Lucescu, segundas partes son buenas

Manuel García Reigosa
M. G. REIGOSA REDACCIÓN / LA VOZ

GRADA DE RÍO

XOÁN CARLOS GIL

El entrenador rumano, de vuelta tras su paso por el Al Hilal, siempre ha sacado buenos resultados en el PAOK, rival del Celta este jueves, con un fútbol pragmático y ordenado

02 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Reza el refrán que segundas partes nunca fueron buenas. Pero siempre hay excepciones y una es la que protagoniza Razvan Lucescu en el banquillo del PAOK -rival del Celta en Balaídos este jueves-, hasta el punto de que se podría decir que club y técnico parecen hechos el uno para el otro. Lo que sí se le puede aplicar al entrenador rumano es aquello de que de casta la viene al galgo. Es hijo de Mircea Lucescu, actual seleccionador rumano y uno de los históricos del fútbol de su país que, curiosamente, también está en su segunda etapa al frente del combinado nacional.

Razvan Lucescu cogió las riendas del PAOK en el curso 2017/2018 y alcanzó el subcampeonato de Liga. Al año siguiente, logró el título, con un extraordinario balance de 26 partidos ganados, cuatro empatados y ninguna derrota.

Los éxitos en el fútbol heleno le abrieron las puertas millonarias del Al Hilal, en Arabia. Ganó la AFC Champions League y la Liga. Pero acabó regresando al PAOK, donde parece tener su hábitat natural y donde es venerado por la afición, a mediados de febrero del 2021, a tiempo para firmar otro subcampeonato. Al año siguiente, acabó cuarto. En la temporada 2023/2024 volvió a conquistar el título y la pasada campaña fue el conjunto de Salónica acabó tercero.

El PAOK llega a Balaídos después de empatar en casa sin goles ante el Maccabi de Tel Aviv en el estreno continental, y con un balance de tres victorias y dos empates en la liga, que lo sitúan tercero, a dos puntos del Olympiacos y el AEK. Los tres son los únicos invictos.

Como quiera que los calendarios no dan tregua, cada vez más son frecuentes los cambios en los onces iniciales. Hasta cinco hizo Lucescu en el equipo que empezó el partido ante el Maccabi el miércoles de la semana pasada y el que empató a tres goles el domingo en el campo del Asteras. En la Liga no está variando tanto. Y queda por ver su apuesta para Balaídos.

El que no cambia es el portero Pavlenka, internacional checo, que recaló en Grecia tras siete temporadas en el Werder Bremen. Gobierna el área desde su 1,96 de estatura, un candado debajo de los palos. El central polaco Kedziora es otro de los fijos para Lucescu, un jugador sobrio que suele formar tándem con el veterano internacional croata Lovren, de 36 años. La alternativa es Michailidis, que jugó la pasada jornada continental.

En los laterales el técnico se está decantando por el irlandés Kenny en la derecha, mientras que en la izquierda han jugado esta temporada Baba, Taylor y el español Joan Sastre. Otro de los fijos es el medio centro francés Meite, que las más de las veces forma pareja por delante de la línea de cobertura con Ozdoev. Es un doble pivote de mucho recorrido, en el que el galo se maneja más como ancla y el ruso como timón. Dos jugadores que abarcan mucho campo.

La estructura de ataque quizás sea la menos definida, si bien el esquema que más utiliza es el de jugar con un punta y una línea de tres por detrás. Arriba, el más utilizado es Giakoumakis, un rematador que tiene el fútbol aéreo entre sus fuertes. Destaca por su movilidad y es más de recibir y chutar o apoyarse rápido en algún compañero que de controlar y buscar la acción individual.

En las alas, cuando lo que busca es la velocidad, Zivkovic y Despodov son los elegidos, con Ivanusec por detrás del punta. Es esta una línea con mucha movilidad, con futbolistas que no dudan en acelerar en cuanto reciben el balón. Konstantelias, en la línea de tres, y Chalov son alternativas con muchas opciones.

Lo que caracteriza a Razvan Lucescu es su apuesta por un fútbol pragmático y sencillo, adaptado a las cualidades de sus jugadores y siempre incómodo para los rivales. La receta: orden y velocidad.