Los eucaliptos «no» son invasores, aunque sí se benefician de los incendios

El Gobierno responde en el Congreso que no hay evidencias ni consenso científico sobre una expansión incontrolada

Los eucaliptos rebrotan en una de las zonas arrasadas por los incendios del pasado octubre, Chandebrito
Los eucaliptos rebrotan en una de las zonas arrasadas por los incendios del pasado octubre, Chandebrito

redacción / la voz

Hablar del eucalipto suele terminar en discusiones apasionadas. Y este debate científico-político parece haber tenido lugar también en la Administración del Estado. En una respuesta a una pregunta parlamentaria de la diputada Alexandra Fernández (En Marea), fechada el pasado 20 de julio, el Gobierno explica que, pese a las recomendaciones del comité científico asesor para introducir tres especies de eucalipto (globulus, nitens y camaldulensis) en el catálogo de especies exóticas invasoras, la solicitud fue finalmente rechazada. La petición argumentada fue remitida en su momento a la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural, que valoró el dictamen científico, pero también otros informes «de diferente índole». «Este órgano colegiado tomó la decisión de no proponer la catalogación de estas especies», se asegura en la contestación oficial del Ejecutivo.

Precisan también que las recomendaciones científicas -en referencia al dictamen favorable a que se considerara una especie invasora- «forman parte de la información requerida para realizar el trámite de inclusión de especies en el catálogo», dando a entender que no es un informe vinculante. De hecho, parece que hubo otro más decisivo -contrario a la inclusión- de la Subdirección General de Política Forestal, que atestiguaba que se trata de una especie controlada y que no se distribuye de una forma indiscriminada.

El Ejecutivo, no obstante, sí se inclina a considerarla una especie pirófita, en el sentido de que son variedades «adaptadas para sobrevivir a grandes incendios o en zonas con incendios recurrentes, viéndose favorecida su reproducción por el fuego». La conclusión sobre este punto es clara, y coincide con las investigaciones realizadas en Australia, donde el eucalipto es una especie endémica: «En el caso de algunas especies de eucalipto, está demostrado que presenta estrategias para poder germinar o rebrotar y competir con el resto de especies después de un incendio».

En Australia, donde hay más de 600 especies de eucaliptos, se demostró que muchas de ellas se ven amenazadas por otras que, al calor de las llamas, se apropian de zonas que no eran sus ecosistemas habituales. Incluso se determinó que había una serie de especies con corteza fibrosa cuyos fragmentos impulsados por el fuego favorecían la extensión de los incendios.

No obstante, la autoridad medioambiental española incide en que hay «muchas especies», tanto autóctonas como alóctonas, «con cierta afinidad al fuego, del que obtienen ciertas ventajas competitivas». Y pone el ejemplo del alcornoque, el pino marítimo o el tojo.

Pirófita, pero no invasiva

Pese a esta constatación, su esencia como especie pirófita «no le atribuye impactos negativos ambientales de manera directa y no existe consenso científico que demuestre que las citadas estrategias le asignen una ventaja real a largo plazo respecto al resto de las especies que componen el cortejo florístico existente en Galicia». Es decir, se benefician de los incendios por el rebrote rápido, pero esa característica por sí sola, según el Gobierno, no la convierte en una especie invasora, de acuerdo con las conclusiones que se manejaron para no incluirla en el catálogo, donde sí están, por ejemplo, la mimosa o la hierba de la Pampa, muy comunes también en Galicia.

Asegura la autoridad medioambiental, ahora con el nombre de Ministerio para la Transición Ecológica, que no existen evidencias científicas del carácter invasor de los eucaliptos. Considera que la extensión que ocupan actualmente es consecuencia de las plantaciones realizadas por los propietarios de los montes, «por lo que no existe riesgo de expansión incontrolada». De hecho, niegan que se pueda hablar de un modelo de monocultivo del eucalipto en España. «Sencillamente, ese modelo no existe», concluye el Ejecutivo.

¿Es este árbol el culpable de todos los males del monte? En pleno debate sobre si el eucalipto supone o no una amenaza, hablamos con productores, autoridades y expertos sobre esta especie. ¿Qué consecuencias tendría para Galicia que el eucalipto estuviese incluido en el catálogo de especies invasoras?

Lo curioso es que el Gobierno explica que la decisión de no incluir las tres variedades de eucalipto en el catálogo «no guarda relación con intereses económicos de ningún sector, ni empresas papeleras ni propietarios de montes», sino con la falta de evidencias y de consenso científico que avalen su posición como especie invasora.

Las posiciones, no obstante, siguen y seguirán polarizadas. Recientemente, el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes emitió un informe para cuestionar el carácter invasor de los eucaliptos. Se basaba principalmente en el tamaño de sus semillas y su capacidad dispersiva, muy poco propensas a extenderse de forma natural. Mientras, grupos ecologistas como Verdegaia continúan con sus «brigadas deseucaliptizadoras», grupos de voluntarios que retiran esta especie en zonas sensibles. El día 22 lo harán en Froxán, Lousame, donde retirarán rebrotes de eucalipto en una zona con robledales.

El Ejecutivo no cree que la especie fuera responsable de la ola de fuegos

El debate sobre el eucalipto siempre estuvo presente en la sociedad gallega, pero se encendió aún más con la llegada de la especie «nitens», prohibida en Asturias y capaz de colonizar zonas del interior con bajas temperaturas a las que no llegaba el «globulus». Pero sobre todo a raíz de la oleada de incendios de octubre del año pasado. El fuegos se propagó con una rapidez inusitada, según distintos sectores ecologistas y científicos, por las plantaciones incontroladas y desordenadas de eucaliptos. El Gobierno «no comparte que el eucalipto fuera el responsable de la expansión rápida de los incendios en Galicia». «Desde la experiencia en extinción de incendios -añaden-, se considera que el principal factor para su rápida propagación fue la fuerte intensidad del viento, junto con la orografía».

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