Llegó a casa y dijo: «Me han despedido»

Miles de trabajadores viven con la amenaza de quedarse sin su puesto de trabajo en los próximos meses; varios cientos de miles ya vivieron esa experiencia antes


Miles de trabajadores viven con la amenaza de ser despedidos en los próximos meses (Alcoa, Vodafone); varios cientos de miles ya lo fueron antes. Todos llegaron a casa y dijeron: «Me han despedido». Uno de estos últimos es Juan Andrés Vila, que trabajó en Inespal (hoy Alcoa-San Cibrao) cuando aún pertenecía al INI. A sus 71 años recuerda cómo un 5 de enero recibió una carta en la que le comunicaron su salida de la empresa. No lo esperaba. Estaba en casa, donde el disgusto fue tremendo. Recuerda el llanto de su mujer. «¡Estábamos tan bien!», dice. Y también a sus tres hijos de 13, 10 y 6 años. Este último no era consciente de lo que estaba ocurriendo, pero sí el mayor. También el mediano, que lo plasmó en una redacción del cole.

Vila tiene en su memoria su tarea como coordinador de la central de vapor de la factoría, por la que recibía un sueldo allá por 1987 de 170.000 pesetas netas al mes (más de mil euros). También recuerda su trabajo como secretario del comité de empresa, desde donde se descubrió que se desviaba dinero «igual que los casos que se destapan ahora con los partidos políticos». Su despido fue un mes después de que embarrancara el Casón en la costa de Fisterra, en diciembre del 87. El buque llevaba más de mil toneladas de productos tóxicos e inflamables al tocar el agua. Por un tema político, se decidió llevar varios bidones a la fábrica, lo que provocó que los trabajadores salieran en estampida por miedo. «Nos culparon al comité de la parada de 500 cubas de electrolisis y alegaron que tuvimos mala fe contractual», explica, aunque hoy sigue pensando que la empresa logró capear las pérdidas de un contrato que tenían con Japón. Los despidos afectaron a todos los miembros del comité de empresa. Vila se trasladó a Narón con su familia. Allí volvió a encontrar trabajo.

Tanto A. M. como L. C. están casados y tienen hijos. A los dos los despidieron hace unos meses. Al primero de una empresa de telemárketing de A Coruña y al segundo de la empresa de la ORA de Vigo. En ambos casos sus mujeres los apoyaron; les dijeron que no se preocuparan, que estuvieran tranquilos porque saldrían adelante. Los dos recuerdan el momento del despido perfectamente. Como si hubiese sido ayer. A A. M. lo llevaron a un despacho y alegaron que tenía muchas bajas médicas (se había hecho un implante dental que se complicó con un rechazo). A L. C. lo fueron a buscar media hora antes de su salida y lo guiaron a la sede de la empresa, donde estaban siete compañeros: «Nos acaban de despedir», le dijeron. La compañía alegó causas objetivas. Él cree que fueron a por él, y a por sus más próximos. Desde aquella pasó por el hospital, donde celebró las Navidades. Su corazón se inflamó y no funciona al 100 %. Su mujer le pide tranquilidad. Nada más.

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