Galicia perderá más de 56.000 negocios de autónomos en 5 años por jubilación

La comunidad necesita generar 5.000 afiliados netos para hacer sostenible el sistema


redacción / la voz

Galicia pierde población sin remedio. Mueren más de los que nacen. También en el colectivo de trabajadores por cuenta propia. El profesional autónomo, ese que nunca enferma ni se coge vacaciones, envejece; y la falta de relevo amenaza con poner en riesgo la propia sostenibilidad del RETA, el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos.

Tomando como referencia la base datos de la Seguridad Social a diciembre del 2018, el resultado es que en España 7 de cada 10 autónomos personas físicas superan los 40 años, y más de 700.000 (el 7 % del total) superan los 57 años.

En Galicia, comunidad que peina más canas que ninguna otra, la situación es peor: solo el 26 % de los autoempleados es menor de 40 años y, lo más preocupante, la cuarta parte del colectivo afiliado (suma 210.643 altas, al cierre del mes de abril) tiene ahora 57 años o más., una situación que podría disparar el gasto en pensiones de este colectivo en los próximos años, según advierten desde la organización de autónomos UPTA.

Esto quiere decir que de aquí a los próximos 5 años, más de 56.000 autónomos gallegos se jubilarán, y con ellos se acabarán gran parte de estos negocios, ya que la mayoría no tienen ni empleados ni sucesores para dar continuidad a la actividad.

Eduardo Abad, secretario general de UPTA sostiene que el gasto en el pago de las pensiones en el RETA se encarecerá en más de 1.000 millones de euros anuales y llegará a pasar de los 20.000 millones en el 2026.

Según sus cuentas, en España se necesita un crecimiento mínimo de 20.000 autónomos netos cada año para que el sistema de pensiones sea sostenible. Esto es, que reducir la diferencia entre lo que se recauda en el régimen de trabajadores por cuenta propia, unos 12.000 millones anuales; y lo que se gasta, casi 19.000 millones.

En el caso de Galicia, el número de altas netas necesarias se eleva a 5.000, según Abad, una cifra difícil de alcanzar, sobre todo si se tiene en cuenta el ritmo acelerado de destrucción de empleo autónomo que se viene registrando en Galicia de forma continuada en los últimos dos años.

Comparando los datos más recientes, es fácil constatarlo: en abril del 2017 la comunidad contaba con 213.356 trabajadores por cuenta propia. Al cierre de abril del 2019, la cifra había caído hasta los 210.643, es decir, 2.716 autónomos menos en solo 12 meses, con el sector primario, la industria y el comercio, como principales actividades de destrucción de autoempleo.

Autoempleo bonificado

Y eso a pesar de que las facilidades para capitalizar el paro e incentivos como la tarifa plana (ahora de 60 euros de cuota a la Seguridad Social) han lanzado a muchos jóvenes a la aventura de montar un negocio en el últimos año. Solo en Galicia, desde que se creó esta bonificación al emprendimiento, en el año 2013, hasta diciembre del 2018, se registraron 86.300 altas al régimen de autónomos.

Pero la realidad de las estadísticas muestra que el régimen de autónomos, entendido como fórmula de autoempleo, no garantiza estabilidad laboral. Todo lo contrario, ya que el 80 % de las actividades que se emprendieron con esta ayuda han causado baja.

«No podemos seguir inmersos en incentivos que se solapan entre Administraciones, ni continuar con esta locura colectiva por tratar de fomentar el autoempleo a base de subvenciones sin que se analice mínimamente la viabilidad de las mismas», advierte Abad.

«Me dio para comer toda la vida, ojalá siguiera funcionando»

m. s. d.

José Luis Pardo quiere jubilarse. Está aguantando más de la cuenta porque le gustaría que el negocio especializado en reformas de cocinas que montó en el barrio coruñés de Castrillón hace 36 años siguiera funcionando cuando él se retire. Tiene 73 años, y sigue al frente de su establecimiento -en el que llegaron a trabajar 9 personas-, esperando que los anuncios de traspaso eviten que acabe echando el cierre definitivo.

José Luis no tiene relevo en la familia para continuar con el negocio. Asegura que su actividad sigue siendo rentable, y garantiza una buena cartera de clientes, pero por ahora no ha habido suerte. ¿Qué es lo que falla? «No soy el más indicado para opinar, pero me da la impresión de que la gente que está en edad de pelear no lo hace. Este negocio me ha dado de comer toda la vida y sigue haciéndolo. Da para dar de comer a una familia bien», asegura. El empresario coruñés teme que el impacto de la crisis vivida haya generado miedo entre los jóvenes. «Tienen miedo a arriesgar y que les pueda salir mal, y es comprensible. Pero yo si fuera hoy joven volvería a repetir», afirma. «Estoy pidiendo 50.000 euros de traspaso por un negocio con clientela, producto en exposición y electrodomésticos. Estoy facturando y me duele cerrar. Estoy luchando y sigo al frente para que esto quede funcionando y dé para mantener a otra familia, como ha dado para la mía», asegura. «Es una pena. No hay buenas ofertas de trabajo para los jóvenes y muchos negocios rentables se están perdiendo por miedo», afirma.

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