El hombre clave del ADIF en Angrois: «Asumo como propios los errores del sistema»

Un alto cargo de Renfe admite que no se formó al maquinista tras la alerta de peligro sobre
la curva de Angrois, pese a que en el juzgado aseguraron que habían reforzado la formación


Redacción

El ingeniero Alfonso Ochoa de Olza Galé es la historia viva de la alta velocidad española. Dirigió la obra del AVE Madrid-Sevilla y más tarde participó en buena parte de las líneas que vinieron después, incluida Santiago-Ourense, donde se produjo el accidente del Alvia que dejó 80 muertos y 144 heridos. Como director de Explotación y Desarrollo de Infraestructura, confluyeron en él tres decisiones claves: la reforma del proyecto que dejó sin protección -sin ERTMS- la curva de Angrois, la decisión de desconectar este sistema de seguridad en el Alvia, que conoció de primera mano, y la no aplicación del análisis de riesgos completo -con un informe de un evaluador independiente- del entorno de la curva donde se produjo el descarrilamiento. Alfonso Ochoa, uno de los cuatro cargos que comparecieron en la comisión de investigación del Congreso, defendió este miércoles estas decisiones, aunque quizás se mostró más templado que en su declaración judicial como testigo.

«Creo que en la línea no falló nada, aunque en el conjunto algo tuvo que fallar para que sucediera esta desgracia», dijo. Sobre la decisión de cambiar el proyecto y explotar la línea en ancho ibérico, aseguró que desconoce quién o quiénes tomaron esa decisión. «Entiendo que no se tomó en el ADIF. De siempre estas decisiones se toman en los niveles más altos», dijo sin mencionar a Fomento, algo que sí hizo en su declaración judicial. En un contexto en el que se dirimen responsabilidades políticas fue mucho más cauto. Eso sí, negó presiones para acelerar los trabajos e incluso aseguró que al explotar la línea en ibérico se podría haber adelantado la puesta en servicio, prescindiendo de las obras en el último tramo.

Para Ochoa, el hecho diferencial fue el factor humano, los 100 segundos en los que el maquinista, por una llamada telefónica, estuvo «fuera de la realidad». ¿Y el resto de los actores del sistema?, le preguntó Gabriel Rufián (ERC). No eran conscientes, dijo, del riesgo de la curva. «No era consciente de ese riesgo, si lo hubiera sido habría aplicado una medida mitigadora», confesó. Rufián le recriminó lo injusto que era cargar todas las culpas sobre el maquinista. «¿No va a hacer autocrítica?», le preguntó. «Asumo como propios los errores del sistema», contestó Ochoa.

Por su parte, el director general de Seguridad de Renfe, Cecilio Gómez, cuestionó la fórmula elegida por el jefe de maquinistas de Ourense para avisar del riesgo que suponía la curva, en un correo que envió en diciembre del 2011 a su superior y que llegó a una decena de cargos de la operadora, aunque algunos ni lo leyeron. A preguntas de Alexandra Fernández (En Marea), devaluó la coartada que Renfe expuso en el juzgado para explicar qué medidas se tomaron después de conocer el aviso. Aseguraron entonces que intensificaron la formación de los maquinistas, pero Cecilio Gómez confesó que el conductor del Alvia accidentado no estaba entre ellos.

Otro de los comparecientes, Antonio Gutiérrez, exdirector de Explotación del ADIF, apenas tuvo que ver en la gestión de la línea, pero insinuó que cuando el exministro José Blanco aseguraba que era una línea de alta velocidad «quizás era el típico anuncio para quedar bien».

José Manuel Galindo, subdirector de Vía del ADIF, explicó que curvas como las de Angrois son relativamente habituales en las entradas de las ciudades.

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