En casa de la nueva «condesa» de champán

Con el inicio del 2020 Vitalie Taittinger se convertirá en la presidenta de esta firma de champán con sede en Reims, una ciudad situada a poco más de una hora de París y que vive de y por los espumosos más famosos del mundo


En Reims hay dos cosas que no se pueden dejar de hacer: visitar la catedral y beber champán. Incluso en la famosa construcción religiosa, que fue muy dañada en la I y II Guerra Mundial, hay una imponente vidriera en la que están tallados todos los oficios que intervienen en el proceso de elaboración de estos vinos. Todo en Reims gira en torno al champán.

Una ciudad situada a poco más de una hora del aeropuerto Charles de Gaulle y con una población en torno a los 200.000 habitantes. Aquí la burbuja no estalla. En buses que llevan serigrafiado Capitale Champagne miles de turistas visitan instalaciones como las de la empresa que dentro de unos días empezará a presidir Vitalie Taittinger, que toma el relevo de su padre. La marca que comercializa uno de los espumosos más famosos del mundo, el blanc de blanc Comtes de Champagne, puede decirse que lo lidera ahora una condesa.

La cava y la marqueterie

En el exterior de las cavas ubicadas en el propio Reims izan cada día las banderas de los países de procedencia de los visitantes. Merece la pena sumergirse en los vestigios de la abadía Saint-Nicaise que datan del siglo XIII y están situados a 18 metros de profundidad. Los precios del recorrido varía de los 21 a los 60 euros según el programa. Cada hora son capaces de girar 6.000 botellas de las miles que esperan su momento de óptimo consumo. La nueva condesa de champán nos recibe en otra de las propiedades de la familia, La Marqueterie, donde se elabora el Folies, su primer vino de finca. En Reims descubres que los champanes caros no dan dolor de cabeza. 

Conocer un vino con los ojos cerrados

m. alfonso

Un equipo de A Coruña gana el campeonato de cata de Castes, la feria del vino independiente que ayer congregó en Vilagarcía a 68 bodegas y numeroso público

La plaza de abastos de Vilagarcía se convirtió ayer en un lugar de paso obligado para los amantes del vino, sobre todo, los del vino de autor. Los puestos de venta se convirtieron en improvisadas mesas de degustación en los que uno tenía el lujo de poder probar las últimas elaboraciones de afamadas bodegas gallegas, al tiempo que charlaba con las personas responsables de su elaboración. Pero antes de que la feria abriera sus puertas al público en general, la organización quiso poner a prueba a catadores y sumilleres. 22 equipos trataron de identificar, usando solo los sentidos, ocho vinos de todo el mundo.

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