Nada es importante, ni siquiera el amor

Mercedes Corbillón

FUGAS

La escritora Sibila Freijo fotografiada en un mural de Magistrado Manuel Artime en A Coruña.
La escritora Sibila Freijo fotografiada en un mural de Magistrado Manuel Artime en A Coruña. ANGEL MANSO

Sibila Freijo hace una clasificación de los hombres como animales en función de cómo se comportan en la intimidad de una cama en «Ponme otro vino que aún te veo feo»

01 may 2026 . Actualizado a las 21:27 h.

Cuando Sibila Freijo estaba escribiendo su último libro se preguntó qué es el amor, una de las cuestiones cuya respuesta perseguimos sin alcanzarla, más bien orbitamos en torno a ella como satélites. En función de la cara del astro que estemos contemplando nuestra respuesta es una u otra. Ante la duda y, aunque llevaba ya el texto muy avanzado, le lanzó la consulta al ChatGPT, que contestó: «El amor es una ficción poderosa que a veces se vuelve verdad. Es un acuerdo emocional para cuidarse, desearse y mentirse lo justo para que la vida no resulte insoportable». Caray. Estaba inspirada su IA ese día, la mía me acaba de dar una respuesta vulgar, anodina hablando de procesos biológicos, emociones y vínculos de apego que resultan de esa mezcla de química y decisión personal. Menudo aburrimiento de respuesta. Se ve que una está alimentada con Shakespeare y los cineastas de la nouvelle vague y la otra con textos sin chispa ni imaginación.

En Ponme otro vino que aún te veo feo, Sibila nos lleva de paseo por la imposible vida amorosa de una mujer que sale de un matrimonio que fue feliz hasta que se acabó. Queda un ex, de los buenos, que conviene tener siempre a mano, aunque sea para vivir escenas que podrían haber sido filmadas por Rohmer en una esquina de Chamberí.

Unos años de citas surgidas de aplicaciones de internet dan para reírse mucho, llorar no nos apetece y a la narradora lo de facturar se le da regular. Puede que un par de ostras sea lo más que ha sacado de sus amantes. Eso y estar en la cartilla de un piloto de Iberia. Tampoco está mal. Su clasificación de los hombres como animales en función de cómo se comportan en la intimidad de la cama es despiadada, inteligente, descacharrante, igual que el catálogo de cosas que no creeríais, desde el tipo que le pidió que le chupara el ojo hasta el que la cambió por un chuletón. Claro que era de Ávila y eso hace que empaticemos un poco con el individuo. El deseo sexual puede que haya cambiado de bando y, al menos en lo heterosexual, no hemos encontrado el equilibrio. Como dice la protagonista, que se mira con tan poca compasión como a sus compañeros de cama, qué más da. Nada es importante. Ni siquiera el amor.