O Eirado das Margaridas: una casa grande del siglo XIX que apuesta por el producto de proximidad

Antes de que existiera la moda del kilómetro cero, esta casa apostaba por una filosofía de negocio que prioriza los productos de la zona


Pontevedra

Cuando su madre adquirió una casa rural del siglo XIX en Paradela, Poio, lo hizo con la intención de que fuera el hogar de Marga González. «Desde el primer momento no la vi como vivienda, la vi como restaurante. Estudié dirección de empresas hosteleras en Santiago, estaba trabajando en hoteles y se me ocurrió transformar la casa en este restaurante. Estaba un poco harta de viajar y me monté O Eirado das Margadiras», local cuyo nombre hace referencia a la huerta que en origen tenía el inmueble y a la propia Marga. 

 De esto hace ya trece años. Desde entonces O Eirado das Margaridas apuesta por el producto local y de proximidad. «Ahora está de moda lo del kilómetro cero, que es algo que llevamos haciendo desde el principio. Esto es una casa de comidas con el producto de la zona, no hay más», remarca, al tiempo que reconoce que, eso sí, han gestado una evolución: «Empezamos con una idea hasta que me di cuenta que el cliente demandaba otra cosa; luego comprendí que la idea que demandaba el cliente no me hacia feliz, rehíce la oferta gastronómica… Y así, poquito a poco, fuimos adaptándonos a lo que pide el cliente, pero que nos haga felices».

Es por ello que no duda en destacar que se trata de «un proyecto muy personal en el que, menos una persona que lleva dos años, estamos los mismos desde que abrimos. Es un proyecto muy vivo, muy dinámico». Es algo que se percibe en la propio carta, en la que se combinan los platos estrella que llevan desde los comienzos con otros que se van alternado, al tiempo que se juega, y mucho, con la sugerencia del día.

 Entre los imperdibles se encuentran la brocheta de rape, el bacalao a la plancha, la empanada de maíz de zamburiñas, el variado de croquetas caseras, el pollo pamepero, que es una receta familiar de Marga González… «Son platos que hagamos lo que hagamos tienen que estar en la carta», incide. Y todo rodeado de un entorno privilegiado con vistas, ya no solo a Combarro y, por extensión a la ría de Pontevedra, sino también al monte Castrove. «Estamos en una aldea detrás del monte de A Caeira. Parece mentira que solo nos separen cuatro kilómetros de Pontevedra y estemos rodeados de fincas», señala. Y aprovecha para resaltar la paz y el sosiego que se respira, en gran medida, por el amplio jardín de que dispone O Eirado das Margaridas. «Es ideal para desconectar».

Adentrarse en O Eirado das Margaridas es hacerlo en una casa grande de antaño donde la decoración, hasta cierto punto minimalista, resalta la belleza de la piedra, y donde las diferentes dependencias se han trasformado en comedor. No es de extrañar que atraiga tanto a los que buscan algo diferente, pero también a aquellos que desean disfrutar de una comida en familia.

La propuesta de Marga González resiste en unos momentos críticos para el sector debido a la pandemia del coronavirus, por lo que no duda en agradecer «a toda la gente que está viniendo a comer. Desde que volvimos del confinamiento, la gente se está portando estupendamente».

  • Precio medio: 30-35 euros

La Viuda: 75 años de tradición y una pizca de vanguardia

María Doallo

Este restaurante familiar abrió en Trives (Ourense) en 1946. Desde entonces está a diario repleto de vecinos y turistas que adoran, sobre todo, sus callos y zamburiñas

En mitad del macizo central ourensano está Trives. Rodeado de montañas, ríos y salpicado de construcciones románicas, el municipio es una de las muchas opciones que plantea la provincia de Ourense para desconectar y rodearse de naturaleza viva. Y, por supuesto, también para disfrutar de una jornada gastronómica. Porque en Trives está La Viuda. En este restaurante familiar, que abrió sus puertas en 1946, llevan casi 75 años cocinando para los vecinos y turistas que llenan sus mesas prácticamente a diario. «A miña avoa comezou cunha pequena cafetería e dende aí a cousa foi evolucionando ata o que somos hoxe», explica Anxo Fernández, propietario del local junto a su hermana María. Su abuela se quedó viuda muy joven y aunque el primer establecimiento que abrió se llamaba El Rincón, en el pueblo, cuando iban a tomar café a su bar, iban «onde a viuda», así que el nombre se lo dieron los vecinos.

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