El almacén que explotó en Tui escondía más de una tonelada de pólvora y combustible

El nitrato de potasio y azufre clandestinos podrían haber causado una tragedia mucho mayor

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M. Moralejo
TUI / LA VOZ

En el almacén clandestino que saltó por los aires a las 16.20 horas del miércoles en Tui había más de 1.500 kilos de sustancias explosivas. Treinta horas después de que el polvorín estallase, llevándose por delante la vida de dos personas y una decena de casas del barrio de A Torre (parroquia de Paramos), la investigación apunta a que la dimensión de la tragedia pudo ser mucho mayor.

En el galpón próximo a otras viviendas había suficiente nitrato de potasio y de azufre como para preparar más de una tonelada de pólvora. La mezcla no es igual en todas las pirotecnias, pero las cantidades igualan a las que se utilizan en el municipio valenciano de Paterna, donde es tradición quemar mil kilos de pólvora para lanzar los 70.000 cohetes de su cordà, o en algunas de las mascletàs típicas de las fiestas de las fallas.

La Voz llega a la zona cero de la explosión de Tui El suelo, lleno de escombros, está salpicado por las varillas que se usan en las bombas de palenque

La onda expansiva de la pólvora es muy grande, de ahí el elevado número de construcciones destruidas en un radio de 300 metros y que afectase hasta 800. «Los daños son superiores a los que preveíamos inicialmente. Según los arquitectos municipales, hay unas sesenta viviendas muy afectadas, algunas que ya no existen y otras con impactos importantes», confirmó en el lugar el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo.

En el almacén había además muchas cañas y tubos, así como una importante cantidad de combustible, tanto gasolina como gasoil. Los investigadores pretenden determinar si también había actividad en el galpón. De hecho, se encontraron algunos productos ya terminados, pero aún no se ha podido precisar si se fabricaron en este almacén ilegal o si solo se guardaron allí. Serán los tédax de la Guardia Civil los que aclaren estos extremos, así como la cantidad exacta del material depositado en el lugar. Agentes de este cuerpo especializado seguían trabajando ayer en la zona cero de la explosión, para asegurarla y evitar nuevos riesgos para los más de 250 miembros de los servicios de bomberos, emergencias sanitarias y 061 desplegados en la zona.

El detenido, Francisco González Lameiro, volvió ayer a Tui. El dueño de la pirotecnia La Gallega fue conducido por la Guardia Civil hasta el cuartel a media mañana para proseguir con la instrucción de las diligencias. Después fue trasladado de nuevo a la Comandancia de Pontevedra, donde estaba previsto que pasase la noche. Hoy por la mañana será puesto a disposición judicial en Tui. Al arrestado se le imputan delitos de homicidio imprudente, estragos y daños por imprudencia, por tener, supuestamente, un almacén clandestino.

Una persona que ayer estuvo en la parroquia y que trabajó en una pirotecnia familiar durante muchos años hizo una valoración muy clara a la vista del cráter de más de treinta metros de diámetro que hay en el centro del escenario. «Si la zona fuera llana y no hubiera este arbolado, las consecuencias habrían sido aun más graves. Habrían volado también todas las casas de la parte de abajo», indicó este vecino de Ourense.

La luz del día no acabó con la mayor pesadilla que ha sufrido el municipio de Tui, especialmente para las 33 familias que tuvieron que dejar sus casas y que hoy han pasado su segunda noche repartidas entre hoteles y viviendas de familiares. «Estábamos mejor ayer que hoy, porque el primer día no te das cuenta de que te has quedado sin nada, aunque al menos estamos vivos», confirmaba a primera hora uno de los desalojados, Jaime Bugallo.

Estaba en el centro cultural de Guillarei, espacio habilitado por el Concello de Tui para concentrar la atención a las víctimas y a sus familias. Allí se recibía poco después de las diez de la mañana la peor noticia de la jornada. Un equipo canino de rastreo había localizado el cuerpo de la segunda víctima mortal en la misma casa en la que unas horas antes fue hallada la madre de dos niños a los que consiguieron evacuar. Los pequeños, de 9 y 13 años de edad, que ayer por la tarde seguían hospitalizados en el Álvaro Cunqueiro de Vigo, han quedado huérfanos. Los muertos son sus padres: Abdelkhalek El Bouabi Hailas, de 56 años y Ezzoura Bouadel, de 45. El servicio de protección de menores se ha hecho cargo de los dos niños, que, al igual que otras víctimas del siniestro, están recibiendo ayuda psicológica. Fueron ellos mismos los que advirtieron a la Guardia Civil de que sus padres podrían haber muerto a causa de la potente explosión.

La lista de afectados por daños sumaba a última hora de ayer 263 vecinos. Una decena de familias han perdido sus casas con todas sus pertenencias dentro y hay otras cincuenta que, de momento, no podrán volver a las suyas. A media tarde de ayer, una vez que la Guardia Civil y los bomberos aseguraron la zona, se les permitió acercarse a las casas. No había palabras, solo miradas y voces enmudecidas ante un panorama desolador. «Ni siquiera puedo reconocer la zona», dijo una de las afectadas ante la montaña de ruinas a la que tuvo que enfrentarse. Otras personas pudieron recoger algunas pertenencias, pero también sufrieron el impacto de ver deshechos sus hogares. La Xunta ha abierto una línea de ayudas específica para las víctimas y asesoramiento legal. Vecinos de Tui llenaron la despensa del centro cultural con ropa, alimentos y plásticos.

La tragedia de la familia Hailas

J. Romero/ M. Moralejo / M. Torres
La tragedia de la familia Haulas La comunidad musulmana está preocupada por el futuro de los niños, de 13 y 9 años, que se quedan huérfanos

La comunidad musulmana está preocupada por el futuro de los niños, de 13 y 9 años, que se quedan huérfanos

El sueño español de Abdelkhalek el Bouabi Hailas y Ezzoura Bouadel acabó en el mismo instante que les cayó la casa encima y perdieron sus vidas. El matrimonio marroquí, de 56 y 45 años, residía en Tui desde el 2007, tenía nacionalidad española y deja dos huérfanos: Ilyasse, de 13 años, y Bilal, de 9. El primero, herido en la explosión, alertó a los servicios sanitarios de que sus padres podrían haber muerto en la explosión. El apellido de él, Hailas, daba nombre a la familia en su comunidad social. «Los niños siguen hospitalizados, ni ellos saben aún la magnitud de lo ocurrido. Es una tragedia que todavía empiezan a asimilar», relata Noureddine Eljabraoui, compatriota, amigo y vecino de los fallecidos: «Vivo a 400 metros de su casa, la mía también está destrozada. Ni entrar podemos».

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