Uno de los asaltantes de los chalés de lujo en A Coruña: «Esto es un drama familiar, no es agradable ser okupa»

La Xunta y una onegé logran que una mujer, con sus cuatro niños, deje un chalé ocupado y vaya a un centro. Él sigue en la vivienda


a coruña / Vigo

Una de las familias okupas de A Zapateira en A Coruña se ha separado. La mujer y sus hijos de 18 meses, 4, 6 y 10 años han aceptado la ayuda prestada por la Xunta, a través de la oenegé Remar, y se fueron ayer por la mañana del chalé de lujo en el que habitan hace cuatro meses frente al colegio Andaina. Manuel, el padre de los pequeños de 38 años, sigue allí y resume la situación como «un drama familiar». «Somos de aquí, de A Coruña, llevamos toda la vida en un piso en la Sagrada Familia, nos echaron y no encontramos más alquiler que el bajo de un bar. Por no estar en la calle nos metimos allí, pero no era un sitio apropiado», recuerda Manuel. El cierre de la empresa para la que trabajaba, asegura, precipitó la actual situación. «No es agradable meterte en una casa de okupa, pero antes de estar en la calle... No voy dejar que mis hijos duerman en cartones, ellos no tienen que notar esas cosas», apostilla tras la marcha del resto de la familia.

Su mujer, de la que no quiere decir ni el nombre para proteger a los pequeños, se ha ido tres meses a un centro para madres solteras con niños. Esperan después lograr un alojamiento que permita su reagrupación. Desde Política Social indican que llevan un año haciendo el seguimiento a la familia y que la decisión del traslado fue previa a la ocupación.

«Por el momento han roto la unidad familiar, nunca habíamos estado separados», dice Manuel, que achaca a la publicidad de la ocupación de chalés de lujo en este barrio residencial de A Coruña que se precipitase esa solución. «Somos una familia muy normal, los niños siempre han estado escolarizados, nosotros tenemos estudios e incluso yo hice un preacceso a la universidad, pero no pude terminarlo por falta de ingresos», explica, reconociendo que su deseo era estudiar Económicas y ser broker, especialista en bolsa. La vida, explica, le llevó por otros derroteros.

Fue comercial para distintas firmas, pero hace un año se quedó sin trabajo. Ahora dice que continuará en el chalé hasta que encuentre una alternativa, pero cree que los prejuicios por ser gitano limitan sus opciones: «No es nada agradable, esto es muy duro». Insiste en que solo necesita ayuda.

No permite acceder a la vivienda, pero asegura que «está en perfectas condiciones, no está ni abandonada, ni sucia», afirma. También deja claro que no sabe quiénes son los okupas que viven en otro chalé de lujo en las proximidades, y que se les vinculó con su familia: «No tenemos ninguna relación, bastante tengo con mi vida, como para preocuparme del resto».

Una sanitaria de Vigo sigue con su piso de Alicante ocupado desde hace casi un año

El matrimonio residente en Vigo formado por la sanitaria Pilar, de 54 años, y Enrique, de 50, viven una «pesadilla» porque un clan de diez okupas lleva 11 meses viviendo de forma ilegal en el piso de 140 metros cuadrados que la pareja compró en el centro de Alicante, donde vivieron quince años, y que ahora que pasan dificultades económicas no pueden vender. El Juzgado de Primera Instancia número 2 de Alicante dictó la ejecución del desahucio por precario para el 13 de marzo, pero dos días antes se paralizó el desalojo porque un ocupante solicitó un abogado de oficio porque en la casa había un menor.

Al día siguiente, entró en vigor el estado de alarma y los intrusos pasaron dos meses confinados en el piso del matrimonio. «Estuvieron confinados en nuestra casa y estoy seguro de que a las ocho salían al balcón a aplaudir a mi esposa, que es sanitaria. Mientras tanto, vivimos de alquiler, gastamos nuestros ahorros en abogados y yo llevo cinco años en el paro», dice Enrique.

La pareja se indignó al ver las trabas legales para echar a los intrusos de su propiedad y creó la cuenta en Twitter que bautizaron como #intrusosenmibalcon.

Él, ourensano, y ella, vallisoletana, se conocieron en la Universidad estudiando Filología Inglesa e Hispánica, respectivamente. Se fueron de jóvenes con sus familias a Alicante. Ella se decantó por la Sanidad y logró trabajo en un hospital de Vigo. Hace cuatro años dejaron libre su piso de la costa mediterránea para mudarse a Galicia. El piso no lo alquilaron porque lo reservaron para sus vacaciones, como seguro ante adversidades y para la jubilación. Hace un año colgaron un cartel de venta porque necesitaban ingresos y, entonces, se colaron por la ventana dos intrusos argelinos, que cambiaron la cerradura. Engancharon la luz, se conectaron a la tubería general y se quedaron allí.

La pareja de Vigo se enteró de la ocupación porque el administrador de fincas les avisó del ruido en su piso y de inundaciones. «Fuimos a la policía y no podían hacer nada. No podemos ir allí porque nos pueden denunciar por acoso. Tardamos un año en tener la orden judicial de desalojo. Nunca me imaginé que esto fuese así. Están con tus cosas pero lo primero son ellos, la ley les permite estar en nuestro domicilio. Vivimos una montaña rusa, un día estamos hundidos y al otro queremos hacer algo», añade. «Allí hay mafias, primero ocuparon las chabolas y ahora ya están en el centro», dice Enrique.

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