El crecimiento de las ciudades gallegas en el último siglo en gráficos interactivos

manuel varela / laura placer REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

La fecha de construcción de cada edificio registrada en el Catastro permite situar en el mapa hacia dónde se han expandido las urbes hasta la actualidad

14 jun 2021 . Actualizado a las 16:50 h.

Hace setenta años, alrededor de las losetas de granito que vertebran el casco histórico de Santiago apenas había un puñado de casas. Lo mismo fuera de la muralla de Lugo o al norte del ensanche modernista del barrio ferrolano de A Magdalena. La información contenida en el Catastro permite observar el crecimiento de las siete grandes ciudades gallegas a partir de la fecha de construcción de cada edificio, dibujando unos mapas que reflejan con detalle la expansión urbanística de cada una. La Voz analiza los más de 143.000 inmuebles registrados en todas ellas, desde parcelas anotadas en el siglo IX a bloques de urbanizaciones levantados este mismo año.

Entre los más antiguos está la propia Catedral de Santiago, fechada en el Catastro en el año 1.000 y con una superficie de 36.406 metros cuadrados. En el extremo opuesto aparece un edificio residencial que acaba de ser terminado frente a la Alameda de Ourense, el primero en emplear tecnologías de eficiencia energética en la ciudad. A pesar del crecimiento de ambas urbes durante el siglo XX, existen más de 5.700 edificaciones anotadas en el Catastro antes de 1950, casi el 30 % del total. Pero es a partir de esa década, especialmente con el desarrollismo que arranca en los sesenta, cuando las ciudades inician una expansión sin precedentes.

Nuevos barrios

«Entre los cincuenta y setenta hubo un cambio en la economía, con menor dependencia de la agricultura, que supuso una migración masiva del campo a la ciudad», explica Elena Ampudia, decana del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia. En todas las ciudades empiezan a levantarse barrios que comparten un perfil común: calles estrechas, edificios de varias alturas y gran densidad de población.

«Ese éxodo rural é o principal fenómeno que o explica. É tan numeroso e concentrado que fai demandar necesidade de construír moito en pouco tempo e pouco espazo», apunta la socióloga Antía Pérez Caramés, experta en demografía y profesora en la Universidade da Coruña. En esta ciudad nacen los barrios del Agra do Orzán, el barrio con más vecinos por kilómetro cuadrado de Galicia, Os Mallos o Monte Alto. En Lugo se crea A Milagrosa y, en Santiago, se van asentando los primeros bloques del Ensanche.

Añade Pérez que esa urgencia por dar cabida a los nuevos residentes llegados de zonas rurales supone construcciones con materiales de bajo coste que «incide na calidade de vida». Para Ampudia, los pisos «respondían a los requisitos mínimos de la época», si bien había otras construcciones en ese momento de «mayor calidad». «De ahí la necesidad de actualizar hoy esas viviendas, desde el punto de vista energético o por mantenimiento», añade la decana de los arquitectos gallegos.

Industria en la periferia

El desarrollismo introduce también nuevos polos industriales alrededor de las ciudades. En A Coruña se sitúan la refinería y la planta de Aluminio de Galicia, actual Alu Ibérica; Vigo recibe la fábrica de Citroën —actual Stellantis Vigo—; a Pontevedra llega Ence; y, a Santiago, la planta de Finsa. Además, Coren inaugura en Ourense sus primeras naves en el polígono de San Cibrao, que había puesto en marcha la caja de ahorros provincial en 1965.

En los setenta se mantiene esa expansión industrial, con los polígonos de A Grela y Pocomaco, en A Coruña, O Ceao en Lugo y O Tambre en Santiago. También residencial, con el Ensanche y el Campus Sur en Compostela o Elviña en A Coruña. Vigo extiende sus casco urbano hacia Samil, levantando edificios en la zona de Balaídos, Coia y por todo el litoral hasta Coruxo. En Ferrol se desarrollaron nuevos ensanches, como los de Ultramar y Caranza, y en Ourense, los de A Carballeira y Camelias. También en Pontevedra, donde en los setenta se inician las urbanizaciones de Campolongo y Monte Porreiro, que tuvieron continuidad en los ochenta, la década con mayor actividad urbanística en la ciudad.

En los años noventa hay un nuevo bum inmobiliario, aunque muy diferente al vivido cuarenta años atrás con la llegada masiva de gallegos procedentes del campo. «Muchas son segundas viviendas, y están relacionadas con el estatus del país, la bonanza económica que estábamos viviendo en ese momento», argumenta Elena Ampudia.