El argentino, ahora en el Alavés, fue jugador del Celta entre enero y junio del 2018, con poca participación
19 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Lucas Boyé tiene un sitio fijo en la lista de los fichajes del Celta en la última década que resultaron ser un fiasco durante su etapa en Vigo. Pero, a diferencia con la gran mayoría, en su caso, sí ha dado buen rendimiento en otros equipos y se ha labrado una carrera en la máxima categoría del fútbol español. El cuadro vigués fue su primera incursión en España, pero no en Europa, sino que llegaba desde el Torino, club que lo cedió al Celta en enero del 2018. En aquel semestre intervino en doce partidos, solo dos como titular y no llegó a ver portería ni logró dejar buenas sensaciones.
Pero dos años más tarde, regresó para jugar en el Elche y la actual es su sexta temporada en Primera, aunque sufrió un descenso con cada uno de sus anteriores clubes: el conjunto ilicitano y el Granada. Ya suma 29 goles en Primera, pero nunca ha batido al Celta hasta ahora, su reto para el encuentro de este sábado. En ocasiones anteriores, eso sí, ya comentó que no tenía ningunas ansias de venganza ante el equipo vigués, más allá de querer siempre que gane su equipo. Hasta ahora, se enfrentó cinco veces a los vigueses con el Elche (una victoria, un empate y dos derrotas) y dos con los nazaríes (ambas, derrotas).
En el Alavés, al que concedió una entrevista esta semana, se siente «muy bien, importante». «Cada vez que llego a un club nuevo, trato de sumar. El grupo es muy sano y hay una competitividad importante. Competimos en todos los campos, siempre estamos con posibilidades de sumar en todos los partidos y eso es una buena señal», señala. También se refería al buen ambiente de Mendizorrotza y valora cómo la afición premia le esfuerzo de sus jugadores.
Confiesa cómo en el inicio de su carrera, cuando empezó a ser conocido, a verse expuesto y a soportar la presión, lo llevó mal -ya contó en su día que tenía más de 10.000 personas bloqueadas-, pero fue aprendiendo a convivir con ello a base de tropiezos. «Hoy estoy mucho más estable y disfruto mucho de lo que hago, que me encanta, que es jugar al fútbol», cuenta. Dice de sí mismo que tiene el «gen competitivo de los argentinos», que hace que las derrotas o su propio mal rendimiento «pesen mucho».