«Veíamos entrar camiones desde hace meses»

La zona cero presenta un aspecto bélico, ruinoso. La explosión apenas dejó nada en pie en un radio de cien metros

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TUI / LA VOZ

Sonia y Roberto conservan sus vidas, y a su familia, de milagro. La que era su vivienda, a 20 metros del polvorín clandestino, se desplomó con sus hijos y sobrinos dentro. «Convivimos con la muerte mucho tiempo. Aquí [en referencia a la pirotecnia] veíamos entrar camiones desde hace meses, llevaban mercancía. Sabe Dios qué tenía ahí dentro», dice Roberto a pocos metros del cráter. Sonia añade: «Está claro que algo había, furgonetas se veían, incluso la de la empresa pirotécnica. Pero nunca piensas que puede tener semejante cantidad». Lo denuncian los mismos padres que tienen hospitalizada a su hija con quemaduras graves: «Los médicos dicen que al ser joven puede regenerarse el tejido».

Tui a vista de dron, un cráter lunar tras la explosión Imágenes aéreas captadas tras saltar por los aires una pirotécnica recogen con detalle la devastación provocada por la deflagración.

El comentario es generalizado en el barrio de A Torre. En la finca entraban vehículos industriales para dejar o transportar género pirotécnico. La magnitud de la explosión y sus destrozos son la mejor prueba. El perímetro del cráter, provocado por la detonación, tenía este jueves tres accesos vetados. Bordeando uno se llega a Talleres San Juan, que linda con la pirotecnia. Del taller no queda nada. Solo escombros, vigas, cristales y un gran manto de varillas para bombas de palenque que se expande por la zona. En la propiedad anexa se consumó la catástrofe. Dos excavadoras trabajan, pasadas las tres y cuarto de la tarde, para descartar que el número de víctimas mortales aumente y recoger las secuelas de la negligencia. En las casas que rodeaban el polvorín, más de lo mismo. En otras próximas, el perito de una compañía de seguros se despide de Óscar Maceda: «Tengo otros 15 clientes que visitar en la zona, le llamo en unos días». Maceda, dueño de una cerrajería, cuenta su caso: «Fue igual que un terremoto, partió por la mitad el taller».

A Suso, más que la pérdida de su casa, le perturba que su hija no arrastre secuelas psicológicas. La niña mantuvo ayer su rutina. Igual que otros críos de la escuela de Guillarei, todos hicieron la excursión prevista: «Recorrieron el río Miño con la patrulla fiscal de la Armada». La casa de Suso es una de las 60 que presentan fallos estructurales: «Demasiada inseguridad para volver. Allí solo quedan recuerdos de la vida que tenía. Y esa ya no vuelve».

El almacén que explotó en Tui escondía más de una tonelada de pólvora y combustible

MÓNICA TORRES/ Javier romero / M. Moralejo
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El nitrato de potasio y azufre clandestinos podrían haber causado una tragedia mucho mayor

En el almacén clandestino que saltó por los aires a las 16.20 horas del miércoles en Tui había más de 1.500 kilos de sustancias explosivas. Treinta horas después de que el polvorín estallase, llevándose por delante la vida de dos personas y una decena de casas del barrio de A Torre (parroquia de Paramos), la investigación apunta a que la dimensión de la tragedia pudo ser mucho mayor.

En el galpón próximo a otras viviendas había suficiente nitrato de potasio y de azufre como para preparar más de una tonelada de pólvora. La mezcla no es igual en todas las pirotecnias, pero las cantidades igualan a las que se utilizan en el municipio valenciano de Paterna, donde es tradición quemar mil kilos de pólvora para lanzar los 70.000 cohetes de su cordà, o en algunas de las mascletàs típicas de las fiestas de las fallas.

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