantidad que entregamos a una causa solidaria. La satisfacción que yo tuve el día que entregamos el cheque a la asociación de enfermos de ELA (Agaela) es una de las cosas más extraordinarias que me han pasado en lo que llevamos de año, por no decirte en la vida.