¿Dónde buscan talento las tecnológicas gallegas?

La coruñesa Hack a BOS convoca una nueva edición de su «bootcamp» tras el éxito de la primera


Redacción / La Voz

Se los rifan. Ávidas de programadores, las empresas gallegas del sector de las TIC demandan los servicios de Hack A BOS esperando a la hornada de profesionales que, adiestrados en las últimas tendencias de desarrollo web, ágiles en los nuevos lenguajes de programación, saldrán frescos al mercado laboral la primera semana de mayo. Serán solo 20, muy pocos para una demanda elevada y exigente por concreta. La debutante academia coruñesa acaba de inaugurar su primer bootcamp -cursos que en 16 semanas preparan a cualquiera (no requieren ni formación ni experiencia previa) para las necesidades reales que demandan las empresas tecnológicas, incapaces de encontrar perfiles que se adapten a sus exigencias- y ya casi ha cerrado las matrículas del segundo, igual de intensivo y con la misma duración. Las nuevas clases, también de programación, arrancarán el próximo 18 de febrero: «Decidimos poner en marcha una segunda formación porque la primera despertó un interés enorme, tanto por parte de los solicitantes de plaza como de las empresas». El grupo estará integrado esta vez por 20 alumnos. Solo quedan cuatro plazas por cubrir.

Así, esta primavera, los dos primeros bootcamps de Hack A BOS habrán colocado a 40 profesionales en un mercado con elevados niveles de inserción laboral y con ofertas que, en muchos casos, rondan los 30.000 euros brutos al año (y, de ahí, en adelante). Las empresas de la comunidad -«compañías muy potentes», confiesa Brais Rodríguez, responsable de Márketing de la entidad privada- ya «se han pedido» a más de cien de sus chicos. «Somos conscientes de que no vamos a poder cubrir tanta demanda».

Con este panorama, Hack A BOS garantiza una atractiva oferta formativa. «Desde el segundo mes, se empiezan a hacer mini proyectos con tecnologías de las empresas con las que tenemos firmadas colaboraciones -explican desde allí-. Esos trabajos se suben a una plataforma desde la que las propias compañías siguen cómo avanza cada alumno. Después, estos empezarían a hacer unas prácticas en la empresa a media jornada». ¿Quién elige a quién? Las firmas, pero también los alumnos.

Expertos en recursos humanos de esta academia que aspira a convertirse en un centro tecnológico de referencia se encargan de encajar los perfiles y de hacer un seguimiento constante. «No queremos que sean mano de obra barata, esa no es la finalidad, queremos que el alumno aprenda y haga proyectos de desarrollo o investigación de productos que esté desarrollando la firma, no de productos que tengan una venta». Las solicitudes para entrar en el bootcamp tampoco son pocas, y de perfiles muy diversos: con formación y sin ella, de todas las edades y -revelan, entusiasmados- también de mujeres. En el primer curso hay solo cuatro chicas. En el segundo, la presencia femenina ha aumentado: son casi la mitad.

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